Entre ser y no ser: Un monstruo me atormenta… la productividad

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Brenda Guerra (IMI)

Mi hermano menor siempre ha sido muy dado al autoaprendizaje. Cuando tenía seis años, decidió aprender a andar en bicicleta por su cuenta. Primero nos causaba cierta gracia, lo veíamos correr de un lado a otro, junto a la bicicleta sin parar, sin comprender cómo es que aprendería sin subirse de hecho, al artefacto. Lo dejamos estar cuando nos aburrió verlo repetir aquella rutina y cuál fue nuestra sorpresa, cuando una semana después, lo veíamos andar de un lado al otro, esta vez sobre la bici, a toda velocidad.

No fue un hecho aislado, pues el niño repitió aquella hazaña muchas veces más. Cuando empezó a jugar futbol y Ronaldinho aún era alguien importante, pasaba horas viendo sus trucos en la computadora, intentando repetirlos y nos sorprendió cuando lo vimos hacerlos en alguno de sus partidos. Cuando le gustaban las luchas y le compraron sus figuras de acción, comenzó a hacer videos en stop motion, recreando las batallas en la arena especial que hizo con legos y VHS. Todavía no comprendo cómo un niño de 9 años podía hacer eso, y solo. No conforme con todo eso, aprendió a patinar, a hacer trucos impresionantes con su patineta y a tocar la guitarra viendo videos en Youtube.

No es sólo que haga muchas cosas, sino que suele ser demasiado bueno en todas ellas. Supongo que es porque practica como loco. Aun hoy, cuando voy de vacaciones a mi casa, lo escucho pasar horas y horas en su cuarto, tocando la misma canción una y otra vez, hasta que está satisfecho con el resultado. Yo por mi parte, paso el mismo tiempo en Facebook, o pensando en tonterías que no aportan nada ni a mi vida, ni a la sociedad.

En alguna de mis clases, uno de mis maestros se refirió a la productividad como un invento que inquieta. ¿Por qué se supone que debemos ser productivos?, preguntó, y como hacen muchos profesores, dejó esa pregunta en el aire y prosiguió con sus cosas. La gente normal ignora el comentario, pero yo me quedé pensando. ¿La productividad es un invento, o de verdad venimos al mundo a hacer cosas que sirvan de algo?

Yo creo que la productividad, invento o no, es un monstruo que mortifica. No es que la productividad en sí sea abrumante, claro que no, pero no ser productivo, la mayor parte del tiempo, nos hace sentir mal. Por lo menos a mí, cada vez que uso mi tiempo en cosas como ver videos de Youtube, leer mangas o sólo pensar, siento que no estoy haciendo nada. Es decir, que no estoy siendo productiva y que, por lo tanto, lo que sea que esté haciendo no vale la pena y debería sentirme avergonzada, sobre todo cuando allá afuera, hay gente como mi hermano, que está haciendo cosas.

Todos los días quiero hacer cosas y resulta que “no tengo tiempo”, entonces postergo los pendientes para cuando se dé el momento adecuado, porque la media hora que tengo libre no es suficiente para lo que quiero hacer, necesito dos. Entonces desperdicio 4 medias horas en 4 días, es decir, las 2 horas que necesito, en cosas banales y sin sentido. Cuando pienso en ello, antes de dormir, me atormento, sufro, me siento mal y me propongo hacer algo distinto al día siguiente. Pero nada cambia y de nuevo me envuelvo en ese juego horrible, en el ciclo sin fin.

El año pasado, en septiembre, me compré una libreta para empezar un bullet journal. En mi cumpleaños voy a cambiar, pensé. Pero se me fue el mes y no lo empecé y después se me fue el año, y me propuse mejor empezar todo en enero. Sobra decir que ya estamos a mitad de febrero y la libreta sigue arrumbada en mi escritorio sin hacer nada. Y cada que la veo me siento terriblemente culpable, pero no hago nada al respecto…

Este semestre, me toca hacer mi proyecto final de la carrera, es algo así como una tesis, pero más divertido, puesto que puedes hacer lo que se te antoje. Yo me propuse hacer un EP con mi música (porque resulta que soy “artista”) y se supone que, al no haber maestro, ni horarios de clase, ni nada, tú tienes que organizarte sola. Como supongo que adivinaron, aún no tengo nada resuelto. Pienso que no puedo empezar hasta que no tenga listo lo del bullet journal, para “organizar mi vida”.

Total, que me la paso poniendo pretextos ridículos para evitar hacer las cosas. Esta columna, por ejemplo, la escribo a media noche, con mis párpados queriéndose cerrar y ese sentimiento que se tiene cuando se quiere terminar algo, y ya da igual si está bien o no. En resumen, que no estoy transmitiendo mi mensaje de la forma que me gustaría y me odio por eso, porque el tema de la misma, es algo que he tenido en mi cabeza desde hace mucho, pero que no me ponía a escribir por mis estupideces. A veces me pregunto si acaso habrá algo diferente en mi cerebro y el de mi hermano, como intentando encontrar una explicación a mi falta de constancia.

Reflexionando con mi hermana, sobre el asunto de mi hermano y lo mal que nos hace sentir por no ser tan “productivas” y “constantes” como él, le dije: Debería darme vergüenza, mi hermano menor hace cosas con su vida, y yo soy una papa. A lo que ella respondió: Si tú eres una papa, yo soy el brote feo que le sale a la papa cuando se pone asquerosa. Y me reí tanto, que casi me pongo a llorar…

Tal vez ser productiva no sea un fin en sí mismo, pero sí es un medio para alcanzar aquello que llamamos “metas”. Tal vez no está mal pasar horas sin hacer nada, pasar por la vida simplemente viviendo, de la manera más rudimentaria. Tal vez no debería atormentarme y tal vez algún día podré cambiar. Pero de momento, la posibilidad no me conforta y la productividad me mortifica. Como si el coco de la infancia, se hubiera vuelto la productividad (o falta de), de la adultez.

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