Fragmentos de opinión: el apego a los objetos

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Lorena Martínez Lombard (LMI)

La semana que entra me mudo de casa. Por un lado, ha sido una experiencia agonizante ver los obsequios de mi casa transformarse en cajas de cartón. Los tesoros que he ido acumulando durante años pierden su figura; se convierten en formas cuadradas, tonos cafés y memorias monótonas. Uno sobre otro, las cajas se van acumulando en una torre de recuerdos sin sentido, un almacén de valores perdidos.

Por otro lado, ha sido refrescante deshacerme y reencontrarme con objetos de mi pasado –una especie de catarsis–. Memorias cuya existencia había olvidado surgieron de su estado durmiente, acompañados por una explosión de emociones: aflicción, nostalgia, melancolía.

Cada objeto que me encuentro durante el arduo proceso de empacar mi cuarto simboliza algún paso en la transformación hacia mi “yo” de hoy en día. Es decir, de alguna manera, cada carta, cada libro, cada pedazo de joyería tiene impregnado rastros de mi personalidad. Uno por uno, los obsequios de mi cuarto cuentan una historia de la persona que he llegado a ser: reflejan un pedazo de mi esencia.

Mis almohadas, por ejemplo, simbolizan mucho más que un pedazo de algodón que uso para dormir. Son objetos en los que he apoyado mi cabeza mientras lloro, reflexiono o sueño. Están cargados de historias y recuerdos. Mis sudaderas representan la frescura de una mañana serena, en la que salgo a mi patio con mi taza de café a escribir. Mis perfumes son fragancias que utilizo después de un día largo en el trabajo, con los que estoy lista para salir a bailar. Mis velas simbolizan momentos de sosiego, en la que me tomo unos minutos para meditar.

Pero a fin de cuentas, al llegar a mi casa nueva abriré las cajas, organizaré mis cosas y, junto con nuevos obsequios, iré aumentando y complementando las memorias de mi habitación. Mi armario contendrá el saco que usé mi primer día de trabajo, el collar que me regaló un examorío, y la sudadera que compré junto a mis amigas en Nueva York. Pero pronto, este mismo armario estará lleno con la ropa de nuevas memorias: la blusa que usaré para la foto de mi título de graduación, el vestido que me pondré en la boda de mi mejor amiga, los tenis blancos que usaré para viajar por el mundo.

Mis muebles estarán repletos de títulos y autores que tanto me ayudaron a comprender la transición hacia la adultez: Kundera, Woolf, Rulfo, Murakami. Pero en pocos años, en este mismo librero desde una distinta habitación se encontrará a Bolaño, Kerouac, de Beauvoir. Novelas que me acompañaron en memorias tristes, memorias alegres, memorias por venir.

Y así, a cada decoración de mi cuarto le iré agregando recuerdos, historias, risas, nostalgias, emoción y vida. Al ritmo en el que crezcan mis pequeños tesoros iré creciendo también yo. La memoria de mi Nikon se llenará con fotografías nuevas, las hojas de mi cuaderno pronto estarán saturadas de dibujos y opiniones, se acabará la tinta de mis plumas, la cera de mis velas, la fragancia de mis perfumes. Y yo, a cambio de todo esto, me iré transformando en una nueva versión de mí –una visión más completa, dinámica, diversa–.

Me causa algo de conflicto la frase “lo material no importa”. Porque lo material, de cierta manera, es lo que refleja los fragmentos de nuestro crecimiento personal. Hay un valor que proyectamos en cada objeto guardado en nuestra habitación. Por eso esta mudanza significa algo tan elemental para mí: es una manera de volver a conectarme con los recuerdos de mi pasado. Me permite una introspección hacia la persona que he llegado a formar. Y por otro lado es un nuevo comienzo, una oportunidad para dejar ir las memorias que ya he superado, librarme de objetos que ya no tienen lugar en mi presente. Estas torres de caja sobre caja pronto serán acomodadas a mi gusto.

Es una limpieza física, sí, pero también es una limpieza espiritual. Estar en sintonía con tu pasado. Ir construyendo tu futuro. Y observar cómo estos dos se complementan a través de objetos, recuerdos, y crecimiento personal.

 

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