Lunes, 22 de abril de 2019

La Esquina del Patriota- Líderes de Título

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por Mauricio Alejandro Valdés Galván (BBA)

Se me está haciendo una –mala– costumbre el escribir mientras viajo en camiones. Me es más fácil echar tierra a los demás en un camión en el que el 90% presenta ambientes calurosos, lo peor de lo peor de las personas se junta atrás –hago la aclaración que en el retrete– y apesta, nadie está gustoso de hablar con nadie y lo que ponen para entretenernos en las pantallas es malísimo e incluso puede llegar a decadente. En pocas palabras, pago por un servicio decente –más no bueno– a una compañía cuyo nombre no voy a decir, pero sí mencionaré que es un grupo y su nombre empieza con “Sen” y termina en “da”. En esta ocasión no aprovecharé para recalcar que la situación que acabo de describir es similar a la del país, solo reconocer la inspiración que me lleva a echarles tierra –hago la aclaración que no el contenido del retrete– a los “supuestos” líderes.

Existe una amplia discusión acerca de lo que es ser líder, especialmente cuando se le adhieren tantos adjetivos que hacen ver a Superman como el dios Eolo. También existen distintos estilos de liderazgo, pero no serán abordados aquí, no me gusta perder el tiempo con detalles. Vamos a la esencia de un –verdadero– líder, a la materia prima que compone a cada uno de los personajes intrigantes y poderosos que han dejado huella en la historia.

Es bien sabido que se puede comparar a un líder con un magneto, pero de personas. No podría existir una definición más oportuna –ni en los diccionarios– al respecto y es precisamente porque emana una energía que impregna y atrae a las personas con energía similar –admito que en esto sí son distintos a los magnetos–. Esta energía son los ideales y el grado en que estos ideales toman fuerza es qué tan claros son de entender y articular. El impacto de estos ideales reside en las acciones que se desprenden de las personas que adoptan éstos como suyos.

Con todo lo anterior descrito, imaginen mi frustración cuando arbitraria y equivocadamente se le da el título de “líder” a personas que no se lo merecen o que no saben siquiera lo que significa –algo similar sucede con las palabras “te quiero” y “amigo”–, por lo tanto un líder está underrated. Nos dicen “sé el líder en tu comunidad”, “sé el líder en tu carrera”, “sé el líder en tu grupo estudiantil”. Me enferma. La gente se emociona con el título, no con el significado. Por eso tenemos organizaciones estudiantiles –el que diga que no es cierto le va a crecer la nariz– que están obsesionadas por relucir su título, ya sea para usarlo en una entrevista de trabajo o para mejorar su aplastado ego y, por lo tanto, todas sus acciones salen forzadas y tienen poco éxito.

Hay una persona en particular que trae a luz la peor parte de mi –aun más que algunas organizaciones estudiantiles– y esto como consecuencia de que por un corto periodo de tiempo creí en él, para verme desilusionado cuando lo conocí más a fondo. Esta persona joven, llamémosle Antonio Rodríguez, tiene alrededor de 25 años, forma parte de la alta sociedad y está muy bien conectado con personas tanto dentro del país como fuera y frecuentemente se toma fotos con líderes del mundo. Se cree un líder porque, desde adolescente, estuvo expuesto a cursos de liderazgo y que a sus 20 años escribió un libro en el que anexa mensajes de distintos líderes de México y del mundo para los jóvenes, buscando hacer énfasis en el cambio que nuestros coetáneos podemos lograr. Sin ser suficiente para él, decidió crear una organización con el objetivo de fomentar la investigación y el debate de propuestas para mejorar al país.

En apariencia –y es precisamente mi punto– Antonio es un ejemplo a seguir y un orgullo para México. Pero no es un líder verdadero, solo es un niño rico sin visión, un rico que quiere ayudar a los menos desafortunados desde su silla de oro. Una de sus mayores pretensiones es crear un espacio similar al que alguna vez existió en la ágora ateniense, donde todas las clases sociales se reunían a discutir los problemas de la ciudad para lograr una solución. Esto jamás lo va a lograr por que invita a la libre reflexión, pero realmente está predispuesto a la derecha y al catolicismo.

A los chavos de la U.N.A.M. les hizo el feo por sus propuestas de izquierda y a mí, en lo personal, porque le dije que no estaba de acuerdo con sus ideas, sin embargo, entendía su posición. Si bien recuerdo el documento que me pasó comenzaba muy bien, invitando a que reflexionáramos sobre la verdad de la vida, pero no pasó demasiado tiempo cuando leí y cito casi textualmente: “El mensaje está claro, Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados”. Después de que leí eso guardé un momento de silencio por la esperanza y fe que tenía en él. No sé ni por dónde empezar para refutar sus ideas y este espacio no me permite decir mucho, así que, solo digamos que si el mensaje de paz fuera tan claro, como afirma Antonio, muchas vidas no se hubieran juzgado de manera equivocada.

Y todavía tengo tela por cortar para Antonio, pero no suficiente para la columna así que debo terminar, pero antes de eso te quiero Antonio, mi nada estimado amigo, plantear un par de preguntas. Siendo el líder que eres y confiando en el potencial de todos los jóvenes, ¿Por qué no buscas también la opinión y el apoyo de jóvenes sin recursos y no tanto de jóvenes  de universidades prestigiadas?, ¿Qué acaso el propósito de la ágora ateniense no era integrar a todas las clases sociales?

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