Viernes, 16 de noviembre de 2018

Redescubriendo: Nuestra cultura y el tiempo

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Redescubriendo la cotidianidad mexicana

Nuestra cultura y el tiempo

Por Aleida Ortiz (IFI) | 1 de noviembre de 2018

El tiempo es una de las cuestiones que creo más rigen nuestra vida, tanto en el sentido pragmático del día a día como respecto a nuestra existencia. Si nuestra vida es valiosa, es porque el tiempo que en ella tenemos es limitado. Al inmortal nada le importaría, justamente como se expresa en el cuento El Inmortal de escritor argentino Jorge Luis Borges. En este cuento se nos narra la historia de un hombre inmortal que ha entendido que en una existencia infinita se experimentan todos los males y bienes que han de ser vividos, quitándole significado a cualquier suceso, pues todo está destinado a ocurrir eventualmente.

Sin embargo, al no ser inmortales, tenemos que lidiar con la cuestión de qué hacer con nuestro tiempo. Nuestra vida es apenas una pequeña fracción de lo que es el universo; es, me atrevería a decir, más pequeña que un grano de arena en la playa, pero eso no le quita su belleza y la importancia de analizarla a detalle.

Me parece muy curioso cómo – al menos en mi percepción– la cultura mexicana tiende a querer ganarle al tiempo; quizás más que ganarle, burlarlo. Es común el uso de expresiones tales como “al ratito”, “ahorita lo hago”, denotando momentos que pueden significar desde los próximos 30 segundos hasta el infinito de la existencia. También se nos acusa a los latinos de ser impuntuales en comparación con otras culturas, ya sea por llegar tarde o por tardar demasiado en irse. ¿Es acaso que estamos enemistados con el tiempo? ¿Es una forma de revelar que no queremos apegarnos a las convenciones del reloj? Desconozco las razones antropológicas de esta costumbre, pero sí siento que es un tema que merece algo de exploración.

Quizás la batalla no es tanto contra el tiempo sino contra la muerte, dos elementos que forman un pareja aterradora e inevitable pero bella a la vez. Si el tiempo nos sirve para algo, al menos a un nivel existencial, es para medir los instantes antes de nuestra muerte. Pudiéramos incluso decir que la edad es tan sólo un número que se introduce en nuestra fórmula de porcentaje de muerte, que va creciendo con cada año. Es probable que nos aterre la finitud de nuestra existencia y por eso pretendemos usar el tiempo como un recurso infinito.

En cuestiones un poco más allá del día a día, siento que nuestra concepción del tiempo afecta la productividad y el ritmo de la vida que llevamos. La procrastinación suele darse más cuando se piensa que el tiempo es sobrante, cuando no se valora cada uno de los segundos que se tienen en la mano. Por otro lado, en muchos trabajos es común pensar que quien está más tiempo en la oficina es quien más trabaja. Pero malgastar el tiempo no es algo positivo a largo plazo, y puede que al final nos quite más de lo que nos da.

Recuerdo una vez haber escuchado el comentario de una compañera sobre la preferencia del uso de servicios Uber frente al transporte público, argumentando que más allá de la seguridad o la comodidad, el tiempo de traslado suele ser mucho menor y “su tiempo vale más”. Esto me ha dejado pensando en el papel que puede ser la clase social en el uso del tiempo. Muchas personas tienen la opción de ahorrar tiempo tomando un taxi, comprando comida preparada, haciendo consultas desde el internet del celular. Pero la gente que no tiene estas comodidades inevitablemente tendrá que usar más parte de su tiempo buscando ganar dinero y transportándose para lograrlo, sin dejar tiempo para contemplar ideas o cultivar pasiones.

Finalmente, quisiera invitarlos a pensar en cómo usan su tiempo, y el valor que tiene. Cada minuto, día, mes y año que pasa es una experiencia irrecuperable, creo que es positivo intentar darle más significado. No me refiero a usarlo sólo para trabajar, sino también para disfrutar a los amigos y familia, para darnos tiempo para nosotros mismos, y no dejarnos llevar por el mundo de la pérdida de tiempo en internet o por la cultura ajetreada donde el recurso más valioso se da por sentado.

 

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