Entre ser y no ser: Dalí, Van, Picasso

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BrendaPor Brenda Guerra (IMI)

«Like Salvador Dali, Van Gogh.

Picasso in my body.

Man I’m fuckin artist.» –Beenzino, ‘Dali, Van, Picasso’

artista:

  1. m. y f. Persona dotada de la capacidad o habilidad necesarias para alguna de las bellas artes. (DRAE, 2016).

Mi madre está agobiada. Desde hace ya un tiempo que la acongoja una cuestión: todos sus hijos resultaron artistas. Y ella no comprende por qué, dice que nadie en la familia había salido así antes, que de dónde nos habrán brotado esos genes. A veces se pregunta que habría pasado si hubiéramos querido estudiar física, química o matemáticas, algo del lado izquierdo del cerebro. Pero no, todos le salimos del otro lado: bailarines, músicos, dibujantes, escritores y todo lo demás. No le molesta, no cree que nos vamos a morir de hambre. Todo lo contrario, le emociona la idea, aunque sigue sin comprender su misterio.

A. R. T. I. S. T. A.

Es una palabra pesada, difícil de usar como adjetivo, sin más. ¿A cuántas personas conoces que digan que son artistas?, así, con todas sus letras, que digan: me llamo fulana(o) y soy artista. Yo no conozco a nadie así, nunca he oído a alguien decir eso en público. Se escucha que digan “hago música”, “me gusta dibujar”, “a veces bailo”, “he escrito algunos textos”, cosas como esa. Pero no muchos se atreven a referirse a si mismos como artistas. Suena a ego, no está bien visto.

La palabra ‘artista’ está puesta en un pedestal. El mito del artista está grabado en el inconsciente colectivo como un lugar al que los simples mortales no podemos acceder. El artista está enaltecido, el artista no es como los demás. Es otro, más puro, más cerca de algo que no podemos entender. El artista está afligido y acaricia el caos por medio de un sacrificio que otros no están dispuestos a ofrecer.

Oscar Wilde dijo que “el arte es la forma más intensa del individualismo que el mundo ha conocido” y tiene razón. Quizá por eso se creó el mito, porque el artista suele ser solo y obviamente, alguien que está solo, sufre, el pobrecito. Y si alguien está dispuesto a sufrir por lo que hace, es sumamente especial. Claro está.

¡Qué mentira tan ridícula!

Últimamente he estado intentando sacarme de una vez por todas de la cabeza, esa idea del artista como leyenda. Antes le tenía miedo a la palabra, ya tenía bien lavado el cerebro. ¿Con qué cara me atrevía a usarla?, ¿quién era yo para hacerlo? Por cantar un par de canciones, escribir un que otro cuento, bailar unos cuantos años, o dibujar cosas simplonas todos los días, ¿ya era yo una artista? ¡Por favor! Si tus dibujos no pasan de los 10 likes, si tus canciones nadie las quiere escuchar, si hace más de cinco años que no bailas y si esta columna a duras penas la lee tu mamá. ¿Cómo podía llamarme artista, si no estaba haciendo nada importante?

Y ahí estaba el problema, en la parte de lo importante. La cultura colectiva nos indica que el artista es, ante todo, trascendental y digno de observancia, porque está haciendo algo a lo que no todos se atreven. ¿Tú crees que alguien que se dedica a algo que lo va a matar de hambre no merece respeto divino?  Pero el artista no hace arte porque quiera, lo hace porque no sabe hacer otra cosa. El arte es su combustible, un grito de auxilio que usa porque no sabe expresarse de otra forma.

Ahora bien, repite conmigo: un artista es quien hace arte, y ya. No tienes que hacerlo perfecto, no tienes que cambiar el mundo, no todos te tienen que alabar. No tienes que trascenderlo todo y dejar una huella sin borrar. No siempre tienes que estar solo, maldito y triste. Si haces arte, eres artista. Si hago arte, soy artista. ¡En hora buena, somos artistas!

Soy artista. Veme. Soy normal, no tengo nada especial, no llamo la atención, no estoy en un nivel superior, ni voy a pasar a la historia. Pero eso no importa porque hago arte y eso me hace artista. Y nadie me puede decir nada porque lo estoy haciendo bien y lo demás no me importa.

Soy Picasso, soy van Gogh, soy Dalí. Soy mi gozo, el dolor, mis penas. Soy el repliego de mis emociones livianas que se plasman en ese arte, cualquiera, sin chiste. Soy una habitante de la noche y pensadora de los domingos. Y soy estos dedos que se mueven por los suelos de mi arte. Soy artista, así, con todas sus letras. Y lo voy a seguir siendo porque no puedo hacer otra cosa. Porque tengo historias que contar y poco tiempo. Porque la vida es fugaz, pero el arte es eterno. Y en esa eternidad, a los artistas, alguien, quien sea, va a terminar por encontrarnos.

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