Entre ser y no ser: La última y nos vamos (una larga despedida)

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Brenda Guerra (IMI)

«I tried to work it away.

But that just made me even sadder»

–Solange, ‘Cranes in the sky’

 Antes de cualquier cosa, advierto que esta columna será más larga de lo normal, también, que probablemente nada tendrá sentido. Así que, si no quieren aburrirse, son libres de dejar de leer en este preciso instante. Pero si están dispuestos a ofrecerme un poco de su tiempo, por última vez. Aquí vamos…

Cuando estaba en segundo semestre, envié mi idea para una columna en NP. La columna se llamaba ‘Entre ser y no ser’ y hablaba de lo mismo que hablo siempre (porque no sé escribir otra cosa), pero de una forma bastante sosa y sin gracia (pues intentaba conscientemente ser graciosa). En aquel entonces, quizá por la ingenuidad de mis 18 años, creía que aquello era una pieza magistral en lo que a columnas de opinión respecta, y que no había nadie más interesante, graciosa y digna de ser leída que yo. Me contestaron que “gracias, pero no gracias” y me ofendí completamente. Dejé incluso de escribir para NP por un tiempo, puesto que no tener mis grandiosas notas les iba a doler, y esa sería mi venganza perfecta.

Tiempo después superé mis ideas delirantes de esa edad y me volví un poco más objetiva. Aprendí que los primeros semestres de la carrera no se deben tomar tan en serio; pensar hoy en aquellos momentos en los que quería morirme por haber reprobado Física I, es sumamente vergonzoso. Pero, sobre todo, y probablemente lo único que he aprendido bien, es que ciertamente, para nadie, lo que sea que yo escriba (o haga), es esencialmente indispensable y digno de importancia.

Por alguna razón, estúpida y egocéntrica, tendemos a creer que las personas a nuestro alrededor, viven, low key, con los mismos ideales, valores, ideas, etc., que nosotros. Supongo que a veces es complicado entender de verdad, que todos somos diferentes y que lo que yo creo que es genial, para los demás no lo es tanto. De la misma forma, que alguien no me lea y crea que soy cool, no significa que me odie, o que mi trabajo no tenga valor. Con aquel rechazo, me sentí mal, porque consideré que ese “gracias, pero no gracias”, se traducía en un “escribes horrible, deja de hacerlo plis”, y efectivamente dejé de hacerlo.

Cuando me dieron la columna, fue muy emocionante, era la primera vez que iba a tener una plataforma donde la gente pudiera leerme. Pero al principio comencé a sentirme mal, me daba la impresión de que sólo mi mamá y mis tres amigos leían lo que decía. ¿Y cuál era el chiste si no era capaz de llegar más allá de eso? Siempre he tenido una obsesión con la fama y la trascendencia. Quiero que todo el mundo me lea, que todo el mundo me escuche, que todo el mundo sea tocado por mi voz.

El lunes tuve mi última clase “de IMI” de la carrera. Cuando capté lo que acababa de pasar, de pronto me sentí muy triste, como vacía, como cuando se muere tu personaje favorito. Para muchos podrá ser ridículo, pero yo siempre he sido muy dada al drama y todo me causa angustia. La futilidad de las cosas me agobia, aquello que termina me atormenta y lo fugaz del tiempo me deprime, qué se le va a hacer. Pensé que ya nunca voy a tener clases en el Estudio A, o en el 319, y mucho menos en el 317 –salones de IMIs–, y recordé mi primera clase de Introducción a la carrera. Mi cabello con las puntas rosas y la emoción que sentía al pensar en la posibilidad de todo aquello: me volvería una productora cool y grabaría un EP majestuoso (ahora sí que estoy a grabando un EP, pero será más bien uno muy chafa). Me acordé de toda la gente que entró conmigo y que se fue, y pensé en aquellos que sí se van a graduar conmigo pero que realmente nunca se hicieron mis amigos. Es curioso, tuvimos montones de clases juntos a lo largo de 5 años, y aun así no pasó nada. Ahora que todo está terminando, lentamente, pero con certeza, me da cierta nostalgia no volverlos a ver. Es medio tonto, si pensamos que nunca cruzamos más de dos palabras, pero es como si de pronto quitaran todos los árboles de tu parque favorito…

Siempre le he tenido pavor a los cambios. Me aterra el futuro y romantizo el pasado, un pasado que ni siquiera era tan maravilloso. Pero lo bello de crecer, supongo que es eso, el cambio. En los cinco años que estuve en la carrera, pasaron muchas cosas. Aprendí que el audio es mucho más complicado de lo que parece y que la gente no lo valora como debería; que hay muchas cosas mal con la música allá afuera; que el mundo está lleno de esnobs; que a los hombres (no a todos, no empiecen) les gusta explicar sin que nadie les pregunte; que al final, mi carrera no era lo que yo debí haber estudiado, y, sobre todo, que soy muy terca: porque nunca me quise cambiar por no dejar todo a medias (sabiendo en el fondo que era lo mejor).

Muchas cosas me gustaron y muchas otras no, pero así es la vida siempre. No creo acostumbrarme nunca, pero debo repetir esto para ver si algún día aprendo a aceptarlo. Cuando era niña, me gustaba mucho aprender, me gustaba mucho la escuela y me imaginaba de grande, triunfante, estudiando la carrera universitaria más genial de la tierra. Ahora, la escuela no me gusta tanto, no estoy triunfando, para nada: escribo esto a la 1:00 am, en biblioteca, llorando por dentro de tan sólo pensar que no voy a dormir porque tengo 40 cosas más que hacer, y eso, no lo hace la gente que triunfa, supongo. Aunque mi carrera sí es, probablemente, la más genial de la tierra (sea o no, lo mío).

Tuve como 15 crushes diferentes y obvio nunca les hablé (porque #triunfando). Conocí gente muy chida, gente no tan chida y gente simplemente estúpida. Estuve en un grupo estudiantil de cine, me corrieron; estuve en un periódico estudiantil, no me corrieron y me quedé a vivir ahí. Empecé un programa de radio (sueño guajiro de la infancia), abracé el jazz casi como una religión, reprobé materias como si no hubiera un mañana, pero después las pasé con puros 90s, lo que hizo que mis maestros sospecharan de mí, pinté un mural de 3 metros y casi pierdo mi beca 3 veces, entre otras cosas de las que no me acuerdo.

Me llené de arrepentimientos que no voy a poder cambiar: Dejé de tener mi cabello completamente rosa, no me atreví a hablar con gente que supongo, de haberlo hecho, se habría vuelto de mis mejores amigas. No pedí el estudio lo suficiente para grabar muchas cosas, no me cambié de carrera, no hice una concentración, no me volví presidenta de nada. No hablé lo suficiente, no dije todo lo que pensaba.

Escribí esta columna cada jueves, deprimente y sosa, pero la escribí, y la gente me leyó. En el curso de casi dos años, hablé de muchas cosas que sigo pensando, una no debería decir públicamente así sin más: hablé de mi amor por las letras, por los sonidos y silencios, y por los hombres atractivos. Hablé de mis tendencias suicidas, de mi soledad, y de lo que para mí significa ser un artista. Pero me faltó hablar de mis papás, de mis hermanos y de mis amigos –que siempre digo que son 2 nada más, pero que al menos son 4–, que me han dado tanto.

Y a través de lo que escribía en este diario público, aprendí que debo dejar de tenerme lástima, que lo que hago es mejor de lo que pienso y que compararme a los demás, no va a dar frutos de nada. Que, si alguien me ignora, no es porque me odie, y que lo que escribo es válido, tal vez no grandioso, tal vez no memorable, pero válido y digno de algo, no sé.

Y si, en este tiempo, lo que sea que alguna vez dije, tocó a alguien profundamente, me doy por bien servida. A todos los que siempre me leyeron (ustedes 5 saben quiénes son), gracias. A los que a veces me leyeron, también gracias. Me gustaría tener una frase maravillosa e impactante para terminar esto, pero no se me ocurre. Si acaso, me gustaría advertir que algún día, quizás, volverán a leerme, en algún otro lado, en algún otro tiempo…

9 comentarios

  1. Hola, Brenda.

    Ya leí que no te gusta que un hombre te dé una explicación u opinión sin que tú lo solicites, pero igual me tomo la libertad una última vez para agradecerte por tu columna. Gracias por el esfuerzo, la dedicación y la generosidad de tu parte en compartir con nosotros muchos detalles de tu vida. Me gustó la sinceridad y la espontaneidad con las que escribes, y cómo con cada escrito tuyo pareces sacarte de la manga los temas más inesperados. Yo también espero, en un futuro, leerte en algún otro medio. Gracias y te deseo un feliz fin de estudios. Que tengas una trayectoria profesional llena de éxitos (grandes y pequeños). ¡Felicidades Brenda!

    Atte.

    Un lector tuyo.

    • Hola Manuel!!
      Muchas gracias!!! Los comentarios bonitos como éste siempre son bienvenidos. Gracias por leerme siempre, que sé que lo hacías porque me comentabas, aunque yo nunca sabía muy bien qué responder y por eso no lo hacía (una disculpa por eso). Gracias por leerme y por tus buenos deseos 😀

  2. Hola Brenda

    Siempre me ha gusta mucho lo que escribes. Desde la primera columna que leí me di cuenta que había algo diferente en tu forma de escribir que era único. Me da mucho gusto que estés por graduarte. Disfruta los últimos días y las sorpresas que aún faltan. Te deseo mucho éxito y de verdad espero poder leerte muy pronto!

  3. Brenda! No sé si sea muy tarde comentar hasta este semestre, ojalá que algún día leas esto. Muchísimas gracias por tu trabajo! Yo debí haber sido el 6to o 7mo en leerte porque me sentía demasiado identificado con tus escritos. Son temas de los que nadie nunca habla y siempre me llamaron demasiado la atención. Más de alguna vez quise dejarte un comment pero no lo hacía porque supuestamente lo haría en tu próxima columna. Mucha suerte en lo que se venga!

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