Lunes, 10 de diciembre de 2018

Juegos de poder: Cultura letal

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas (LEC)| 15 de noviembre de 2018

Estimados lectores, la semana pasada ocurrió otro episodio de violencia en Estados Unidos; un hombre realizó una masacre que tuvo como resultado doce muertos y veinticinco heridos en un bar al sur de California en Estados Unidos. Además de esto, hace más de dos semanas se presenció uno de los hechos más violentos contra la comunidad judía en la actualidad: un hombre perpetró una matanza en una sinagoga que dejó once personas asesinadas en Pittsburgh.

En lo que va del año se han contabilizado 12,764 muertes en Estados Unidos por armas de fuego, de acuerdo con la organización no gubernamental “Gun Violence Archive”. Adicionalmente, según el Congressional Research Service, Estados Unidos es el país que tiene más armas por habitante en el mundo, con el 48% de los 650 millones de armas existentes en el país, en poder de los civiles.

Estas cifras no representan una casualidad; Estados Unidos tiene consagrado, como derecho fundamental en su segunda enmienda, la libre portación de armas en su constitución. Recientemente, incluso, el presidente Donald Trump firmó una medida en febrero de 2017 que eliminó la regulación de acceso de armas a personas que cuentan con antecedentes de trastornos mentales.

Ante este panorama, resulta preocupante que en un país desarrollado como Estados Unidos los ciudadanos vean a sus habitantes morir asesinados a manos de sus compatriotas armados, sin requerir de la presencia de un conflicto armado o una crisis de seguridad, como sucede en otros países. Las personas tienen mayor probabilidad de morir en tiroteos masivos si están en el trabajo o en la escuela, y las armas usadas en ataques usualmente son rifles de asalto automáticos.

Lo insólito es que, de acuerdo con una encuesta realizada por el Pew Research Center, más del 30% de los estadounidenses declaró que alguien en su casa tiene un arma, el 49% dijo que la mayoría de sus amigos o conocidos poseen armas; para los propietarios de armas de fuego, el 74% opina que es un derecho esencial, a diferencia de los que no cuentan con un arma, con un 35%.

Asimismo, cuatro de cada diez personas dijo que a veces ven programas de radio y televisión sobre las armas y finalmente, mientras el 60% de las personas que no cuentan con armas considera que la violencia armada es un gran problema en ese país; sólo el 30% de quienes son tenedores opina lo mismo.

Los demócratas, quienes recientemente ganaron la mayoría de los escaños en la cámara de representantes, cuentan con una agenda social que incluye reestablecer las regulaciones en la adquisición de armas. Sin embargo, los republicanos, opuestos a esta visión, tienen el control del senado, por lo que las iniciativas encaminadas a un control más estricto se enfrentan a fuertes obstáculos para su aprobación.

La falta de controles rigurosos para la venta de armas, las visiones distintas sobre el derecho de poseer armas por parte de los demócratas y republicanos, el entorno social donde adquirir un arma es la norma y la facilidad de comprarlas en el mercado son los factores principales del problema de los tiroteos masivos en Estados Unidos.

Una posible solución sería ver el ejemplo de Australia, donde se han podido reducir al mínimo los incidentes por uso de armas de fuego. Una masacre en la localidad de Port Arthur ocurrida en 1996, donde fallecieron 35 personas, causó conmoción y expuso el problema de fondo. Antes de este incidente hubo 11 tiroteos masivos, con características similares a los que ocurren en Estados Unidos.

La manera en que las autoridades australianas enfrentaron el problema fue a partir de restricciones para la adquisición de armas, el establecimiento de un sistema estándar de licencias, una campaña masiva de recompra de armas semiautomáticas, rifles y escopetas (sin represalias) con el objetivo de sacarlas de circulación, y posteriormente, su prohibición en venta y posesión.

Los resultados a diez años de implementar estas medida indicaron que los homicidios por arma de fuego cayeron 60% y las tasas de suicidios bajaron aún más, al 65%. Los hechos demuestran que entre mayor control de portación de armas, mayor seguridad se brinda hacia los habitantes, gracias al consenso político y la concientización en la sociedad.

Si bien Estados Unidos podría adoptar algunas de estas medidas, será difícil su implementación debido al entorno social y político en el que se desenvuelve. Por ahora, las personas todavía están expuestas a esta amenaza que ronda en casa y pone en peligro sus vidas.

 

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