Entre ser y no ser: De letras y palabras

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Brenda G.“Las palabras constituyen la droga más potente que haya inventado la humanidad.” -Rudyard Kipling

Por Brenda Guerra (IMI)

El sueño de mi mamá siempre ha sido que yo sea escritora. Creo que siempre me ha dicho eso porque le emociona la idea de, más que lo que realmente es. Para ella los escritores son intelectuales que leen, fuman y toman café mientras reflexionan sobre la vida. Su visión de un escritor es aquella de esos del boom latinoamericano, donde se reunían a platicar de Cervantes o Tolstói. Mi visión de un escritor es la de una persona que escribe, y ya.

No recuerdo cuando fue la primera vez que escribí algo, ni la sensación que tuve al hacerlo. La descripción de esa “primera vez” me parece un asunto muy poético que algunos pueden detallar puntualmente, pero que para mí es un concepto invisible. Me encantaría poder decir que puedo evocar esas imágenes pero por más que lo intento, no las veo por ningún lado.

Lo que sí recuerdo con claridad, como si hubiera sido hace muy poco, es la primera vez que leí un “libro grande.” Me da un poco de vergüenza admitir que el primer libro con más de cien páginas que leí fue Harry Potter. No sé, al decirlo no hay ninguna clase de elegancia o solemnidad, hasta suena algo soso pero qué se puede hacer.

Cuando leí Harry Potter, fue la primera vez que me sentí adulta al leer y que entendí, en cierta forma, lo que las palabras podían causar en los demás. En aquel entonces estaba obsesionada pero más allá de estar obsesionada con la narración, estaba completamente fascinada con lo que representaba y el trabajo que tenía detrás. Para mí era en extremo increíble que toda esa historia pudiera salir de la cabeza de una persona y plasmarse en el papel, para después volver locos a todos los que la leyeran. ¿No es ese proceso una de las cosas más maravillosas y mágicas que existen?

El poder de las palabras es impresionante, mejor dicho, el poder de la palabra escrita. Yo no soy muy buena hablando. No quiero decir que sea incapaz de hacerlo pero para mí es más bien complicado expresar íntegramente lo que pienso, hablando. Suelo hablar de más, o suelo no decir demasiado. A veces las palabras que salen de mis labios no son las correctas y muchas veces los demás me malinterpretan. Acabo pareciendo una persona completamente aburrida, desinteresada e incluso maleducada. Y hablando con el corazón, no creo ser ninguna de las tres.

Eso no pasa cuando escribo, o al menos no llego a sentirme jamás de esa forma. Cuando escribo las palabras surgen como si un torrente desembocara de las puntas de mis dedos, al papel. Todo, absolutamente todo lo que pienso, lo puedo decir con mis manos. Encontrar las palabras adecuadas, no siempre es fácil, pero siempre es reconfortante. Me divierte la lucha que comienza en mi cabeza para tratar de encontrar la palabra correcta que debo utilizar. En cambio, al hablar, esa pelea no es más que una molestia, la molestia más grande que puedo tener. No es divertido, es desesperante.  Porque a mí me gusta escribir, no hablar.

Por eso, cuando pienso si a mí me gustaría ser escritora o no, la verdad es que sí. Antes creía que debía dejar el asunto por la paz puesto que nunca lograría grandes cosas. Suponiendo que llegara a publicar algo, nada garantiza que obtenga lectores que se aferren a mis escritos y hay muy pocas posibilidades de que llegue a lograr algo grande. Claramente no voy a cambiar la literatura y dudo mucho que aporte algo nuevo a ésta.

Lo más probable es que mi nombre no pase a la historia y que mis escritos queden, en algún punto, en el olvido. Dudo mucho que pase lo que con Kafka y que todos me amen después de muerta por ser una pesimista deprimida (una disculpa a los apasionados de Kafka, a mí me parece que está muy sobrevalorado), lo cual en sí es triste.  O lo que pasa con Murakami que de pronto es increíblemente famoso por historias que no tienen ni pies ni cabeza (aquí no me disculpo, porque con todo, me gusta Murakami). Para ser el tipo de autor que es respetado por la crítica y admirado por las masas se necesitan muchas cosas, que honestamente no creo tener.

Pero he aquí una revelación: escribir es la única cosa en la que no me siento derrotada a sabiendas de que no soy la mejor. Me gusta escribir y cuando lo hago siento que está todo bien simplemente con hacerlo. Sólo con pasar a palabras mis pensamientos, siento una gran satisfacción. Como dijo Virginia Woolf, “La verdad que escribir constituye el placer más profundo, que te lean es sólo un placer superficial.”

Siempre he pensado que, al hacer algo, lo difícil es empezar, porque una vez que empiezas es muy poco probable que te detengas. Y por ahora, ya empecé.

1 comentario

  1. Pues ya empezaste a escribir y es un gusto leerte, Brenda.

    Y no sólo se escriben novelas. Lo que menos leo es ficción, y en general, no leo novelas. También se puede escribir sobre historia, sociología, filosofía, teología, arquitectura o cualquier otra disciplina sin ser necesariamente libros de texto o libros académicos. También un ingeniero puede escribir sobre historia, arte o filosofía.

    Si hay alumnos de ingeniería civil que estén leyendo esto, les recomiendo:

    “Bridges” de David Blockley
    “The Tower and the Bridge” de David P Billington.
    “Razón y ser de los tipos estructurales” de Eduardo Torroja.
    “To Engineer is Human” de Henry Petroski.
    “Engineers and Ivory Towers” de Hardy Cross.

    Saludos

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