Libertad de expresión no significa libertad de consecuencias

1

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

James Damore, programador  y biólogo, escribió un manifiesto con un discurso machista y lo difundió internamente en Google, empresa en la que trabajaba. En consecuencia, fue despedido, convirtiéndose instantáneamente en un héroe de extrema derecha.  A raíz de este caso, se han desencadenado distintas discusiones en torno a la libertad de expresión.

Fuente: Twitter

Por Kevin Martínez (IBT) y Paulina Garrido (LRI)

Hace algunas semanas llegó una carta a Nueva Prensa del caso de James Damore, el ingeniero en software que fue despedido de Google debido a un controversial memorándum, que realizó sobre diversidad de género en la industria tecnológica. La carta simplifica peligrosamente el problema en cuestión y el autor parecía no entender las limitaciones de la libertad de expresión.

Antes de empezar a discernir el contenido de esta carta, queremos aclarar ciertas cosas relacionadas con la libertad de expresión. Sabemos que sin la libertad de expresión no puede haber democracia, pues en una democracia es fundamental la apertura a la crítica y la discusión de diferentes perspectivas. Es un derecho universal que todo mundo debe gozar, incluyendo el derecho a mantener una opinión sin interferencias, así como lo establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Esa libertad debe ser ejercida dentro de un marco de responsabilidad, cuyo propósito sea el contribuir a la discusión y a la reflexión. Sin embargo, nos preguntamos: ¿hay límites en ella? ¿todas las opiniones se pueden expresar y tolerar? El uso de la libertad de expresión y sus límites es un debate constante, con conclusiones complicadas, porque siempre entran en juego los intereses de los grupos relacionados.

Habría que ver en qué contexto se está dando este debate. En algunos casos, se reproducen discursos sexistas, homofóbicos, racistas, misóginos, entre otros, bajo el pretexto de la libertad de expresión, –como lo fue el caso de Charlottesville en Estados Unidos–.  En este escenario tendríamos que preguntarnos si sería correcto que este tipo de discursos se promuevan en espacios como Google, que defienden la diversidad y la inclusión como valores esenciales en el éxito empresarial.

Con respecto al caso de James Damore, queremos aclarar que no fue despedido por pensar de cierta manera, como la carta lo sugiere. Fue despedido porque violó el Código de Conducta que invita a “cada Googler a hacer todo lo posible para crear una cultura de trabajo que esté libre de acoso, intimidación, parcialidad y discriminación ilegal”, según  Sundar Pichai. El manifiesto de James Damore “…cruza la línea mediante el avance de los estereotipos de género perjudiciales en nuestro lugar de trabajo”.

Google no se podía dar el lujo de permitir este tipo de lenguaje y comportamiento en su ambiente laboral, ya que esto lo ponía en riesgo de ser demandado por tener un ambiente de trabajo hostil hacia las mujeres. Y el gigante tecnológico no podía verse envuelto en más escándalos de este tipo, debido a que ya estaba siendo investigado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos por demandas de desigualdad salarial y discriminación a la hora de contratar.

¿Cómo podía Google afirmar que creía en la equidad de género y no promovía las conductas discriminatorias hacia las mujeres? Si Google no emprendía acción alguna, estaba dando como un hecho (lo que alega Damore) su verdad ‘biológica’. Si Google lo tomase como una opinión, es claro que Damore se pronunciaba con connotaciones sexistas y ofensivas a terceros.

Tras su despido, grupos conservadores de Estados Unidos empezaron a tomar a Damore como un símbolo. Lo adoptaron para promover su agenda, aseguraban que Google había violado su derecho a la libertad de expresión y advertían que eso era lo que los gigantes tecnológicos liberales de Sillicon Valley querían hacer con el resto del país. Restringir y limitar las opiniones de la derecha.

Hicieron de Damore una víctima de los tiempos actuales, en donde la corrección política es la que manda. Alguien que fue despedido por pensar de diferente manera que el resto de los “progresistas” de Silicon Valley. Se indignaron porque no podían creer que un gigante tecnológico como Google, campeón de la libertad de expresión y del acceso a la información, hubiera despedido a alguien ‘simplemente’ porque expresó una opinión diferente a la de ellos.

Debemos de aprender a reconocer las posturas victimistas que pretenden ‘defender’ la libertad de expresión y las opresiones. No debemos de reservarnos el derecho de cuestionarlas. Hay que hacerlo constantemente.

Regresando al tema central, está claro que las personas tienen el derecho de creer diferentes cosas, según su criterio y opinión informada o desinformada sin embargo, es crucial señalar que Google no violó el derecho a la libertad de expresión de Damore. Él fue y sigue siendo capaz de expresar su opinión libremente, como la ley se lo garantiza. Lo que la ley no le garantiza es un empleo en Google, ya que sus acciones no iban de acuerdo a los valores ni al código de conducta de la empresa.

En este caso, es válido cuestionarse por qué existe un número tan pequeño de mujeres en la industria tecnológica, pero la manera en la que Damore lo hizo no fue la indicada e indudablemente le iba a traer consecuencias.

No queremos decir que las personas no tengan derecho a expresarse. Sin embargo, pensamos que la libertad de expresión admite diversos tipos de regulación, en algunos casos de tiempo, lugar y modo. Hay cada vez más casos, donde se trata de refugiarse en ‘la libertad de expresión’ para atacar a minorías o grupos desprivilegiados.

Hay que tener claro lo que la libertad de expresión protege y lo que no protege. Las personas siempre van a tener el derecho de expresar su opinión. Lo que no tendrán es libertad de consecuencias.

1 comentario

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.