Lunes, 10 de diciembre de 2018

Salud para todos: bulimia

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Paulina López (MC) | 14 de marzo de 2018.

Entre los trastornos de la conducta alimentaria se encuentran los relacionados con el consumo excesivo de comida (atracón) y sus posibles compensaciones: vómito autoinducido y consumo de laxantes. Estos comportamientos pueden tener graves consecuencias en la salud de la persona, poniendo su vida en riesgo.

La bulimia nerviosa está caracterizada por periodos en los que el afectado consume una gran cantidad de calorías durante un plazo de tiempo, en el cual, usualmente, alguien no ingeriría tal proporción. Estos comportamientos se conocen como atracones, en los cuales se engulle una alta cantidad de alimento y la persona parece no tener control de cuánto se consume ni de qué.

Asimismo, los atracones suelen estar acompañados por acciones compensativas ante la culpa que les genera a las personas con bulimia el haber ingerido una porción de calorías. Entre los comportamientos que se pueden destacar están: el vómito autoinducido, el consumo de laxantes y diuréticos y realización de ejercicio excesivo. Por otro lado, esta ingesta, a pesar de aparentar ser una respuesta ante un sentimiento de hambre, es causada como réplica ante ansiedad. Se estima que, internacionalmente, la bulimia nerviosa tiene una prevalencia de 1% a 1.5%.

De acuerdo con la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), las características con las que debe cumplir una persona para poder diagnosticarle bulimia son:  episodios de atracones, conductas compensatorias ante el atracón, realización de atracones y compensaciones al menos una vez a la semana por tres meses y percepción de uno mismo en función del peso y figura corporal.

Entre los signos y señales físicos que pueden detectarse en una persona que padece bulimia, con información de NEDA Feeding hope, se pueden mencionar:

  • Fluctuaciones en el peso de la persona; este puede subir o bajar fuera de un rango considerado normal.
  • Callos en los nudillos o dedos de las manos ocasionados por el contacto con el vómito.
  • Inflamación en la zona de la quijada –posiblemente por hinchazón de las glándulas parótidas–.
  • Problemas dentales, entre los cuales se puede destacar la erosión del esmalte dental, cavidades y sensibilidad en los dientes –todas estas pueden relacionarse con el contacto excesivo que los dientes tienen con el ácido estomacal ante el vómito autoinducido–.
  • Deshidratación y desbalance de electrolitos.

Ahora bien, complementando la información de la fuente anterior con la proporcionada por el libro Creo que tengo un trastorno alimenticio… cómo comenzar de nuevo, de la Dra. Eva Trujillo, algunos signos y señales conductuales y emocionales de la bulimia nervosa son:

  • Presencia de envoltorios de laxantes y diuréticos, reflejando que se han empleado.
  • Dirigirse al baño tras una comida, como reflejo de un comportamiento purgativo.
  • Desaparición de una gran cantidad de comida o presencia de envoltorios vacíos de alimento, consecuentes de un consumo de comida en tiempos cortos.
  • Episodios de atracones, en los cuales el afectado siente que no tiene capacidad para detenerse o falta de control.

Al igual que en la anorexia nerviosa, la bulimia puede tener consecuencias altamente nocivas para la salud, afectando los diferentes sistemas del cuerpo.

Una alteración riesgosa ocasionada por el vómito y el uso de laxantes es el desequilibrio de electrolitos. Este desbalance puede ser causante de alteraciones en el desempeño del corazón, debido a que el potasio suele agotarse o disminuir significativamente por el vómito y el empleo de laxantes.

Otro electrolito importante que puede verse alterado en cuanto a su cantidad requerida por el organismo es el sodio. Ante la pérdida del equilibro de los electrolitos, la persona puede presentar latidos irregulares, así como fallos cardíacos, que pueden causar la muerte (para más información de alteraciones específicas de los desórdenes alimenticios, puede visitar el hipervínculo anterior).

La presencia de la bulimia nerviosa puede ser difícil de detectar, puesto que, usualmente, a diferencia de la anorexia nerviosa, los afectados no presentan un cambio notorio en el peso o figura corporal que permita su reconocimiento fácilmente. Además, las actividades purgativas se realizan en secreto, lo cual impide su descubrimiento.

Este trastorno de la conducta alimentaria, como todos, requiere de una evaluación profunda que permita identificar el estado mental y físico en el que se encuentra el afectado. Asimismo, el tratamiento debe ser multidisciplinario, buscando conseguir el bienestar del paciente y atender y resolver los problemas ocasionados por la bulimia. Ahora bien, tal y como se destaca en la anorexia, la bulimia no es una decisión de la persona que la padece, sino una enfermedad multifactorial que puede afectar a cualquier persona, indiferente de su sexo, edad, cultura o situación económica.

 

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