Jueves, 15 de noviembre de 2018

¿El ser humano es económicamente racional?

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Los economistas piensan que los individuos tienen preferencias definidas y que sus decisiones corresponden a tales preferencias. Pero asumir que siempre es así corresponde a una idea del ‘homo economicus’.

Fuente: Big Think

Por Adalberto Palomares (LEC) | 24 de abril de 2018

Una economía como la nuestra funciona a través del intercambio de bienes y servicios mediante una institución llamada mercado. Así, analizar las decisiones que toman las empresas y los consumidores nos lleva a la conclusión de que, mientras que los productores buscan maximizar sus beneficios, los consumidores buscan maximizar su bienestar. En esta medida, estudiar las decisiones de estos dos agentes nos provee de un panorama acerca de cómo está funcionando la economía.

Es muy frecuente observar que, en la teoría, los economistas plantean que los individuos maximizan su bienestar eligiendo las cantidades óptimas de bienes y servicios con la restricción de sus ingresos. Incluso, se construyen modelos para explicar las preferencias de los individuos de un bien con respecto a otro u otros. De esta manera, se piensa que se puede modelar y predecir el comportamiento del consumidor cuando ha elegido una cesta de bienes en repetidas ocasiones.

Sin embargo, lo que piensan algunos economistas como Richard Thaler, es que esta idea está concebida para analizar las decisiones del homo economicus, y no del ser humano. En su libro Nudge, Thaler menciona que el homo economicus toma elecciones racionales consistentes con sus preferencias. Y, a diferencia del homo economicus que solo responde a incentivos, los individuos responden a incentivos y “empujoncitos”. De esta manera, analizar únicamente las preferencias del consumidor no nos da la idea completa de las decisiones del ser humano.

Por lo anterior, ha surgido el concepto denominado arquitecto de elecciones. Este individuo es el encargado de diseñar el contexto que permita a los individuos tomar decisiones que mejoren su bienestar, y cuyo comportamiento se asemeje al del homo economicus. Así, los políticos que formulan reformas y toman medidas económicas fungen como arquitectos de elecciones al establecer reglas e instituciones.

Por ejemplo, con un impuesto sobre los alimentos chatarra se esperaría que haya una disminución en la cantidad demandada de este bien, pues el impuesto provoca un aumento en el precio y este es un incentivo para consumir menos. No obstante, no únicamente un incremento en el precio es suficiente para provocar una disminución esperada en la demanda, es también necesario diseñar políticas para que los individuos se sientan menos motivados a consumirlos, es decir, lo que nosotros llamamos “empujoncitos”. Quizá, incluso sea necesario restringir la mercadotecnia de alimentos chatarra esperando que los individuos reciban menos propaganda y no sientan la necesidad de consumir este tipo de alimentos.

Si bien es cierto que esta idea puede verse como paternalista y en contra de la libertad de las personas, el concepto de paternalismo libertario aplica a esta situación. A través de incentivos y “empujoncitos”, se espera que las políticas al menos mantengan la libertad de elección. Esto se da a través de la legitimidad de los arquitectos de decisiones –por ejemplo, los políticos– para influir en el comportamiento de las personas con el fin de que sus vidas se vuelvan mejores y más sanas.

En conclusión, es pertinente mencionar que lo comentado anteriormente no contradice por ningún motivo la teoría microeconómica actual; de hecho, sería muy interesante que en los modelos de optimización se incluya el factor humano descrito, pues de esa manera sería más precisa la descripción de las fuerzas de demanda en el mercado. Reconocer que los individuos no somos homo economicus es muy importante para el economista y para el formulador de políticas, porque nuestras decisiones no siempre nos traen consecuencias positivas, y es responsabilidad de ellos asegurar que en la sociedad exista un ambiente de bienestar social.

 

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