Domingo, 21 de octubre de 2018

Juegos de poder: Gran incógnita y nuevas expectativas

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas (LEC)| 19 de septiembre de 2018

Estimados lectores, el nuevo panorama político quedó configurado después del 1 de julio. La decisión de los ciudadanos fue clara; no solo un cambio presidencial, sino un cambio de rumbo en el país.

Andrés Manuel López Obrador representa un escenario inédito en nuestra joven democracia. En donde la izquierda, junto a sus representantes, luego de constantes luchas que encabezaron por diferentes motivos en tiempos de un régimen dictatorial de partido único, hoy lograron llegar al poder de manera institucional, a través de los votos.

El PRI resultó el más perjudicado; para ellos no sólo fue una derrota política, sino también un veredicto del desempeño del presidente de la república Enrique Peña Nieto que se traduce en una desaprobación general a su administración, lo que coloca en una situación desfavorable al partido en el futuro gobierno.

El PAN resultó menos perjudicado, aunque la estrategia de Ricardo Anaya no sólo fracasó, también provocó una fuerte fractura interna que lo debilita como una opción de oposición frente a una mayoría abrumadora de MORENA en el congreso.

La magnitud del triunfo de López Obrador es que obtuvo en las elecciones treinta millones de votos; el 53% de los cómputos. Su partido obtuvo mayoría absoluta con 247 bancas y sumando las curules de sus aliados llegan a 307 en el congreso de los diputados, lo que garantiza gobernabilidad para su proyecto político. Aunque esto representa un arma de doble filo, ya que es un riesgo para el ejercicio del poder sin contrapesos y el surgimiento del autoritarismo.

Más allá de las razones de su victoria, lo cierto es que, a pesar de su discurso de conciliación, no duda en su apuesta por “cambios profundos” cuyos alcances son difíciles de medir. Por lo que la gran incógnita será su estilo de gobernar ¿Será la modernización con reformas sociales bajo la gestión de una izquierda responsable y socialdemócrata o estaremos frente a una nueva y peligrosa aventura populista de una izquierda autoritaria?

No hay certeza de los posibles escenarios, debido a que su discurso ha variado mucho, como consecuencia de ambigüedades. Intenta conciliarlo todo, pero a la vez no se decide por una postura definida en distintos temas, como es el caso del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Lo que es un hecho es que López Obrador todavía no gobierna de manera oficial, aunque en los hechos parece que sí, gracias a la cobertura mediática que recibe y su capacidad de poner sobre la mesa sus propuestas, planes y movimientos de su nueva administración, lo que ha desplazado completamente a Enrique Peña Nieto.

Por otra parte, Peña Nieto promociona su imagen y proyecta un discurso en donde ofrece su narrativa de la transformación del país durante su gestión, a través de una campaña publicitaria en medios. Sólo que en vez de ayudarlo, esta promoción lo perjudica dado el amplio rechazo a su trabajo en distintos sectores de la sociedad.

Esto se debe a que las reformas estructurales de poco sirvieron para resolver los grandes problemas como la inseguridad, la corrupción, el bajo crecimiento económico, el deterioro de la calidad de vida, además del vecino estadounidense que amenaza de manera constante a nuestro país con un TLCAN a medias después de un largo proceso de renegociación. La ineptitud, irresponsabilidad y arrogancia fueron los principales factores para la derrota definitiva del PRI en las elecciones pasadas.

Ahora la gran expectativa generada por López Obrador será puesta a prueba al heredar estos problemas que deben resolverse de manera seria y eficaz. No obstante, estas altas expectativas que  tiene pueden perjudicarlo a medida que reconozca que algunas de sus propuestas no se lleven a cabo o que su administración no se generen los cambios de fondo prometidos, por lo que debe de tener cuidado en lo que realice tanto en sus preparativos como en su mandato presidencial.

La sociedad civil, el sector privado y la prensa tienen el reto de preservar las libertades de una sociedad libre y democrática. Ojalá el presidente electo sea consciente del poder que ostenta en sus manos y que esta es una gran oportunidad para demostrar que en lugar de ser un gobernante populista, es un gobernante competente; de lo contrario sería un problema serio para México. Por lo pronto, debemos de estar atentos a los cambios que vienen para nuestro país.

 

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