Martes, 18 de junio de 2019

Sócrates es mi héroe, 2da parte

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por Mauricio Alejandro Valdés Galván

Jamás he aspirado a la fama ni al poder. Dinero –fíjense en mis ropajes y mis escasas pertenencias- no tengo. No poseo la sabiduría divina ni predico ninguna fe. ¿A qué se debe entonces tanto odio, tanta difamación y tanta envidia, incluso mucho antes de este proceso? ¿Qué culpa trasciende de una existencia consagrada a la sabiduría humana?

Así es como Platón nos relata que Sócrates comenzó su argumento de defensa en el juicio donde lo sentencian a muerte. Qué tristeza. En más de 2400 años de la humanidad las cosas no han cambiado. Sócrates alentaba a las personas que fueran valientes y buscaran la verdad de cómo deberían de vivir, no de buscar dinero o posesiones. Sócrates trataba de convencer a las personas de la importancia del alma y de cómo ésta es la fuente de la vida, no a tener una vida efímera y carente de sentido. Sócrates desafió al poder político por obedecer lo que  las masas –esa gran bestia como él le llama- consideraban correcto o valioso, y el poder político lo sentenció a muerte.

Sus ideas suenan muy obvias –y en efecto lo son–, pero las personas siguen prefiriendo no escuchar y vivir una vida simple, simple como cualquier animal con un poco de inteligencia viviría. Come, duerme, copula, bebe, sigue al rebaño, obedece al líder común, no te salgas del orden establecido, preocúpate solo por tu supervivencia –incluso si tienes que pasar por encima de los demás–, encuentra placeres, ocúpate preocupándote por el hoy y no en el mañana, sigue tu instinto de tener y proteger a tus consanguíneos y, si no hay nada que hacer, no hagas nada.

En alguna ocasión me tocó escuchar a un amigo cercano hablar de Sócrates y referirse a sus acciones –en sus palabras- como “solo querer cagar el palo”. Si bien es cierto que hacía lo que hacía por tener un compromiso con Dios –uno totalmente ajeno a los acostumbrados por la masa–, sí sentía un compromiso con sus coetáneos. Y es aquí donde yo digo: Sócrates es mi héroe. Este lazo que sentía con las personas y con Dios jamás se rompió –incluso con su muerte–, esa vocación que tenía de mejorar la vida de los otros nunca la abandonó. Personalmente me siento muy identificado con él, yo también siento un compromiso con Dios y con las personas, uno que nunca abandonaré. Y los invito a que ustedes también, ya que si todos creyéramos en esto de otro mundo estaríamos hablando y mi columna no se llamaría “La esquina del patriota”, sino “La esquina del que no tiene nada mejor que hacer”.

A pesar de considerar a Sócrates mi héroe y de haberme curado de leucemia hace 14 años, sigo teniendo células rebeldes en mi cuerpo, las cuales cuestionan todo: mi existencia, mi sociedad, mi Dios e incluso mis héroes. Hay un punto muy importante en el cual difiero con Sócrates y es justamente de lo que se trataba la primera parte de esta columna: los reyes filósofos. A contrario de Sócrates –y muy consciente que las masas son el obstáculo a superar– yo sí creo que los reyes filósofos puedan existir –y no en Disney- sino en este lugar y en este tiempo.

Sócrates creía que el Estado ideal no existiría nunca, que jamás se pondría fin a los males que azotan a la humanidad y que el verdadero filósofo no podría ser más que un ejemplo. Yo les digo, dedicaré mi vida entera a probar que esto no es cierto, lo probaré con mi misma experiencia, llegaré a ser ese rey –ahora presidente– filósofo que mi país y el mundo necesita. No me jacto de tener sabiduría o protección divina, solo soy un tonto que nunca se rendirá y que –curiosamente– tiene un plan. A la fecha mi plan  son sólo semillas que pienso esparcir, por lo cual no les puedo pedir realmente nada justo ahora. Pero cuando sea el tiempo, necesitaré que dejen de ser masa.

¿Realmente Sócrates creía en que los filósofos jamás podrían ser reyes? Me hace pensar y preguntarme: ¿entonces por qué el afán de querer hacer reflexionar a viejos y jóvenes todos los días? A mí me parece que muy en el fondo Sócrates, el excéntrico, el amigo de los valores eternos y la nobleza del espíritu humano, un hombre en la flor de la vida; también creía en la posibilidad de que el verdadero filósofo llegara a ser rey. Y por lo tanto, Sócrates es mi héroe.

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