Un espectro embruja al mundo

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La alarmante alza en la ultraderecha en el último lustro lleva a la reflexión sobre su origen y cómo hacerle frente a un movimiento que se alimenta de los miedos e inquitudes de todo ser humano.

Alejandro Navarro (LLE)

El fantasma del ultranacionalismo ha regresado a colocarse sobre el mundo, y casi nadie se ha dado cuenta que el mismo tipo de motivaciones de hace casi cien años en Alemania ha vuelto, más virulento y doloso. Es fácil nombrar líderes empujados al poder por estas agendas: gente como Trump, Le Pen y Farage que son solo la espuma que llega antes de la ola del tsunami. Oportunistas, más que mentes maestras; pero su mera aparición ya abre la puerta a aquellos que antes estaban vedados.

¿De dónde salieron estas motivaciones? ¿Qué causó que un espectro presuntamente muerto hace tres generaciones reviva? En ausencia de la amenaza roja, en un mundo donde el peligro más grande a la integridad nacional es el terrorismo aislado de ciertos grupos antes que la oposición de otro superpoder, ¿qué causa que una persona espose el discurso de odio en contra de personas en que poco antes ni siquiera reparaba?

Tráfico a diferentes sitios web políticos en Francia en febrero del 2017 (Fuente: BBC)

El primer motivador mencionado casi siempre es el económico. El pobre desempeño económico de la última década pende sobre la nuca de toda la clase media y baja. Solo se necesita un pequeño empujón, una insinuación de que, tal vez, con menos gente podríamos tener más trabajos, un plan B en caso de que La Compañía fracase. Una boca menos que entre al país es una boca más con comida en la mesa. Estos trabajos en su tierra son para ustedes que la araron; aquellos pueden tener lo que sobra, pero de lejos porque si entran, comenzarán a faltar cosas, una por una.

Y así entra con pompa de victoria: nosotros les aseguraremos la tierra para sus hijos; nosotros les daremos lo que les falta. Esos pobres y necesitados serán atendidos por otro país, ustedes son nuestros ahora, nosotros los cuidaremos. Nótese que no me refiero a la ultraderecha, la nueva derecha, derecha alternativa o demás aliases que se pudieren imponer, ya que el ultranacionalismo no es una política económica: como bien lo hace notar más de un guerrero de teclado, los Nazis eran el partido Nacional Socialista Alemán, y esposaron políticas económicas de izquierda, como la oposición al corporativismo.

Esto es parte del mismo engaño, las pocas políticas de bienestar o “socialistas” que toman solo aplican a un segmento muy pequeño de la población. Incluso han llegado a tomar elementos del mismo discurso de la izquierda en su contra, como en el caso de Trump y su promesa de quitarle el poder a las élites. El ultranacionalismo es un movimiento que utiliza todo lo que puede en busca de ampliar su base de apoyo. Empero, sus fines no son económicos: son sociales. Buscan todo aquello que pueda separar a los muchos de los otros. Y no busca solo separarse del resto del mundo, también busca la subordinación de todo aquel que resulte otro. ¿Por qué? Porque el Otro sin cadena es un animal rabioso, peligroso en todas sus dimensiones.

El segundo punto nace de este miedo, el miedo al reemplazo. El eslogan de las ochenta y ocho palabras es la más clara muestra. Siempre se habla de defender a los bebés y a la cultura, de defender el modus vivendi. El ejemplo más claro lo da el miedo a la islamización y a los braceros mexicanos. El primero es una fuente fácil de apoyo, pues al ver esta cultura muy diferente, al manipular la imagen para ver los elementos más chocantes y peligrosos, resulta fácil gritar peligro y que todos vean un edificio en llamas. En el segundo hay una corriente mucho más perniciosa, pues incluso la labor mal reconocida que ayuda a sustentar a la nación debe ser controlada. Después de todo, era crimen ser esclavo libre, porque la libertad está reservada para Nosotros, no el Otro.

Este discurso se alimenta de la mayoría a través del miedo. Se atreven a pisar en territorio tabú, más allá de lo que nos permiten las reglas sociales y discursivas; y al ser los únicos en este pantano, se apoderan de él por completo. Carcomen la psique comunal a través de estos pequeños miedos que poco a poco se vuelven grandes, y es así como Golden Dawn se convierte en un partido importante en Grecia, así es como Brexit sucede. Lejos de interesarse por la nación, se interesan en mantener o crear estructuras de poder que niegan por completo la dignidad humana en favor del privilegio.

Porcentaje de votos a diferentes partidos de ultraderecha en Europa (Fuente: Washington Post)

Es importantísimo evitar caer en el mismo discurso ultranacionalista. Debemos entender que el hombre común no canta el Blut und Boden ni se tatúa 14/88 por odio innato al Otro. Lejos de eso, nace del instinto de supervivencia. Es la misma razón por la cual muchísima gente abstiene en casos como  el de las elecciones de EE.UU. o Francia; no se identifican con el discurso de odio de los líderes, pero ellos les hacen darse cuenta de las fallas de las demás opciones. No hay una plataforma estable a quien apoyar después de los destrozos de la ultraderecha.

¿Y a quién recurre el hombre que sí vota? Al partido que le da las respuestas; si bien son impropias, son respuestas, y lo mejor que podemos hacer para combatir a esta hidra es descubrir la raíz del miedo y quemarla: a través de la aceptación del otro, haciéndole saber a través de nuestras acciones y elecciones de igual modo a la oficinista, a la universitaria,  al granjero y al electricista que nunca dejarán de tener derecho a vivir de manera digna.

 

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