Lunes, 10 de diciembre de 2018

Juegos de poder: El dilema migratorio

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas (LEC)| 24 de octubre de 2018

Estimados lectores, en los últimos meses hemos visto numerosos desplazamientos de personas en distintos rincones del mundo; las circunstancias en las que se ven obligados a abandonar sus lugares de origen han generado un drama migratorio a nivel internacional.

México no fue la excepción ante esta dura realidad que enfrentan otros países. La reciente caravana de migrantes provenientes de Honduras representa un reto logístico, jurídico y ético de gran magnitud.

El grupo de migrantes llegó a la frontera sur con Guatemala el domingo pasado; se calcula que en ella viajan entre 2,000 y 3,500 personas, cuyo objetivo es llegar a la frontera norte con los Estados Unidos. La caravana está aún a la espera de poder cruzar la frontera debido a las medidas de seguridad adoptadas por la Policía Federal, aunque hubo varios disturbios entre policías y migrantes a raíz de la insistencia de los viajeros para seguir con el trayecto.

La restricción a la circulación de los migrantes por las autoridades no es una acción gratuita, sino que se debe a que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha rechazado la acogida de estos migrantes. Considera que representan un “asalto” hacia el país por la frontera sur y amenazó con usar el ejército estadounidense para detener a este contingente.

Sin embargo, para Donald Trump esta situación representa un momento oportuno para justificar su discurso de xenofobia, antiinmigración y proteccionismo, para así obtener apoyo electoral de cara a las elecciones legislativas del 6 de noviembre. Por ello, resulta atractivo el uso de este discurso ante los votantes como estrategia para retener el control de ambas cámaras del congreso y así imponer su agenda populista, lo que se reduce a un burdo acto de campaña política.

No obstante los beneficios políticos para el presidente, la situación migratoria representa un dilema para las autoridades mexicanas ante el rechazo y amenazas que ha lanzado Trump; en su reciente mensaje de Twitter ha señalado que “Tristemente, parece que la Policía mexicana y el Ejército han sido incapaces de detener a la caravana”. El número cuantioso de personas que viajan en conjunto, en contraste con la reducida seguridad y capacidad del gobierno para manejar esta tarea con las herramientas a su alcance, pone en evidencia lo difícil de la situación.

La caravana de migrantes centroamericanos es un síntoma de una crisis migratoria a nivel regional, sumándose al éxodo de venezolanos y nicaragüenses que huyen de la represión gubernamental, la violencia y la miseria económica de sus países. Resulta preocupante que ante un flujo masivo migratorio surjan brotes de racismo y xenofobia en nuestro país, por lo que son necesarias medidas que resuelvan la situación de extrema vulnerabilidad de la que son objeto los migrantes.

Esta situación es aún más preocupante si se toma en cuenta que, de acuerdo a la ONG “Save the Children” se calcula que el 25% de los migrantes son menores de edad y viajan sin compañía. Aunado a esto están las precarias condiciones que padecen durante el trayecto y las amenazas a las que están expuestos; son objeto de extorsiones, asesinato, secuestro, violación, reclutamiento por el crimen organizado, trata de personas y discriminación, todas las cuales constituyen violaciones a los derechos humanos.

Las respuestas a este problema radican en medidas urgentes y coordinadas que se aborden mediante consenso internacional, teniendo como elementos importantes, organizaciones no gubernamentales (ONG), organismos internacionales y gobiernos de distintos países, con el objetivo de ser el resguardo del estado físico de los migrantes, garantizar su seguridad y regularizar su situación jurídica. Además, es necesario reformar las leyes migratorias para que ofrezcan orden y certeza jurídica a los migrantes que transitan por nuestro país.

La realidad es que el problema de la inmigración es sumamente complejo; un flujo migratorio masivo y descontrolado posee la capacidad de desestabilizar una región completa, como lo que ha sucedido en Europa en los últimos años con los migrantes sirios que huyen del conflicto armado. Lejos de ser una amenaza, sin embargo, los migrantes resultan positivos y son uno de los principales motores para el crecimiento económico, la generación de empleos y el enriquecimiento cultural. El principal reto es garantizar su seguridad en el trayecto y su inclusión a la sociedad, en caso de que permanezcan en el país.

 

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