Domingo, 21 de octubre de 2018

Marketec: punto de unión y quiebre estudiantil

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La comunidad estudiantil, vendedores y compradores, comparte sus diferentes opiniones sobre el “mercado de biblioteca”.

Por Giovanna Villalobos (LRI) | 20 de septiembre del 2018

Desde comienzos del semestre agosto-diciembre 2018, la biblioteca del campus ha sorprendido a los estudiantes, pero no por sus instalaciones. En el segundo, tercer y quinto piso diversos estudiantes han hecho uso del sentido emprendedor que la institución promueve para instalar un mercado que consiste de diversos alimentos y artículos, que van desde llaveros hasta desodorante. Este mercado gira en torno a la honestidad del comprador hacia su vendedor; dejan los productos y un vaso, frasco, tupper o recipiente con un letrero haciendo referencia a su producto y al precio del mismo, confiando en que los clientes pagarán lo debido, sin que nadie más que su consciencia se los exija.

El primero en ofrecer un producto confiando en la honestidad del alumnado fue un estudiante de economía que vendía galletas de Costco para poder pagar su intercambio. Antonio Montiel, el administrador de esta práctica, explicó que esta idea no fue originaria del campus y fue observada inicialmente en campus Santa Fe tras un viaje realizado por parte de la directora de la biblioteca.

Coordinación de biblioteca aprobó el uso de cierto mobiliario en segundo, tercer y quinto piso para la venta de alimentos. Tras ver el éxito del estudiante de economía, un grupo estudiantil decidió replicar su modelo de negocios y poco a poco se unieron más estudiantes. Los alumnos y alumnas que participan en esta práctica forman parte de un grupo de WhatsApp por el cual hablan sobre la repartición de mobiliario y los acomodos de los productos, para evitar tener pérdidas o futuros malentendidos. Tienen un sistema para evitar robos, que consiste en una especie de guardias que evitan que alguien que no es dueño del producto retire el dinero.

Diversos estudiantes que forman parte del grupo expresaron abiertamente su descontento respecto a la organización del mismo. De igual manera, afirmaron creer que se busca beneficiar a una pequeña sección de los vendedores e hicieron hincapié en que se le da preferencia a ciertos productos en cuestión de espacios y visibilidad, lo cual resulta perjudicial para las posibles ventas.

La mayoría de los alumnos partícipes expresaron que se unieron a la comunidad del mercado para poder financiar su intercambio, pagar viajes de Semana i, pagar gasolina, la despensa de la semana o incluso una parte de su colegiatura. Una de las vendedoras compartió: “Al inicio del semestre yo trabajaba en un restaurante pero era imposible, duré de que, tres días. La carga escolar es bastante pesada y encima salía a estar allá toda la tarde y llegaba a mi ‘depa’ a desvelarme para hacer tareas. Aquí puedo poner mi producto y a pesar de que la ganancia es poca, al menos puedo estar en ‘biblio’ todo el día y no descuido lo que sí importa: la escuela”. A pesar de que todos expresaron que la ganancia no es significativa, establecieron que al menos es algo y que ser constantes es lo que marca la diferencia.

En las últimas semanas ha resultado notorio que el mercado ya no se limita a los pisos acordados y ahora tiene presencia en todos los niveles de biblioteca, comúnmente junto a los elevadores o escaleras.

Una encuesta llevada a cabo por la FETEC demostró que el 50% de la comunidad estudiantil desaprueban de las ventas en biblioteca. La queja principal por parte de estos alumnos es que ocupan mobiliario que debería estar destinado para estudiar y trabajar en vez de para exhibir y vender productos. La misma encuesta demuestra que el 43% lo aprueba por lo práctico que resulta tener comida dentro del edificio y porque les gusta apoyar a la comunidad estudiantil. El 2.6% de los entrevistados expresaron indiferencia ante la situación.

Por otro lado, un 4,4% quieren que se regule de alguna manera. pero esta es una de las mayores preocupaciones para lo alumnos que forman parte de esta actividad. Al ser entrevistados declararon explícitamente que, pase lo que pase, no quieren que “el Tec se meta” pues temen que involucrar a la institución pueda traer repercusiones o resultar en que les quiten su manera de financiarse.

A pesar de que han pasado cinco semanas desde el inicio del semestre, la institución no ha dejado clara su postura con relación a la situación, pues no ha lanzado ningún comunicado oficial ni existen declaraciones por parte de alguna autoridad. De igual manera, la falta de postura por parte de la institución ha dado paso a un desenlace de eventos que han polarizado la situación entre estudiantes. Esto deja al resto de la comunidad estudiantil preguntándose qué se debe hacer o qué es lo correcto ante la abundante cantidad de opiniones.

 

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