Lunes, 10 de diciembre de 2018

Reducir los impuestos: ¿una propuesta viable para México?

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

¿Reducir los impuestos a la mitad consolidará la economía mexicana? Las fuerzas del mercado internacional y otros factores nos condicionan a tomar una decisión.

Fuente: Confidence Wealth Management

Por Francisco Antonio Cepeda Rosales (LRI) | 24 de abril de 2018

México se encuentra por debajo del promedio de los países de la OCDE en cuanto a recaudación fiscal. Las principales vías de recaudación en el país son los impuestos como el IVA, el ISR y el IEPS en ese orden, pero es importante mencionar que el porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) que trabaja en la informalidad se encuentra en niveles muy altos, llegando casi al 84% de la PEA, lo que nos condiciona a que la recaudación fiscal por el trabajo formal se disminuya y a que la cantidad de impuestos tenga que aumentar para la PEA formal.

Por otro lado, después de la crisis de 1982, el Consenso de Washington obligó a México y a otros países de América Latina a reacomodar sus gastos públicos y se impusieron reglas que orillaban a estos mercados a dejar el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, para así pasar al modelo neoliberal, todo para poder pagar la deuda que se arrastraba desde décadas anteriores. La adhesión a este consenso abrió la puerta a México para que en 1994 pudiera firmar, después de varias negociaciones, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el cual para México se basa principalmente en la importación y exportación de productos medios para que sean terminados en EEUU, lo que ocasiona que las grandes ganancias se queden allá.

Estas actividades se realizan principalmente en los estados de la franja fronteriza norte, siendo principalmente la producción de automóviles y la apertura de nuevos mercados como maquiladoras. Al comprender estos procesos, observamos que el modelo económico impuesto en 1989 –el cual no ha cambiado–, nos exige aumentar la recaudación fiscal en comparación a la actual para, al menos, poder solventar la deuda externa. No hay que olvidar que, lo que se recauda por el sector energético representa un porcentaje extremadamente bajo comparado con el resto de los ingresos públicos, por lo que no es una vía estable para el financiamiento público.

De acuerdo a las coyunturas actuales, se puede prever que EE. UU. luchará para que México no rompa con los resultados del Consenso de Washington y mantenga su disciplina fiscal, debido a que, reducir el IVA, así como los demás impuestos a la mitad, haría a los productos locales más competitivos, efecto negativo para la economía estadounidense. Aunado a esto, el porcentaje de PEA informal nos orilla a encontrar e impulsar otros mecanismos formales para la recaudación, ya que, al tener a la mayoría de la PEA trabajando en la informalidad –con todas las causas que esto conlleva–, no existe un derroche suficiente para financiar los gastos locales como educación, salud y programas sociales, a los que se va aproximadamente el 65% del gasto público, lo que orilla a la PEA formal a cargar con el peso de la recaudación del resto del país.

En lugar de proponer bajar los impuestos, los candidatos deberían proponer una nueva visión del modelo económico de industrialización por sustitución de importaciones que permita terminar algunos debates nacionales, consolide la industria mexicana y la identidad económica nacional, incentive la recaudación fiscal y encuentre mejores y nuevas alternativas para obtener beneficios. Quizá será difícil lograrlo ante los ojos de un mercado internacional con intereses globales que condicionan nuestra manera de actuar y tomar decisiones, pero es necesario para salvar los rubros de educación y salud –principalmente– y para evitar un posible colapso en un mediano plazo.

 

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