¿Por qué se ve así el día de San Valentín?

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Para conmemorar la edición del 14 de febrero, aquí se presentan de dónde vienen las formas de expresar el amor.

Fuente: New York Post

Por Ricardo Nieto (IFI) | 14 de febrero de 2018

Si se habla de una festividad, se tiene que hablar de sus íconos: el pastel del cumpleaños, el árbol de Navidad, el altar del día de muertos. Así también pasa con el día de los enamorados. Aprovechando que el amor está en el aire, aquí están los insólitos orígenes de algunos de los símbolos más queridos de San Valentín.

El corazón

Si bien ya era usada antes con fines decorativos, la figura del corazón no tuvo una connotación sentimental sino hasta los siglos XIII y XIV. En su libro El libro del corazón, el historiador Eric Jager refiere que “[la gente del medievo]  pensaba en nuestros corazones como libros de memorias, el lugar donde se escribían los designios de Dios (…),” por lo que surge la idea de que los sentimientos por nuestros allegados estaban embebidos ahí.

Dada la prohibición de la disección humana impuesta por la Iglesia, los escasos conocimientos anatómicos de la época se basaban en las disecciones de animales. La asociación del corazón con la figura que ahora conocemos viene de la forma que tiene el corazón de un ave o un reptil cortado por la mitad.

La primera aparición del corazón fuera del contexto médico fue en un poema de amor francés de circa 1225, pero con la base redondeada. La base en punta se vio hasta un siglo después, en un poemario italiano, asociado a la figura de Cupido. Finalmente, su uso en tapices y manuscritos del siglo XV vino a consolidar su fama como símbolo de amor entre la aristocracia, que a su vez se la legó a las letras y las artes.

Los chocolates

Es bien sabido que el chocolate, en su forma original, distaba mucho del dulce que ahora se acostumbra. Para los pueblos indígenas mexicanos, el chocolate era una bebida ritual, de gusto más bien amargo a la que incluso agregaban chile y otras hierbas. Con la exportación de semillas de cacao a Europa, el nuevo aperitivo empezó a hacerse del gusto de nobles y comerciantes cuando se mezcló con leche y azúcar (lo que terminaría por darle su sabor característico).

Por sus propiedades afrodisiacas, comenta la historiadora Rebecca Earle, los jóvenes victorianos pronto notaron el potencial del chocolate como medio de seducción. Las campañas publicitarias del dulce llevaron a la idea de que regalar una caja chocolates era el preámbulo a una declaración de amor y que el valor de esta era indicio tanto de la intensidad de sus emociones como de su clase y buen gusto. Enormes y elaboradas cajas llenaban los escaparates y, con el tiempo, su uso llegó a ser tan notorio que los libros de etiqueta aconsejaban a las señoritas nunca aceptar chocolates de alguien que no fuera su pretendiente o familiar —y mucho menos, ser ellas quienes los regalaran.

Las rosas

Como todo, el uso de rosas como muestra de amor se afamó por la realeza. Aubrey Almanza, articulista de Reader’s Digest, narra cómo la tradición se remonta al rey Carlos II de Suecia, regente durante la segunda mitad del siglo XVII. En un viaje a Persia, los locales le enseñaron el arte del lenguaje de las flores, en que una idea debe ser expresada mediante los colores de distintos pétalos sin decir palabra. Encantado con el juego, Carlos II llevó la costumbre a Europa, donde cobró fuerza y hasta se empezaron a repartir panfletos con los significados de las flores —entre las que estaba la rosa.

Las rosas rojas han aparecido como símbolo de amor desde la época clásica. Los griegos creían que los arbustos de rosas nacían de la sangre de Adonis, el amante de Afrodita, y los romanos, al adoptar el culto a Venus, ligaron a la diosa con esta flor. Conforme se extendió la idea de celebrar un día del amor, las rosas se vieron como una alusión obvia al cariño y el afecto, y el ofrecerlas como presente pronto se hizo un hito entre los enamorados.

Y tú, ¿ya sabes qué vas a regalar este 14 de febrero?

 

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