Domingo, 21 de octubre de 2018

Lecciones después de un año: cuando el amor deja de ser, cuando dejas de ser.

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Paulina García (LMI) | 13 de marzo del 2018

Recuerdo los pasillos del Tec tan vacíos como podían estarlo un viernes a las siete de la noche. Recuerdo que era 10 de marzo y yo, sin saber a qué estaba a punto de meterme, me dirigía a cubrir un taller sobre Relaciones Sanas y Amor Propio que el colectivo #NoSomosMediasNaranjas impartía en el marco de la, entonces, tercera Semana de Feminismos que se efectuaba en el campus. Sorprendentemente, ese día no acudieron únicamente mujeres, sino también 8 “valientes” hombres decididos a romper el constructo del hombre fuerte, que no habla de sus sentimientos. Aquel que no llora y debe verse siempre como alguien de emociones controladas.

Recuerdo que el taller contaba con un cupo máximo y, sobre todo, existió desde un inicio  una buena voluntad de todos los allí presentes, que, a pesar de ser extraños entre sí, o al menos la mayoría, estaban lo suficientemente dispuestos a abrirse, a ser y sentirse vulnerables e inclusive a comentar sobre experiencias fallidas en la esfera amorosa. El reto de este ejercicio de confianza era ser lo suficientemente fuerte para afrontar que un extraño viese el problema inclusive antes que uno mismo. Después de todo, cómo te sentirías si te dijeran que si las relaciones que has tenido en tu vida no funcionan, (aquí es cuando uno siente ese nudo en la garganta inevitable) es por la única, sencilla y difícil de aceptar razón de que tú no te supiste querer desde un principio.

Empecemos con una pregunta básica: ¿qué te gusta de ti? Sí, ya sé, yo también me tardé en contestar, pero no te apures porque en ese salón, hace exactamente 367 días, probablemente todos lo hicimos, o al menos batallamos al hacer una lista de nuestras cualidades. Fue ahí cuando me di cuenta de cuán necesitados estamos siempre de escucharlo de alguien más, porque  tal vez en un principio nosotros mismos no solemos tener el valor de decírnoslo en voz alta, de aceptarnos.

¿Cómo te sientes al decirlo? ¿Cuántas más preguntas incomodas quedaron permeadas en el aire del salón 315 ese día? Demasiadas.

Dejemos algo en claro, el amor propio es importante y, su explicación, supera innumerablemente la razón de ser un mecanismo para reflejar seguridad.

Tras un ejercicio exhaustivo llamado “declaración de amor propio”, las personas a mi alrededor comprendieron que el escribir y ponerse romántico con uno mismo, es una gran manera de reconciliarse y, mejor aún, una manera de plantearnos qué esperamos de nosotros mismos.

Porque es justo eso, ¿cierto? Nos la pasamos intentando llenar un ideal, lo que los demás esperan de uno mismo, y por intentar llenar ese ideal, es que nos enfocamos exhaustivamente e, irónicamente, en aquello que no tenemos.

Por qué sentirnos incompletos así, con lo que tenemos, ¿qué es lo que hace tan difícil quererse a sí mismo? Y, mejor todavía, ¿por qué intentamos siempre llenar ese vacío que traemos por dentro con alguien más?  Desde nuestra concepción de considerarnos alguien incompleto viene nuestro deseo de ir en busca de alguien, alguien que te complemente (no, por favor no me hagan hablar de interdependencia emocional), aunque erróneamente en la relación no se debiese de buscar un complemento, sino alguien con quien crecer, alguien con quien puedas construir todos los días, porque si algo podemos decir es que una relación es este estado del ser humano donde estás con el otro, pero también estás contigo mismo.

En el punto de inflexión del taller fue importante cuestionarnos lo siguiente: ¿qué es entonces una relación sana? En palabras de Arelli, una asistente al taller, “una relación sana debe basarse en acuerdos y no expectativas”, es decir, no hay que esperar cosas de la pareja que no son, y mucho menos de nosotros mismos.

Y, por muy buena labor que las historias más épicas de amor nos hayan inculcado, el amor no tiene porque ser algo a lo cual uno entra inconsciente y te deja llevar por tus impulsos, ya que de otra forma un amor que en su principio parecía intenso, frenético y bienaventurado, puede terminar siendo irracional, donde podría estar lejos de definirse como romántico.

El curso llegaba a su fin y mientras retomábamos la discusión del porqué sentirse incompleto y que bien puede ser un motor para ir gastando la vida en busca de alguien, al final de cuentas, una razón por la cual las relaciones fracasan, es porque uno entra a ellas sabiendo que uno de los dos lo entregará por completo. Nos enfocamos únicamente en querer a la otra persona con toda nuestra fuerza, nos desvivimos porque se queden con nosotros  sin pensar que, cuando se vaya, nos encontraremos abandonados, sin siquiera recordar lo que solíamos ser antes de ellos. Y todo porque, (esto lo enfatizaron mucho en el taller y por ende lo haré yo también) se nos olvida querernos a nosotros mismos.

Y es que hablando del tema de los ideales, uno siempre parte del imaginario, de nuestra idea de lo que el amor debe de ser. Y, muy en el fondo, también partimos de un imaginario propio, poniéndonos metas de la persona que nosotros queremos o creemos necesitar ser para nuestra pareja, cuando en un principio, y así nos dimos cuenta en el taller la causal viene desde mucho atrás. La causal es esa mano que nos temblaba por no poder aceptar con las palabras que le teníamos miedo a definirnos.

Y no crean que por transcurrir 367 días de mi vida yo supe aplicar todo lo que aprendí en aquel taller a mi vida propia, pues les estaría mintiendo y de qué manera.

Aún batallo para definirme sin tener que ser tan dura conmigo misma. De las experiencias, por muy dolorosas que sean (y créanme que la vida se encargará de que se tropiecen unas cuantas veces) se puede salir adelante.

Rescribí esta nota a partir de lo que no pude publicar hace un año y me percato de que fue una versión de mí diferente la que vivió ese taller en el 2017. Ahora me doy cuenta que resulta muy fácil escribir de algo que no has sentido. Pero la versión mía que asistió al taller en el 2018 es también una más fuerte, una versión a la que tal vez ya no le tiemble tanto la mano pues mínimo ya tiene la fortaleza de aceptar que la variable que tiene que cambiar en la ecuación, es el amor propio.

*El taller de Relaciones Sanas se se volvió a impartir por el colectivo #NoSomosMediasNaranjas en el marco de las actividades por la cuarta Semana de Feminismos.

 

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