Interpersonal: identidad

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Galo Delgado (LRI)

Esta columna es especial ya que no estaba programada desde el inicio. Surge de la necesidad, de la visión subjetiva del autor de esta columna, quien los ha acompañado a ustedes desde el principio. En el Tecnológico de Monterrey nos encontramos en una evidente crisis, una suerte de disyuntiva que no es casual y que necesita ser abordada desde distintos enfoques. Desde la visión académica resuenan temas estructurales con respecto a la institución en general. Desde el lado estudiantil, los temas que resuenan son ideas que, aunque vagas, tienen una raíz profunda. Algo que se comprende, pero que no se entiende. Esta columna está dirigida a toda persona de la comunidad Tec que alguna vez se ha detenido a preguntarse: ¿qué es ser Tec?

Judith Butler, la referencia contemporánea obligada para quienes quieren saber “algo” sobre género, menciona en su libro El género en disputa (2007) que la “reiteración paródica del género presenta la ilusión de la identidad de género como una profundidad inmanejable […] Como consecuencia de una performatividad sutil y políticamente impuesta, el género es un acto”. Con esto, no quitando el dedo del renglón con respecto al género, Butler nos presenta la primera variable: el género como parte de la identidad. Antes de continuar, después de esta exposición teórica, tenemos que cuestionarnos ¿qué es la identidad? ¿cómo se construye? ¿se genera o está presente todo el tiempo?

“Las identidades se constituyen dentro de la representación. Se relacionan tanto con la invención de la tradición como con la tradición misma, y nos obligan a leerla no como una reiteración incesante sino como lo mismo que cambia” (Gilroy, 1994). Las identidades surgen de la narrativa, de eso que sucedió y que sucede. “Precisamente porque las identidades se construyen dentro del discurso y no fuera de él, debemos considerarlas producidas en ámbitos históricos e institucionales específicos en el interior de formaciones y prácticas discursivas específicas, mediante estrategias enunciativas específicas” (Hall, 2003).

Erving Goffman, sociólogo canadiense, nos dice que generamos identidad para categorizarnos socialmente: “la sensación de ser una ‘persona normal’, un ser humano como cualquier otro, un individuo que, por consiguiente, merece una oportunidad justa para iniciarse en alguna actividad; esto puede ser uno de sus más profundos sentimientos acerca de la identidad”. Pero ¿qué pasa cuando no nos sentimos normales? ¿qué pasa cuando no somos parte de la narrativa? cuando no somos parte de los grupos sociales que tienen el poder de modificarla. El mismo Goffman nos invita a separar la definición que Giddens (1994) nos da sobre identidad –la cual habla sobre una identidad más individual–. Erving nos habla de una identidad social.

Teniendo estas nociones básicas, de lo que es la identidad para, por lo menos, estos tres autores referentes ¿a qué conclusiones podemos llegar? Más bien creo que podemos dirigirnos a más preguntas. Una de las cosas que más me llama la atención de la narrativa que intentan crear desde la rectoría del Tecnológico de Monterrey –o por lo menos desde los discursos de quienes estaban subordinados a David Noel y a Rangel Sostmann– es que “el Tec es como un parque de diversiones” que en general, cuando vamos a parques de diversiones, solemos disfrutar por un mínimo momento de la vida para después recordar como una imagen, estática, inamovible. Me pregunto ¿qué pasó en el Tec en 1945? y ¿en el 74? ¿qué tal en el 2010? y en ¿1968? ¿Cómo construyo el Tec como estudiante? ¿Más allá de mi vida? ¿Qué significo para el Tec de Monterrey?

No es grupos estudiantiles, eso afecta a personas externas mediante servicios sociales, y tal vez afecta a nuestro crecimiento personal, de liderazgo. Pero ¿y al Tec? ¿Cómo aporto a la construcción institucional del Tec? Personalmente, no se me ocurre ni una sola cosa. No tengo inferencia como alumno, en ninguna cuestión de narrativa histórica en el Tec. Imaginen: si ni siquiera se nos anima a saber los sucesos que han pasado en nuestro Campus Monterrey, de aquí a que nos animen a participar como engranaje institucional y no como cliente…

Referencias

Butler, J. (2007). El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad. Paidós.

Hall, S. (2003). Introducción: ¿Quién necesita identidad?. Cuestiones de identidad cultural, 13-39.

Giddens, A. (1995). Modernidad e identidad del yo: el yo y la sociedad en la época contemporánea. Barcelona. Península.

Gilroy, P. (1994), The Black Atlantic: Modernity and Double Consciousness, Londres: Verso

 

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