Martes, 21 de mayo de 2019

Redescubriendo: Fake news y cultura mexicana

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Redescubriendo la cotidianidad mexicana

Fake news y cultura mexicana

Por Aleida Ortiz (IFI) | 27 de octubre de 2018

El término ‘fake news’ lleva ya tiempo de moda, pero vale la pena pensar cómo se relaciona este fenómeno con nuestra cultura. Primero, mucho se ha dicho del tema referente a la política de Estados Unidos o de sucesos y escándalos políticos. Sin embargo, ¿qué tan expuestos estamos los mexicanos a las fake news? E igual de importante, ¿cuál es nuestra reacción hacia éstas?

Creo que la cultura mexicana tiene una tendencia a jugar con lo que le aterra, a darle un aire más inofensivo con la esperanza de poder digerir mejor las situaciones incómodas. Ejemplo de esto son las calaveritas con la muerte, los chistes y memes con la impunidad en la política o los chismes con la desinformación. Mi opinión es que nos aterra lo que no comprendemos, y tenemos una necesidad innata de darle forma, aunque se pierda o modifique el contenido. También por ello creo que hay tan gran recepción hacia páginas como El Deforma, que, aunque sepamos que tiene un fin cómico, no deja de ser una representación de la realidad, una forma de expresión.

Pero quedan las noticias que son falsas o están incompletas y que se nos presentan como verdaderas. ¿Cuántas veces no hemos visto publicaciones en redes sociales que si las investigamos veremos que son falsas? La facilidad con la que estos contenidos son compartidos vaya que aterra; muchas veces una mentira tiene más alcance e impacto que una verdad. De aquí podemos encontrar ejemplos sobre noticias falsas relacionadas con política, causas sociales o avances científicos, que usualmente llevan a reacciones muy fuertes y a situaciones en que todo mundo se vuelve juez.

Al relacionar  esto con la cultura mexicana llegamos inevitablemente al concepto del chisme. A pesar de que puede parecer algo inofensivo, lleva consigo todo un trasfondo sobre la desinformación. Es común que al compartir este tipo de rumores se agregue información extra, haciendo una especie de ‘teléfono descompuesto’ que acaba desviándonos de la verdad más que acercándonos. Creo que aquí el problema principal no es compartir información, sino hacerlo sin estar seguros de que es verídica; la solución principal radica, entonces, en no dejarse seducir por la novedad a costa de la verdad.

El impacto que puede tener una noticia falsa es mayor de lo que nos parece. Si bien en su forma más básica es un chisme, puede llegar a escalar a extremos tan tenebrosos como el control de masas y de la opinión pública. Si la gente empieza a tomar decisiones basadas en información apócrifa, inevitablemente la calidad de las decisiones se verá gravemente afectada. Es común ver en redes sociales a las personas emitiendo juicios con información falsa o incompleta, lo cual no parece ser problema hasta que llega la hora de que estas personas tomen decisiones; al menos en el sistema democrático, una opinión informada vale exactamente lo mismo que una desinformada.

Pero no toda la culpa recae en las personas; también existe el problema de que hay grupos de poder (gobiernos, empresas, etc.) que son expertos en crear información falsa y en manipularla. Esto puede desembocar en cuestiones tan banales como la compra de un producto o el apoyo a una celebridad, pero puede acabar en cuestiones como una elección política o la promulgación o rechazo de una ley que afecte la vida de muchas personas. Por eso creo que es importante estar informado; se vale tomar cualquier decisión o emitir cualquier opinión, pero creo que detrás de ella tiene que haber cierta justificación. No podemos dirigir una sociedad basándonos en cuestiones arbitrarias, sentimientos o prejuicios, ya que el odio y la ignorancia sólo fragmentan más a la sociedad y nos hacen menos humanos.

Lo que creo que nos queda en este tipo de escenarios es tratar de hacer consciencia sobre los contenidos que compartimos, sobre lo que se nos presenta. Quizás siendo más críticos podamos acercarnos más a la verdad y aspirar a una sociedad que tome las decisiones de acuerdo a ella. Cuando las personas busquen informarse y no dejarse engañar por grupos de poder, sólo entonces podremos ser más libres. No dejemos que los sentimientos nos dominen, que la novedad tome control de nosotros; pensemos mejor cómo es que podemos crear una sociedad más informada y con sentido de decisión.

 

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