Viernes, 16 de noviembre de 2018

Muere el “antipoeta” Nicanor Parra

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Una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana falleció el pasado 23 de enero a los 103 años.

Fuente: El País

Por Ricardo Nieto (IFI) | 31 de enero de 2018

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

Manifiesto (fragmento)

La comunidad de las letras hispánicas está de luto tras la muerte de uno de sus más consumados autores. Nicanor Parra, célebre poeta, físico y matemático chileno, falleció el pasado martes en su casa en La Reina, Chile, a los 103 años.

El hijo mayor de la familia Parra, cantera de músicos entre los que destaca su hermana Violeta, Nicanor fue el único de sus hermanos en tener una formación académica. Aficionado a la literatura desde temprana edad, el joven poeta compuso sus primeros versos durante el liceo y la secundaria, en la que estuvo becado. En 1933 empezó su carrera en Física y Matemáticas en la Universidad de Chile, donde tuvo un contacto temprano con los movimientos vanguardistas europeos. En 1937 publicó su primer poemario, Cancionero sin nombre, con el que inició su consagración en el panorama cultural chileno.

Tras ejercer como docente de Matemáticas, fue becado en 1943 para un posgrado en la Universidad Brown, especializándose en relatividad e indeterminación. Seis años después, otra beca lo llevó a Oxford para estudiar Cosmología. A su vuelta a Chile, se unió a la escuela de ingenieros de su alma máter, donde sería profesor de Física por 30 años.

Es a partir de su acercamiento a las tendencias europeas que, en 1954, publica la que será su obra definitiva, Poemas y antipoemas. Parra define la antipoesía como un regreso a la poesía popular, a la trova, a la música de las palabras. Sus arriesgados juegos gramaticales y la sencillez de expresión, propia de las letras inglesas, contrastan con las formas rebuscadas de los grandes poetas de su tiempo –Neruda, Huidobro, Mistral– y pretenden devolver a la poesía su frescura y autenticidad.

Esta tendencia marcaría el rumbo de las letras latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XX, y daría a Parra su lugar como una de las plumas más influyentes de las últimas décadas, admirado por eminencias como Harold Bloom, Rodolfo Fogwill y, en su momento, el propio Neruda. Roberto Bolaño alguna vez dijo de él: “el que sea valiente, que siga a Parra”.

Candidato constante al Premio Nobel de Literatura, Parra obtuvo, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura de Chile (1969), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2001) y el Premio Miguel de Cervantes (2011). Aquejado por su avanzada edad, se retiró al pueblo costero de Las Cruces, desde donde presenció los festejos por su centenario, antes de mudarse a la que sería su última morada: su casa familiar en La Reina.

Los restos del poeta fueron velados en la Catedral Metropolitana de Santiago el día 24, antes de partir a Las Cruces para un funeral privado. Tras la noticia de su muerte, la presidenta Michelle Bachelet declaró dos días de luto nacional, y han surgido cientos de homenajes por parte de mandatarios y artistas en apoyo a la familia de Parra y al legado que construyó. Como afirmó el presidente electo Sebastián Piñera, “lo único que le faltaba para ser inmortal era haber dejado este mundo terrenal”.

 

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