Interpersonal: relaciones internacionales

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Galo Delgado (LRI)

Llegamos al final de mi intervención y me parece oportuno tocar un tema fundamental como lo son las relaciones internacionales; y es que este es el gran tema que me trajo aquí, a ser el alumno de Sociología de la UNAM disfrazado de alumno del Tecnológico de Monterrey. Es el tema que me llevó a la sociedad, el título que me trajo a pensar en lo que hago constantemente, en las consecuencias. Por eso y muchas otras cosas más, me encantaría dedicar esto a algo que amo tanto como para estudiarlo la vida entera.

¿Qué son? Celestino del Arenal (1987) dice que son relaciones que trascienden de un factor específico. Es una intersección entre lo social, lo cultural, lo económico, religioso, ambiental, físico, espiritual, etc. Esto en escenarios que se dan en su principal objeto de estudio: la sociedad internacional. En el escenario hay actores protagónicos y secundarios; esto depende de qué tanta indiferencia tenga un actor en la dinámica dada. Las dinámicas entre actores tienen que afectar la realidad aparente de la sociedad internacional y con eso entra al tema de las relaciones internacionales.

Existen Relaciones Internacionales y relaciones internacionales. La primera se refiere a la disciplina de estudio, la que te lleva a generar hipótesis, teorías, ciencia. La segunda hace referencia a estas dinámicas entre actores. Los actores van desde un individuo hasta una entidad, como lo puede ser un Estado, una institución u organización, una empresa o un cartel. Las dinámicas son muchas y cambian constantemente.

El primer detonante fue la guerra, los internacionalistas queríamos entender cómo se generaba para así poder controlarla o evitarla. No tardamos en ir más allá, a los orígenes y a las raíces. ¿Será la economía global?, ¿será la división del trabajo?, ¿será el género?, ¿la colonización?, ¿el existencialismo?, ¿el miedo?, ¿la felicidad?

Si de algo estamos seguros en el desarrollo actual del estudio y teorización de las Relaciones Internacionales, es que absolutamente todo repercute a la célula más pequeña de nuestra sociedad internacional: el individuo. Sea en grupo, sea en comunidad, viéndolo como tejido social o como ser humano, el individuo siempre está presente y se mantiene en esta jerarquía mínima y pesada que la sociedad internacional lo hace cargar.

¿Podríamos verlo de forma más endógena? La verdad es que valdría la pena poner al individuo en la punta del sistema, ¿pero qué no se supone que lo está? Suponemos desde sociedades muy occidentales que el individuo es lo más importante, que no entendemos la vida económica, social y cultural de otra forma. Pero no nos detenemos a pensar en los demás, en lo que pasaría si invirtiéramos nuestra forma de relacionarnos.

Mi esperanza en las relaciones internacionales ­­ –y repito, desde mi trinchera– es que en algún lugar en el mundo sí existe algo parecido a lo que he pensado. Un lugar en donde nos ocupemos por realzar y dignificar lo que hacemos, no solo hacer las cosas para tener un incentivo personal de chingarnos entre nosotros. Llámenme Marxista, idealista, extremista o como quieran, pero creo que eventualmente, las personas que han sido silenciadas por siglos, podrán hablar sin importar su condición socioeconómica, sexo, religión, género u orientación. Y, a pesar del peso del sistema que nos oprime todos los días, encontraremos una rendija para que nuestras exigencias por una balanza de oportunidades sea más justa. Porque la sociedad internacional es un objeto en constante cambio y, sobre todo, que se reconfigura de tiempo en tiempo. Espera y verás.

 

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