Entre ser y no ser: El amor propio como un acto de resistencia

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

 

«Es el momento de tomar mi yo entre las manos.
Resulta pasmoso en lo lúgubre, negro, desolador, enfermo.
Ahora debo construir en mi yo, darle una espina dorsal, aunque mucho me falte.
Si pudiera conseguirlo este año,
aunque fuera torpemente,
sería la mayor victoria que podría alcanzar».

–Sylvia Plath

 

Por Brenda Guerra (IMI)

Últimamente me ha dado por querer abandonar esta columna de una vez por todas. Conforme esto avanza, he empezado a hablar más y más de cosas oscuras, cosas que se supone tengo muy guardadas y de las que casi no hablo con nadie. Y eso de estar aventando privacidades como dulces en piñata no es muy normal que digamos.

Esto no es un diario público, o al menos no debería ser un diario público. Honestamente no sé de qué se supone que va esta columna. Lo único que sé es que cada vez que se publica, me avergüenza mucho el contenido (obvio se nota cada vez que la comparto para que mis amiguitos la lean) y al intentar arreglarlo, salgo con algo aún peor. Pero bueno, como aún no averiguo cómo dejar de ventilar intimidades cada vez que escribo, ahí les va algo más tenebroso.

Ahora leo por todos lados que, se supone, los millenials se toman muchas selfies y mandan muchos nudes porque tienen la autoestima por los cielos. Se supone también que yo soy millenial, así que me gustaría saber con quién tengo que pasar a reclamar, quién será el supervisor, porque la mía es más frágil que una tostada con caldo.

No me gustan las fotografías, me hacen sentir muy incómoda y siempre siento que me veo terriblemente mal en ellas. Evado tener que salir en videos y huyo de los espejos siempre que me es posible. Evito a toda costa cualquier situación en la que tenga que enfrentarme a mí misma de forma directa.

Llevo bastante tiempo teniendo problemas con eso de la autoimagen y la “confianza en uno mismo”. Supongo que, para empezar, tiene que ver con ciertos problemas físicos (sobre los que no tengo control y de los que nunca voy a hablar con alguien que no sea mi subconsciente) que me han hecho creer que hay algo mal conmigo. También se suman mis problemas mentales, mi relación con los demás y mi imponente miedo al rechazo. Vamos, que soy un cóctel de maravillas.

Total, para no darle vueltas al asunto, las cosas como son: hay días buenos y hay días malos, pero en general, no me gusto para nada.

Y aquí viene la parte en la que todo el mundo se toma un momento para decirme lo maravillosa que soy, las cosas buenas que tengo, y toda esa lista de encantadores deseos que te dan cuando das a entender que algo tuyo no te gusta. Siempre que alguien me da un cumplido, siento bonito, claro está, pero me incomoda y hasta me sabe mal, porque hay algo dentro de mí que me hace genuinamente incapaz de tomarlo y sobre todo de entenderlo. Para mí no tiene sentido…

Pero ya llevo mucho tiempo de esta forma y ahora mi miedo más grande es continuar así. En mi visión perfecta del futuro, me veo feliz y fabulosa, conforme con mi ser. Pero eso no va a pasar a menos que haga algo al respecto y es por eso que he decidido conscientemente hacer algo al respecto. Desde la fatalidad puedo empezar a perdonarme, a aceptar mis fallas, mis defectos y abrazar mi todo como algo bueno y digno de amor.

Ya lo he dicho antes, pero suelo sentir que todo el mundo está haciendo algo importante, algo que va ayudar a otros y yo solo paso mis días intentando arreglarme (si es que hay algo que arreglar). El otro día vi que varias de mis amigas fueron a la marcha del 8 de marzo y, mientras tanto, yo estaba en mi cuarto abandonada y patética. Parece que no estoy a la altura ni de mis privilegios, ni de las circunstancias y es bastante frustrante.

Yo quería formar parte de esa resistencia y no pude, pero alguien me dijo que “cuidar de ti misma también es hacer algo por los demás” y me gustaría creer que es cierto. La resistencia no siempre es un proceso de negación, de confrontación a algo, sino que puede surgir a partir de la transformación y la creatividad. Desde ese punto de vista, el amor propio, el autocuidado y demás acciones en pos de la auto aceptación, son una forma de resistencia.

Realmente no sé con certeza qué es eso de amarse a una misma, así que no sé cómo decirles que hagan lo propio. Pero de verdad quiero averiguarlo y supongo que poner esto sobre la mesa, igual y ayuda a alguien más a intentarlo también. Así que repitan conmigo: sí merezco quererme, sí merezco quererme, sí merezco quererme…

Fuente: stllemrchi.tumblr.com

 

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