Martes, 18 de junio de 2019

Redescubriendo la cotidianidad mexicana: la muerte

0

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Aleida Ortiz (IFI) | 20 de septiembre de 2018

Desde hace algunos meses estoy viviendo en Arabia Saudita como parte de una estancia de investigación, y las experiencias e intercambio de ideas que ahí he presenciado me han dado mucho en qué pensar. La universidad donde me encuentro es un ápice de conocimiento en el medio del desierto, y ahí, en medio de la nada, hay personas de múltiples nacionalidades y trasfondos. La presente es una reflexión alrededor de cómo otros países ven algo que los mexicanos vemos tan familiar, pero a la vez tan lejano: la muerte.

Me encontraba sentada comiendo con dos compañeros, también mexicanos (buscando siempre lo conocido), una árabe y un ruso-coreano, y entre todos intercambiábamos datos curiosos de nuestros países de procedencia. En eso, mi compañera árabe mencionó que el día anterior había visto la película de Disney, Coco, la cual, cabe mencionar, es aclamada por diversos extranjeros que he me he topado. Después de verla tuvo la duda de si realmente los mexicanos teníamos un día dedicado a quienes ya no están en este mundo.

Los tres mexicanos comenzamos a comentar cómo es que desde nuestra experiencia vivíamos ese día. Dos de nosotros, siendo del norte, comentamos que, aunque nuestras familias no acostumbraban a hacer altar en la casa, sí era común que viéramos altares en las escuelas, con dedicación -generalmente- a artistas o cantantes famosos mexicanos. Nuestro otro compañero mexicano era de Oaxaca, y nos compartió que en sus tierras se acostumbra a hacer un gran ritual ese día, y que inclusive algunas comunidades sacan los cuerpos de los difuntos y limpian sus huesos. También añadió que en dichos pueblos era normal que se velara a una persona hasta por una semana.

Por el otro lado, nuestra compañera saudí compartió que en Arabia Saudita los velorios duran 3 días. Un aspecto muy diferente al de la cultura mexicana, es que en Arabia al difunto se le prepara como si de una gran fiesta se tratase, es decir que se les baña, viste y maquilla acorde a un gran evento. Asimismo, se le envuelve en una especie de cinta blanca (similar al de las momias), dejando ver únicamente su rostro, o, si fuera una mujer usaría un velo sobre la cara, así que también se le cubría y sólo se podía alcanzar a ver sus ojos. Cabe mencionar que todo esto lo tienen que realizar los familiares; a mi compañera le pareció muy extraño que en México paguemos para que alguien más prepare el cuerpo. Nuestro compañero ruso añadió que en Rusia no hay una tendencia, y depende de cada familia si preparan el cuerpo ellos mismos o pagan por lo que hagan.

Un aspecto que me llamó muchísimo la atención y surgió en la conversación es el contraste entre los cementerios mexicanos y árabes, no sólo en su presentación visual sino en su significado. En los cementerios de Arabia, las tumbas no tienen nombre; encima de cada enterrado hay únicamente una roca gris sin ningún escrito, sin importar el nivel socioeconómico ni la fama de la persona. Esto se hace con la intención de dar el mensaje de que no importa la riqueza que pudieras tener en vida, ante los ojos de la muerte todos somos iguales, y que por tanto el único legado son las buenas acciones en vida.

Esto me dejó pensando cómo en México la identidad no se pierde al morir, pudiendo mencionar desde ejemplos tan sencillos como lápidas con colores u objetos que le gustaban a la persona durante su vida, o yendo a unos más exóticos como las construcciones arquitectónicas sobre algunas tumbas (generalmente personas de dinero). De una u otra manera, en México -sobre todo en las sociedades más económicamente afluentes-, el proceso de morir puede ser como el de comprar una casa; importa muchísimo la ubicación y el tipo de construcción, porque aún en la muerte se encuentra la manera de exponer el estatus económico y mantener cierto clasismo.

Otra aportación hecha por mi compañera saudí es que en los cementerios de Arabia las mujeres están vetadas de los cementerios. Esto bajo el estereotipo de que las mujeres lloran mucho y que eso se interpreta como un desafío a los designios divinos, lo que podría molestar a la muerte, quien castigaría evitando que el espíritu del difunto encuentre su camino. Mi compañero ruso, por el otro lado, mencionó que en Rusia es común cercar ligeramente las tumbas, ya que se considera irrespetuoso caminar encima de estas.

Finalmente, entre la lista de diferencias se encuentra que mientras en México morir es caro y que en el sector pobre es común tener que ahorrar arduamente para poder cubrir los servicios funerarios básicos, tanto en Arabia como en Rusia el gobierno proveía un sepulcro digno a quienes no podían costearlo. Es curioso cómo en la sociedad contemporánea mexicana pudiera parecer que la muerte es excelente negocio.

Estos intercambios me hicieron pensar sobre cuál es el significado y trato que en México le damos a la pérdida de un ser cercano. Definitivamente logré ver que en México la clase económica permanece hasta en el día de tu muerte, que de una u otra manera la sociedad encuentra la manera demostrar su estrato, aún ya no estando presente y cómo esto se asemeja a los bienes raíces.

Pero nuestra sociedad también cuenta con valores positivos en este tema, como la constante visita y memoria que se hace a los muertos. Considero que los mexicanos -independientemente de sus creencias- encontramos en la muerte de un ser querido un inicio, ya sea de otra vida de su memoria, y que como bien se menciona en Coco, las personas sólo mueren cuando las olvidamos.

 

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.