Entre ser y no ser: Hablemos de hombres (o la falta de los mismos)

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

brendaPor Brenda Guerra (IMI)

Por ser la última del semestre, esta columna viene con una canción bonita para amenizarla: ‘Whatta Man’ de Salt N’ Peppa.

Hace algún tiempo, cuando intenté mejorar mi vida (lol) y comencé una jornada de hábitos saludables que sólo me duró un mes, fui a comprar una ensalada y resultó que el que atendía era básicamente el hombre más guapo (palabra que honestamente le queda corta) que he visto en un largo tiempo. Lo que sucedió tras esto, es tan vergonzoso que no debería contarlo. Pero como no sé sobre qué más escribir, es lo que hay. Olvidé toda mi orden, no sabía distinguir entre un vegetal y otro, y hasta se me ocurrió la brillante idea de preguntarle si la ensalada llevaba lechuga. Salí de ahí sintiéndome sumamente vulnerable y francamente patética.

Me pasa a menudo que no puedo hablar con la gente que encuentro realmente atractiva: hombres, más que nada, al ser yo, tristemente, heterosexual. Pero al mismo tiempo, para hacer honor a la ironía que rige mi existencia, una de mis cosas favoritas en la vida es ver hombres atractivos. Verlos nada más, me da cierta paz que no encuentro en otros lados. Suelo pasar largos ratos en Tumblr o Instagram, viendo fotos de modelos atractivos o de hombres comunes y corrientes, cuyo trabajo no es ser guapos, pero lo son y ya.

A veces, si estoy triste o melancólica y veo a algún hombre guapo en la calle o los pasillos de la escuela, me reconforto. Es muy extraño, pero los hombres atractivos, verlos nomas’, me dan mucha paz. Pienso que si hay gente que se ve así, es porque algo bueno debe haber en la vida.

Como hasta los diecisiete años, no me atrevía a decir que un hombre se me hacía guapo. Será porque estuve largo tiempo en escuelas católicas, pero nunca hablaba de ellos. Sentía que era sucio, o que estaba mal. Pero conforme fui creciendo, y hube creado una idea de lo que está bien y mal por mi cuenta, decidí que seguir suprimiendo mis pensamientos y deseos, los cuales no hacían daño a nadie, era bastante ridículo. Así que desde entonces, hablo mucho de hombres y pienso mucho en ellos.

Eso sí, no me interesa demasiado acercármeles. Soy toda una contradicción, pero por mucho que me guste pasar largos momentos viendo hombres atractivos, la sola idea de hablarles me produce una gran pereza. Suelo decirle a mis amigos que a mí me gustan mucho los hombres bonitos, pero cuando abren la boca y dan su opinión, ya no me gustan tanto. Los hombres, calladitos, se ven más bonitos.

A veces me pregunto si no será que hay algo raro en mi cabeza, porque para mí, al menos en este punto, la vida es como un gran museo y los hombres atractivos, son las piezas en exhibición. Sonará muy tonto, superficial incluso, pero es lo que pienso y qué se le va a hacer. Si pensamos que los grandes artistas tienen o tuvieron alguna musa que inspiraba su arte (y nadie los juzga por eso) pues yo tengo musos, y ya. Y este singular aprecio por la figura masculina, desde hace un tiempo se materializa en dibujos que hago cuando estoy aburrida.

He aquí una prueba:

modeloMe gusta hacer este tipo de cosas, en primer lugar porque, como me la he pasado diciendo toda la santa columna, me gustan mucho los hombres. En segundo porque me desestresa. Y en tercero porque realmente creo que hay demasiadas imágenes de mujeres desnudas en el mundo, y muy pocas de hombres en comparación, lo cual me parece realmente injusto.

Tal vez es tonto, tal vez es triste, tal vez es patético este pasatiempo mío, el de simplemente observar desde lejos y dedicarle un poco de arte a los hombres atractivos, pero es una de esas cosas que disfruto sin pudor y me hacen feliz. Tal vez debería ponerme a buscar un hombre de carne y hueso, real y cercano en mi vida, en vez de apreciar su belleza sin decir nada, tal vez eso sería lo normal (pero ya habíamos quedado en que yo no soy muy normal). Y en esta parte de mi vida, todos esos “tal vez”, me producen dolor de cabeza y me tienen sin cuidado.

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