Hechos para romperse

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Poco se cuestiona sobre la vida de los productos que compramos; pero, hubo un momento donde no era común desecharlos tan rápidamente.

 

Fuente: The New York Times

Por Ricardo Cázares (ITC)

 

Antaño, los bienes producidos estaban diseñados para ser duraderos, como: las navajas de afeitar – remplazadas por las desechables – y los muebles del hogar (que solían durar toda una vida). Ahora, parece que los productos duran menos, se rompen más rápido y se ven remplazados por otros más actualizados.

Actualmente estamos en una economía basada en el consumo y descarte de los bienes que adquirimos. La ropa es remplazada cada temporada; y ni si quiera nos limitamos únicamente a “Otoño-Invierno” y “Primavera- Verano”, sino a 52 temporadas por año.

Los teléfonos inteligentes son actualizados cada año y a veces con mejoras mínimas, pero poderosas como para convertir a su predecesor en un dinosaurio.

La vida de los productos puede ser muy amplia debido a las capacidades ingenieriles que posee actualmente la humanidad. Por ejemplo, está el foco Centenario, inventado por Adolphe Chaillet, que está encendido desde hace 115 años. Eventualmente, El cartel “Phoebus” (conformado por Osram, Philips y General Electric) diseñaron una estrategia en conjunto para limitar la duración de los bombillos a 1,000 horas. (Kessler y Brendel, 2016).

Según la investigación de Kessler y Brendel, existen tres formas de obsolescencia programada. La obsolescencia cualitativa, psicológica y tecnológica.

La primero y la más notoria, es la obsolescencia cualitativa, que se refiere a una duración de vida limitada o irreparable. Esta se puede percibir en productos hechos para tirarse, como las planchas de ropa baratas ( que difícilmente alcanzan dos años de vida) o inclusive en productos de gama alta, como los teléfonos inteligentes, donde su dificultad para reparar su batería o carcasa provoca que no exista la libertad de tomar la decisión de comprar uno nuevo o quedarse con un dispositivo inservible.

La obsolescencia psicológica es una de las estrategias más poderosas del marketing; porque convence a las personas de remplazar sus bienes en perfecto estado por las nuevas actualizaciones. Es muy fácil vender los mismos productos al público si cada vez se le diseña una apariencia renovada. Esto ocurre muy seguido en la industria automotriz. Aunque la tecnología de seguridad y consumo de gasolina se ha visto fortalecida año con año, la gente difícilmente notaría la diferencia si el exterior del vehículo fuera el mismo; principalmente, porque las mejoras son internas.

Por último, el avance y las innovaciones en la tecnología también generan un tipo de obsolescencia. Es normal que las nuevas tecnologías vayan remplazando a las anteriores; sin embargo, cuando éstas suceden a un ritmo apresurado o donde las mejoras no suponen un cambio verdadero, es importante cuestionarse si vale el desembolso. Existen muchos escenarios donde las innovaciones tecnológicas realmente no causan un cambio considerable. Por ejemplo, antes los teléfonos inteligentes tenían una cámara; ahora ya tienen dos cámaras, pero ambos toman fotografías esencialmente iguales.

“Apple podría estar intencionalmente desacelerando los iPhone con cada actualización de iOS. Debido a que con cada nueva versión del Sistema Operativo exige más en dispositivos antiguos con menor potencia. Las tendencias de Google fueron analizadas para investigar la frecuencia donde la gente buscaba “iPhone lento”; altas frecuencias fueron encontradas después de los lanzamientos del iPhone”  menciona Kessler y Brendel.

Ha habido muchas críticas acerca de la innovación real del iPhone en los últimos años. El iPhone 6 trajo una pantalla más grande y de mejor calidad; además de procesadores actualizados. El iPhone 6S mejoró los materiales del aluminio, incluyó 3D Touch y más mejoras internas. El iPhone 7 introdujo un nuevo acabado, mejoras internas, una pantalla más brillante y resistencia al agua. Sin embargo, la experiencia de uso entre estos dispositivos no es muy diferente. Los tres son rápidos, son altamente compatibles y tienen una pantalla impresionante.

El dilema con las innovaciones en los microprocesadores es si realmente representan un cambio significativo. Según la web de Apple, el iPhone 7 es dos veces más rápido que el iPhone 6. En comparación con el 6S, sólo le ha ganado por 12  segundos en pruebas de mundo real (como abrir múltiples aplicaciones y navegar en internet) algo casi imperceptible para los usuarios.

El autor Rudi Kurz atribuye parte de la culpa al consumidor. Argumenta que, debido a la relación costo-calidad, los productos duraderos no han sido promovidos por el mercado; donde una mayoría prefieren los costos bajos que mayor calidad.

El mayor reto es regresar a lo vintage. Aquella economía donde los bienes eran diseñados para durar y no para usarse por un periodo limitado; donde las compañías eran éticas y no alteraban intencionalmente la vida de sus productos; cuando podías confiar en el renombre de una gran corporación que aseguraba su calidad.

Esto no sólo afecta la cartera de los consumidores; sino, al medioambiente. En una economía de descarte sin contemplar el reciclaje  y el destino de la los productos después de su vida funcional, es una bomba de tiempo, que a la larga generará problemas ambientales.

La obsolescencia programada es una estrategia para jugar con los consumidores e imponerles gastos innecesarios a través de manipulación psicológica, reducción de la vida de los productos y una acelerada innovación. La tecnología actual permite crear bienes muy duraderos. Sin embargo, la prioridad de muchas empresas no es producir el mejor producto; sino, estudiar cuánto está dispuesto a pagar un cliente por un producto diseñado para romperse.

 

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