Sin reservas: Iannilli

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Samantha Alcocer (BIA) y fotografía por Rosa González (LMI)

Para la columna de hoy, quise llevarlos a un lugar con historia para mi y en el corazón de la historia de esta ciudad, Barrio Antiguo.

Verán, cuando tenía como unos 10-12 años, no sé, mi mamá me llevaba a Iannilli y pedíamos champiñones salteados con finas hierbas, pidan Funghi di Sierra Marinati por los buenos recuerdos.

Iannilli está ubicado atrás del Museo MARCO, conectado con otro restaurante que se llama Madre Oaxaca -si tienen ganas de mole, ahí está el de los mejores de la ciudad-.

Iannilli pasa desapercibido para quienes no ponen atención. Por fuera y adentro, las paredes son rústicas con la roca caliza natural característica de Barrio Antiguo. El restaurante está iluminado tenuemente con candelabros adornados por cuernos de venado. La mayor cantidad de luz entra por unas ventanas que dan a la terraza dónde hay plantas y está el horno de piedra para pan y pizza.

Terraza del establecimiento

Adentro hay mesas que cuelgan como columpios, otras son más tradicionales, de madera oscura que alternaban sillas y sillones para acompañar.

Ordenar fue difícil pues todo se leía bastante apetitoso, y el restaurante estaba lleno. Pedimos todo a la vez, Rosa pidió Spaghetti alla carbonara –salsa tradicional cremosa con crujiente tocino y hojuelas de queso parmesano- y yo Canelloni piacentini –Canelones rellenos de espinaca, pancetta crujiente y queso ricotta, en un espejo de salsa pomodoro, gratinados con queso mozarella y parmesano-. Para compartir decidimos pedir Melanzane filanti -que son lajas de berenjena capeadas, gratinadas con mozarella sobre una salsa de pimiento rostizado- y una pizza de Salsiccia italiana –Salchicha de la casa, tomate seco al sol, pepperoncini y hojuelas de parmesano- para compartir. Originalmente yo quería unos Ravioli fattoria pero no había. Decir que teníamos hambre es poco.

Lo bueno, fue que nos llevaron una foccacia recién hecha espolvoreada con hojitas de romero y con sabor a mantequilla pronto para saciar el hambre. Nuestros platillos llegaron en 10 minutos apróximadamente. Nuestras bebidas, solo después de preguntar por ellas.

Melanzane filanti

Quisiera poder decir solo cosas positivas. Melanzane filanti tenía una buena presentación, pero lamentablemente al probarlo, el sabor dominante no era la berenjena o la salsa, sino el capeado. Es decir, sabía solamente a huevo. Al abrir uno de los rollos no era posible ver la berenjena.

El spaghetti carbonara tenía un buen sabor, pero el sabor del tocino saló demasiado el platillo o simplemente colaboraba para un des balance de sal a percepción propia. El tocino estaba crocante.

En cuanto a mis canelones la salsa pomodoro era un buen contraste al relleno, que era mas espinaca que ricotta, no me quejo, estaban buenos, solo no sobresalientes o excelentes.

Canelloni piacentini

El único platillo que fue excelente fue la pizza. Recién hecha en un horno de piedra, usan la masa de la foccacia, por lo cual la pizza esta delgadita como me gusta. Tenia una cantidad razonable de salsa de tomate, el queso un poco tostado, con pedazos grandes de salchicha haciendo que los pedacitos de tomate secos resultarán la compañía perfecta.

Después de esos platillos: 1. Estábamos un poco decepcionadas, entonces ya no nos quedaron ganas de pedir un postre y 2. Estábamos satisfechas.

El precio por persona (un platillo mas bebida) oscila en los $250 pesos, entonces si esta un poco caro. Quiero pensar que hicimos una selección pobre de platillos o que fueron detalles del día de hoy. El ambiente del restaurante es suficiente para querer volver, es naturalmente romántico. Entonces, si buscas impresionar a alguien, este es el lugar, como recomendación, pidan los platillos mas tradicionales/sencillos de la cocina italiana para no errarle.

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