Miércoles, 19 de septiembre de 2018

Salud para todos: cómo prevenir los TCA y ayudar a quien lo padece

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Paulina López (MC) | 2 de mayo de 2018

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son enfermedades complejas que requieren de atención multidisciplinaria para poderse sobrellevar y que, entre más pronto se diagnostiquen y traten, será mejor el pronóstico de recuperación. Ahora bien, la mejor manera de tratar un TCA será su prevención, para evitar que este llegue a presentarse y causar un daño en la persona.

Hay distintos consejos que se pueden tomar con el objetivo de combatir los TCA, entre los cuales se incluye el no fomentar la idea incorrecta de que la flacura producirá felicidad y satisfacción y evitar el reconocer la delgadez como si fuera un ideal de modelo de belleza.

Asimismo, se recomienda que no se clasifique la comida como si fuese “buena” o “mala”, evitando así etiquetarlas y provocando que alguna de estas sea observada con repudio, como algo que debería de eliminarse. El cuerpo humano requiere de todos los grupos alimenticios, como proteínas, grasas, carbohidratos y vitaminas para poder llevar a cabo sus funciones diarias y tener un correcto funcionamiento a corto y largo plazo.

De igual forma, se sugiere que no hagan comentarios con el propósito de hacer burla con respecto a la apariencia física o peso de alguien, ya que esto podría conducir a insatisfacción corporal y desarrollo de conductas riesgosas relacionadas con la comida como ayunos prolongados, vómito autoinducido, semiinanición, ejercicio excesivo, entre otros.

Ahora bien, se incita a que las personas reconozcan la belleza que cada persona tiene siendo tal como es, y que su figura no determinará el éxito o felicidad que esta pueda alcanzar. Además, podría ser de ayuda el conocer acerca de las diferentes estructuras corporales que existen, al igual que el papel que la genética juega en la evolución del cuerpo, y las diferencias que existen entre el género y las distintas razas; todo esto con el objetivo de reconocer que uno poseerá una estructura corporal que no dependerá de lo que el individuo consuma o realice como ejercicio.

También se debe tomar en consideración que los medios de comunicación tienden a representar la delgadez como modelos de belleza necesarios para la alegría y triunfo de las personas, con la intención de desmentir estas propuestas y reconocer que en muchas ocasiones los cuerpos mostrados por los medios de comunicación son falsos, modificados para lucir “perfectos”, lo cual los vuelve deseables e inalcanzables –originando desagrado con el cuerpo–.

Por otro lado, será relevante el reconocer que las dietas pueden ser peligrosas, puesto que múltiples de estas pueden llegar a ser disfuncionales, ocasionando una preocupación elevada por la alimentación, irritabilidad y cansancio. Para tener un cuerpo saludable no es necesario llevar a cabo una dieta.

Igualmente, habrá que considerar la importancia que tiene el no limitarse ante la idea de que un tipo de ropa o ejercicio solo está diseñado para cierto tipo de cuerpo o talla.

El valor a las personas por su verdadero valor, sus sentimientos e inteligencia, favorecerá la convivencia amistosa, disminuyendo el valor que hemos ido atribuyendo a la apariencia.

Como padres, es importante el crear en los hijos una idea correcta de lo que es la belleza, al igual que proveerles de herramientas que puedan emplear para tener un razonamiento crítico, que les permita tener argumentos que los defiendan de la presión ejercida por la sociedad y del enaltecimiento de la apariencia por los medios de comunicación.

Además, hay que aceptar a los hijos tal cual son, haciéndoles reconocer –y reconociendo uno mismo– que cada cuerpo es distinto y la importancia de la salud. Asimismo, se les puede alentar a que realicen algún deporte o actividad del agrado del infante. De igual forma, uno debe tratar de ser modelo para sus hijos, realizando ejercicio por placer y salud, teniendo una alimentación balanceada, y aceptando el peso y la estructura física de uno.

En el sector educativo se debería de dar asesoramiento a los padres para que estos puedan reconocer las distintas necesidades nutricionales que cada individuo puede tener, dependiendo, por ejemplo, de su actividad y edad.

Ahora bien, se deberían de implementar cursos o pláticas que permitan reconocer la variabilidad de cuerpos que existen, al igual que los factores que influyen en estos. Además, será de gran importancia la concientización con respecto al engrandecimiento y excesiva importancia que se la ido atribuyendo a la apariencia física –desmeritando la belleza del intelectual y de los sentimientos– por medio de los medios de comunicación y entre la sociedad, reconociendo el impacto negativo que pueden tener como detonadores de las conductas de riesgo, que conducen a los trastornos de la conducta alimentaria e insatisfacción corporal.

Ninguna ofensa u hostigamiento intencionado a ofender o molestar con respecto al peso y apariencia debe ser aceptable.

Asimismo, los profesores deberían de estar capacitados para poder reconocer señales de riesgo en alumnos que pudiesen estar desarrollando un TCA, con el objetivo de brindarles apoyo y referirlos a alguna institución que pueda brindarles el tratamiento que requieren para su óptima recuperación.

Entre compañeros, la sana convivencia será fundamental, basada en el respeto y aceptación de las personas. Como estudiantes, se requerirá que no ejerza presión a otros con respecto a su apariencia, reconociendo que los TCA son reales y pueden llevar a un serio deterioro de la salud de las personas, que podrían llevar, incluso, a la muerte.

Abordando el tema desde otro punto de vista, en ocasiones, se conoce o sospecha que alguien pudiese padecer o desarrollar un TCA. Durante estas circunstancias, uno puede preguntarse qué debe de hacer o cómo puede hacerlo.

Primeramente deben reconocerse los signos o señales de alerta que pudiesen confirmar si el ser querido o conocido pudiese estar, en efecto, bajo el peligro que un TCA significa. Se pueden tomar en consideración algunas de las siguientes preguntas con el objetivo de contemplar si se está en lo correcto con la sospecha: ¿mi conocido se cuenta las calorías y grasas de todo lo que come?, ¿ha ganado o perdido peso de forma representativa?, ¿tiende a considerar la comida como “buena y mala”?, ¿revisa su peso con frecuencia?, ¿se muestra preocupado por su figura y peso?, ¿aparenta hacer ejercicio por obligación, el lugar de realizarlo por placer?, ¿elude las ocasiones en que pueda comer acompañada por otros?

En caso de responder afirmativamente a alguna de estas cuestiones, hay probabilidad de que la salud de tu conocido pueda estarse viendo afectada, tanto física como mentalmente. Es importante que se busque ayuda antes de que los signos y síntomas empeoren, al punto de que pueda ser demasiado tarde para el afectado.

El conocer más sobre los TCA y sus consecuencias facilitarán a que pueda presentar argumentos claros, de manera cariñosa, a su conocido para que este pueda darse cuenta del problema en el que está. Además, deben expresarse las preocupaciones que uno tiene por la persona dañada por el TCA, al igual que con personas de confianza que puedan brindarte apoyo ante esta situación; recordando también que el afectado requerirá de mucha comprensión y ayuda para poder llevar a cabo su tratamiento y recuperar su salud.

Es importante reconocer y aceptar que la recuperación del afectado es su responsabilidad, no la tuya. Asimismo, esta persona requiere de ayuda profesional que le ayude a recuperarse, los TCA no desaparecen por su cuenta.

Por otro lado, es probable que su conocido pueda mostrar irritación, molestia o negación a aceptar su condición, por lo que usted podrá requerir de ayuda para poder encaminarlo a que acepte un tratamiento y busque su bienestar y recuperación. Es importante recordar que los que padecen un TCA pueden no darse cuenta del deterioro que ha tenido su salud, al igual que el mal estado en que se encuentra su salud física y mental. Además, se debe reconocer –y no ignorar– que los TCA son enfermedades graves que requieren de atención y que ponen en peligro la vida y salud de quien lo padece.

 

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