Entre ser y no ser: Algunos apuntes sobre las pequeñas cosas

0

*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Brenda Guerra

«When I’m feeling sad.
I simply remember my favorite things.
And then I don’t feel so bad.»

My Favorite Things

 

De mi mamá he aprendido a tomar café cada que se pueda. En la mañana, para desayunar; a media tarde, para pensar; y antes de dormir, para hacerlo con el dejo de aquel sabor tan agradable. A veces está permitido tomar más café de la cuenta, si es que la vida es muy dura, para evaporar las penas junto al humo del café bien caliente.

Cada que pienso en mi madre, me la imagino sentada en la cama, con las piernas juntas y dobladas, para posar sobre sus rodillas su plato con pan, y con la taza de café en la boca, mirando hacia el frente, pensando en quién sabe qué. Siempre me ha gustado verla tomar café, lo hace como si estuviera llevando a cabo un ritual solemne, con fina elegancia y, sobre todo, como pensando cosas que yo no entiendo.

De niña la veía tomar café y pensaba que así quería ser cuando creciera, pero no me salió. Tomo café como si fuera agua, muy seguido y muy rápido. Si acaso logro hacerlo con parsimonia, es cuando llego a levantarme temprano, a eso de las seis (cosa muy rara). Aun así, disfruto tomar café, es de mis cosas favoritas. Es de esas cosas pequeñas, que todos guardamos con recelo y de las que casi nunca hablamos.

Cuando tenía como seis años, la maestra nos pidió que mencionáramos algo que nos gustara mucho. Yo obviamente dije que me gustaba ver a mi mamá tomar café y me regañaron porque no había entendido, tenía que decir algo de verdad. Me ofendí mucho, aquello no era mentira (y sigue sin serlo) pero aprendí que la gente sólo toma en serio las cosas grandes. Si decías que te gustaba el sonido de la cuchara contra el plato a comer sopa, en vez de jugar futbol o leer, algo estaba mal contigo. Eso no es importante.

Para mí esas cosas son importantes, valiosas de verdad. Supongo que para otros también debe ser así, pero de eso nadie habla y me parece de lo más triste. Deberíamos decir más seguido que nos gusta aplastar el papel burbuja, tronarnos los dedos, reírnos de nuestros chistes o mantener conversaciones sumamente largas con nosotros mismos.

A mí me gusta particularmente comprar papelería y utensilios de arte y escritura que nunca uso, pero que compro “para lo que se ofrezca”, pues una nunca sabe en qué momento se va a necesitar tener cuatro pliegos de papel para acuarela. Me gusta escuchar jazz en la regadera, tirarme en la cama y ver el techo, verme las manos cada cinco minutos (que son muy bonitas), poner café de olla y dejar que el olor inunde mi cuarto. Me gusta el sonido de los zapatos rechinando en el piso, el del teclado y el lápiz al escribir, el ruido de fondo en cualquier lugar público. Andar en camión por horas y horas para perderme en la ciudad y en mis pensamientos, estar en la hora pico en la estación del metro y sentirme parte del mundo…

Me gustan las pequeñas cosas, porque pueden no serlo, dependiendo del valor que les demos. Los gustos son subjetivos, las cosas importantes también y cada quien tiene derecho a elegir lo que le plazca. Por eso, por ejemplo, no soporto a los esnobs, aquellos seres que minimizan todo lo que no sea de su gusto, lo que no es importante y, sobre todo, lo que a todo el mundo le gusta.

Las pequeñas cosas, las que son especiales para cada uno de nosotros y que nos hacen sentir únicos, no nos hacen únicos en realidad. Porque a todos nos puede gustar las mismas cosas y eso está bien porque todo depende de cada quien. Que nos guste lo mismo no significa que nos guste de la misma forma, y en eso radica la maravilla de la perspectiva.

‘My favorite things’ es una canción de 1959 del musical ‘The sound of music’, en su tiempo e incluso hoy, se consideró una canción pop, porque a todo el mundo le gustaba. En 1960, John Coltrane decidió tomar la canción y hacer su propia versión. Al principio parecía algo tonto que hubiera tomado una canción tan simple (pequeña) como aquella y aun peor, haberle puesto ese nombre a su álbum. Pero con su maravillosa capacidad interpretativa, Coltrane tomó aquella canción y la convirtió en algo nuevo, algo grande, tanto así, que se volvió en un estándar. Desde entonces, hay versiones de esa canción por montones.

Del jazz he aprendido, que las cosas sencillas, pueden volverse grandes y que una misma cosa, puede tener diferentes perspectivas en las cuales radica su importancia, o falta de la misma. El mundo es grande y las cosas pequeñas, y nosotros podemos ser grandes o pequeños, o no ser nada. Podemos disfrutarlo todo, hasta lo más mínimo o no disfrutar nada, no importa. Pero aferrarnos a las pequeñas cosas, nos puede ayudar a crecer, a volvernos grandes y a olvidar las penas en el momento justo.

Todos los comentarios son revisados previo a su publicación. No serán aprobados los comentarios que contengan ataques y ofensas personales; agresiones racistas, sexistas o discriminatorias en general; ni publicidad o spam.