Lunes, 22 de abril de 2019

¿Por qué los terroristas no atacan diario?

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Los extremistas violentos han sido fuente de múltiples sucesos aberrantes, pero aunque parezcan dispuestos a atacar en cualquier instante, existe una razón por la cuál  agreden cada cierto tiempo.

Fuente: nuevatribuna.es

Por: Carlos Contreras (LEC) |29 de marzo de 2019

En los últimos años, se ha extendido mundialmente el impacto dañino de organizaciones atroces a través de ataques, los cuales han servido para propagar miedo dentro de la población. El terrorismo, de acuerdo a las Naciones Unidas, es referido como actos de violencia dirigidos contra los civiles en búsqueda de objetivos políticos o ideológicos. Sin embargo, sin idolatrar sus acciones repudiables, surge la duda de porqué, si desean esparcir terror, no agreden con mayor frecuencia.

Para la suerte de todos aquellos curiosos, cuya sed por respuestas no descansa hasta en las cuestiones más descabelladas u ociosas, podemos generar una reflexión explicativa a la problemática planteada gracias a uno de los conceptos básicos de la economía. No obstante, antes de revelar cómo se resolverá la pregunta, es necesario analizar a los otros agentes involucrados: las fuerzas gubernamentales y los individuos comunes.

Primeramente, se encuentran los ciudadanos, quienes son afectados directamente por los asesinatos, secuestros, amenazas, entre otras cuestiones execrables usadas por los atacantes. Este conjunto de acciones genera una sensación de incertidumbre causada por el pánico de ser una potencial víctima, dando poder de acción a los clanes criminales. A pesar de todo el mal ocasionado, es raro que las personas tomen la postura de los victimarios como correcta, pero la conocen y recuerdan debido a las agresiones.

En segundo lugar se ubican los responsables de salvaguardar a la población, el gobierno. Esta entidad despliega unidades policiales y de inteligencia con el fin de prevenir, contrarrestar y castigar todo acto de los susodichos terroristas. Con las tres agrupaciones definidas y perfiladas, es visible que, pese a todas las medidas instauradas, los atentados se siguen visualizando en un contexto real.

Ante lo mencionado, resulta fácil concluir que el plan de los agresores se completa a la perfección dado el inmenso nivel de estrés y horror que causan entre las masas y sus protectores, pero he aquí la primera pista para encontrar la solución a nuestra interrogante, la verdadera meta de los ofensores es establecer su punto de vista, no el gestar pavor, que únicamente sirve como utensilio para llegar a su cometido.

Con base en lo anterior, se observa una relación entre temor y los objetivos, mientras más se teme, más se esparce la idiosincrasia de los delincuentes y menos defiende el gobierno a sus habitantes. Una temática idéntica sucede en uno de los pilares de la economía, la ley de oferta y demanda. Así es, uno de los criterios fundamentales de esta ciencia social es capaz de dilucidar una resolución al asunto, no sin antes explicar un poco sobre este término.

De acuerdo con catedráticos de la Universidad de la Laguna, esta ley establece que, con todo lo demás constante, la cantidad demandada de un bien disminuye cuando su precio crece, mientras que la ofertada aumenta. En otras palabras, cuando el precio de un producto sube, las empresas que lo fabrican desean producir más de este, con el fin de venderlo más caro. Por el otro lado, los consumidores del ítem comprarán menos del mismo, en respuesta a su elevado costo.

Utilizando lo previo como paralelismo, se puede tomar al gobierno en el rol de las empresas, a los terroristas como consumidores, al miedo en lugar del precio y a los objetivos como sustitutos de las cantidades. Con este atrevido enfoque, un tanto robusto, prematuro, intuitivo, pero con intenciones claras, es posible alcanzar un juicio respecto a la situación inicial del presente texto.

Antes de llegar a la última parte de nuestro misterio, es relevante mencionar una peculiaridad del concepto económico, conocido como el punto equilibrio. En este caso específico, el artículo llega a un precio donde el cliente y el vendedor están de acuerdo con su valor monetario, haciendo que ambas partes tengan un nivel de utilidad justo respecto a la compra de la mercancía.

Con lo propuesto en mente, es observable cómo los malhechores podrían violentar constantemente con el fin de generar mayor pánico, pero en este contexto, las fuerzas policiales también aumentarían su grado de vigilancia y protección hasta llegar a un punto de equilibrio. Ante esto, con el supuesto de que el gobierno tiene mayores recursos que sus rivales, llegaría un instante donde los enemigos no podrían sustentar un incremento en su poder, por lo que sus buscadores los terminarían por colapsar.

Bajo el esquema contado, los maleantes se verían forzados a reducir la cantidad de terror esparcido a través de menos embates, esto con la finalidad de no ser erradicados y que sus objetivos no se encuentren frustrados. Ante esto, su mejor plan es el mantener un perfil periódico, llevar a cabo actos de presencia no muy seguido y con poco horror difundido, pero con la certeza de mantener relevancia y limitadas medidas para contrarrestarlos.

La diversificación de acometidas de estas índoles ha escalado mundialmente, volviéndose parte importante de las agendas gubernamentales. Esto ha llevado al estudio y análisis, como el presente artículo, de este fenómeno para terminarlo con la mira puesta en el cese de tales monstruosidades. Por ningún motivo es justificable cualquier apoyo hacia la causa expuesta, pero es primordial comprender sus raíces para ser capaces de contenderla.

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