Hebras de paz: Daniel Naranjo

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Galo Delgado (LRI) | 5 de febrero de 2018

Sin duda vivimos en una sociedad estigmatizada por ciertos estereotipos. Categorías que dejan de lado a muchas personas, ya sea por su color de piel, su origen, sus ideas, sus preferencias o su identidad. Lo que impulsa a la maquinación de esta columna es la necesidad de deconstruir lo aparentemente normado y de evidenciar el cambio; ese cambio que muchas veces no percibimos y que siempre está ahí, escondido a la cara de una persona extraordinaria que por lo general tiene un pensamiento crítico desarrollado y experimentado; que impulsa a las demás personas a luchar por la justicia y la transformación social.

¿Qué detona lo que se escribirá aquí? En el marco del 4.° Congreso Internacional de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey tuve la oportunidad de tener un acercamiento importante con las y los profesores involucrados en distintos campus con la Cátedra UNESCO para estudios de Ética y Cultura de Paz para el alcance de los Derechos Humanos. Ahí descubrí el proyecto con el que está vinculado este escrito, Hebras de Paz. ¿De qué va? Como se describe propiamente en la página de la asociación: “democratizar el recurso al pasado al abrir una vía de acceso a él a través de la memoria comunicativa de cada ciudadano, contribuyendo así́ a que el pasado sea de todos y no apropiable por un grupo dominante para ponerlo al servicio de sus intereses”.

¿Qué pretendo hacer aquí? Pretendo mostrarles las hebras que transforman nuestro campus todos los días. “Las hebras de paz son esos actos, la mayoría de las veces pequeños y casi imperceptibles pero otras veces desafiantes e incluso heroicos, que, en tiempos o situaciones marcados por el horror, terror, violencia letal o flagrantes injusticias, tienden una mano para ayudar”. Dicho esto, les presento a la primera persona que me encontré en el camino en busca de desentrañar estos actos.

Su nombre es Daniel Naranjo, es un estudiante de Derecho, en octavo semestre de la carrera. Antes de entrar a estudiar en Campus Monterrey Daniel tuvo un accidente. “Una mañana de jueves 7 de marzo del 2013, iba para la prepa, en una avenida que se llama Benito Juárez y agarrando una curva se me salió la llanta con todo y rin y tuve una semivolcadura […] me lesioné la médula en sexta y séptima cervical, me tuvieron que hacer una operación que duró 9 horas […] quede parapléjico y con un pronóstico de que ya no recupera nada más”, menciona Daniel.

A pesar de cualquier pronóstico, Daniel pudo volver a caminar con ayuda de un bastón de apoyo y esto le permite andar por el campus para asistir a sus respectivas clases. A mitad del mes de enero del 2018, acompañé a Daniel en un paseo por el campus, más o menos el recorrido que haría de extremo a extremo, desde el sótano de Centro Estudiantil hasta la salida del ExpresoTec en CIAP.

“¿Cómo pretendes tú como campus, que tú como institución quieran ser inclusivos en temas como la identidad de género, que son temas extremadamente complejos, si no pueden con algo tan sencillo como lo motriz? […] ¿Cómo quieres llegar a un nivel de inclusión muchísimo más abstracto como la identidad de género si no puedes con lo físico?”, me dijo.

Mientras comenzamos por la rampa que lleva del sótano a Centro Estudiantil, Naranjo empezó a decirme algunas de las deficiencias que él ha notado. En primera, expondría que las escaleras cortas –de uno o dos escalones– no tienen barandal para las personas que necesitan apoyarse en algo para bajar o subir. Otra cosa sería que en Aulas VII el elevador para personas con discapacidad no funciona y es muy viejo, “a veces hasta se atora”, señaló.

Daniel me hizo notar el apoyo que el Departamento de Campus Accesible brinda, el cual describe como “impecable” ya que lo ayuda a tener todas sus clases de todos los semestres en un mismo piso –el cual tiene que ser el primero– y en unas mismas aulas –que por lo general son las de Aulas IV–.

“No me molesta, pero necesitas hacer ver que el Tec presume lo que no tiene”, refiriéndose a los espacios de inclusión.

Al pasar por la biblioteca Daniel aprovechó también para comentar por qué este nuevo edificio no está planeado “para nada” pensando en la inclusión. “No tiene baños en todos los pisos, deja de ser incluyente desde que tienes que tomar dos elevadores distintos para subir a distintos pisos”.

Con gran valentía, todos los semestres Daniel intenta tener una oportunidad de cambiar las cosas. Cada semestre envía en la ECOA comentarios que jamás han sido respondidos. Él pregunta al Rector y a los Jefes y directivos de zona si algún día el campus será más inclusivo. Quisiera aprovechar este espacio para hacerlo de forma más pública y brindar un acercamiento a lo que espero sea una oportuna respuesta.

Antes de concluir la conversación, le pregunté qué cambiaría si fuera presidente del consejo del Tec de Monterrey, a lo que contestó: “Yo me formaría de expertos respecto a arquitectura integral, que se hace para que todo mundo se pudiera utilizar de la mejor manera […] haría que el campus se reestructurara en su infraestructura para que sea inclusivo para todo mundo. Para personas con discapacidad motriz, para personas ciegas y para cualquier tipo de discapacidad”.

 

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