Fragmentos de opinión: amor propio

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

How much better is silence; the coffee cup, the table.

How much better to sit by myself like the solitary sea-bird

that opens its wings on the stake.

Let me sit here for ever with bare things,

this coffee cup, this knife, this fork, things in themselves,

myself being myself.”

-Virginia Woolf, The Waves

Por Lorena Martínez (LMI)

Hablemos del amor.

El amor, un concepto tan extenso. La noción con la que los humanos estamos tan obsesionados: el amor monógamo, poliamor, amor a larga distancia, amor sano, amor tóxico, amor homosexual, amor heterosexual, amor, amor, amor.

Cada tipo de amor con un simple (no tan simple) motivo: encontrar la felicidad.

Sin embargo, si el máximo objetivo es encontrar la felicidad, entonces a los libros, el cine, las obras, las series, se les está olvidando hablar del amor más fundamental: el amor propio.

Probablemente todos hemos escuchado la frase “un clavo saca otro clavo”, o en otras palabras: “un nuevo amor para olvidarte del antiguo amor”. ¿Como si las personas necesitáramos una pareja para ser felices? Como si no pudiéramos encontrar la felicidad en nosotros mismos.

Es por esto que he decidido hablar del amor propio.

El amor propio va de la mano con el auto-cuidado de uno mismo. Consiste en conectarte con tu persona a través de acciones relacionados con autovaloración, felicidad y amor hacia tu manera de ser. Hacer lo necesario para estar feliz con tu ser, sin atarte a otras personas. El amor propio es el camino hacia la felicidad que uno tiene que abarcar a su paso, a su manera y consigo mismo.

El amor propio, por definición, reprocha el condicionamiento de nuestra felicidad al hacerlo depender de alguien más.

Un pensamiento erróneo es que los humanos necesitamos la constante compañía de alguien más para estar completamente contentos. Este pensamiento lo considero anticuado y algo tóxico, ¿pues por dónde encuentra uno su felicidad si no es a través de sí mismo? Para lograr sentirnos felices con alguien más, tenemos que comenzar por ser feliz individualmente. Una felicidad que depende puramente de nosotros mismos, libre de pretextos, condiciones o ataduras.

Los domingos por la tarde normalmente manifiesto el amor propio cuando me entra el vacío dominguero. Estos días adopto la tendencia de ir a una librería a comprarme una novela. A veces, para variar, me compro flores, y otras veces salgo a correr.

Pasando el rato a solas he comprobado que no necesito la compañía de una segunda persona para estar contenta. Comprendí que esta reflexión ha desarrollado una confianza en mi manera de ser. Hacer planes en mis fines de semana, responder a un mensaje, invitar a alguien a salir – de repente estas decisiones me parecieron tan pequeñas y poco amenazantes. Sea cual sea el resultado, al final del día tengo el placer de disfrutar de mi propia compañía.

Apuesto que todos nos hemos llegado a sentir abrumados por el ruido de la vida: las rutinas, normas, apariencias. El hartazgo de siempre complacer a otros, de seguir un estándar social acerca de cómo deberíamos actuar – como si la sociedad nos entregara una guía de cómo encontrar la felicidad: estudia, trabaja, cásate, ten hijos. A veces es necesario alejarnos de tanto ruido, frenarnos a pensar: “¿realmente estoy haciendo lo que me hace feliz?”.

Exploremos nuestra propia felicidad.

La clave está en encontrar las cosas (por más grandes o pequeñas que sean) que nos quiten el mal gusto del vacío. Saber reconocer situaciones que nos hagan sentir en paz, y apegarnos a ellos. No existe egoísmo en darnos valor.

Solo al construir valor hacia nosotros mismos seremos capaces de radiar amor y felicidad en otros.

 

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