Los millennials y el arte de cuestionarse: Tragicomedias

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Mónica Salinas (LRI)

Erving Goffman, un sociólogo canadiense dedicado a estudiar las interacciones entre las personas, se dio cuenta que había encontrado la teoría perfecta para explicar la vida en sociedad de los seres humanos con una buena analogía. Él decía que todas nuestras acciones tanto con nosotros mismos como con los demás, era como estar en una obra de teatro, representando papeles y géneros, preparándonos con anticipación en los bastidores para proyectar ese yo mismo a la audiencia.

En esa obra de teatro, estamos nosotros, y todo lo que tenemos o todo lo que soñamos con tener, todo lo que nos apasiona, lo que nos mueve, todo lo que adoramos, posesiones valiosas o relaciones tormentosas. La diferencia en la vida real es que de todas esas cosas… nada es seguro. Todo cambia, vive, muere, resucita y después se va. En años o en segundos, se transforma y nunca vuelve a ser como antes, y muchas veces no regresa nunca más.

Vivimos aprisionados con la nostalgia y la memoria en medio de la adrenalina del día a día que nos trae la prisa y las carreras, caminando a paso veloz a la vez que revisamos nuestra bandeja de entrada en el celular y contestamos un mensaje aprovechando al máximo los frutos del multitask. Preferimos los lentes de sol polarizados para evitar vernos a los ojos. De un lugar a otro con los audífonos puestos y la mirada en los zapatos, si saludamos o contemplamos el panorama se pierde tiempo. ¡Y si bajamos la ventana del coche se nos despeina el cabello! ¡Ni hablar de acariciar mucho al gato porque nos llena de pelos! Ni sacar a pasear al perro, los tenis blancos se ensucian en un santiamén. ¡Tragedia sobre tragedia! ¡Vivimos en un drama cuando en realidad es una comedia!

El tiempo se va, así como se van los amigos, la familia y el dolor. Nada es para siempre, nada es seguro ni estable, hoy en día, hasta los muertos resucitan. Perder el tiempo es común, pero es un acto ingenuo, así como acumularlo es ingenuo también. Acumulamos el tiempo como acumulamos cosas en cajas de cartón arrumbadas en el ático, servilletas con mensajes que nos hicieron sonreír o flores secas de algún amor inolvidable. Inútil e inservible como esperar el momento perfecto para hacer algo por la sencilla razón de que el momento perfecto nunca llega. El momento perfecto es aquel que tomamos y creamos y lo volvemos perfecto.

El momento perfecto es ahora, es atreverse cuando tiemblan las piernas y sudan las manos. El momento perfecto no es perfecto, es mejor: el momento perfecto es real.

Abraza más, sin meditar lo que pensarán y manda muchos besos cuando te despidas. Juega con tu perro y enlódate. Usa mucho tus zapatos nuevos y repite todas las veces que quieras tu playera favorita. Ponte todo el perfume que quieras, sin pensar en preservarlo para una ocasión especial. Hoy es especial y tú, en tu soledad, lo eres aún más. Permitámonos sentir el viento que nos acaricia el rostro al sacar la cabeza por la ventana y quedar muy despeinados, pues dicen que las mejores cosas de la vida como bailar hasta que duelan los pies, nadar en el mar, reír a carcajadas o besar a la persona que amas dejan tu pelo hecho un desastre.

Tenemos postales para revivir viajes y Polaroids para reencarnar instantes, pero mejor aún, tenemos el hoy, el momento, el instante preciso para abrirlo como regalo de cumpleaños, mirarlo de frente a los ojos y sentirlo mientras pasa con cada fibra que compone el cuerpo humano. ¡Hay que abrir los regalos todos los días como si fuera nuestro cumpleaños! Celebremos la dicha de un obsequio bello y consideremos la adversidad como la mejor de las oportunidades. Festejemos lo bueno y lo malo, pues el ying no es nada sin el yang, las estrellas no brillan sin obscuridad, y la salud no se aprecia si nunca se ha vivido la enfermedad. Vayamos por la vida, como teoriza Goffman, como actores en una escena teatral, maximizemos las alegrías y escalemos las agonías con gracia. Sigamos curioseando en esta única y efímera vida, viéndola en perspectiva, porque como dijo Charlie Chaplin alguna vez: “La vida es una tragedia cuando se ve en primer plano, pero es una comedia cuando se mira a distancia.”

Un día sin reír es un día perdido. -Chaplin.

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