El origen de Halloween

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Halloween es una de las fiestas más celebradas en Norteamérica. Todos recuerdan disfrazarse para salir la noche del 31 de octubre a pedir golosinas, pero pocos saben el porqué, ¿de dónde proviene esta costumbre?

Fuente: Pinterest

Por Sebastián Mané (LMI)

El nombre Halloween deriva de “all hallow’s eve”, que en inglés significa “víspera de todos los santos”. Halloween es una festividad de origen celta, pero no siempre fue llamada así. Los celtas celebraban un festival llamado “Samhain”, que significa “fin del verano” en irlandés antiguo. Esta fiesta se celebraba al finalizar la temporada de cosechas y marcaba el inicio del año nuevo celta, que comenzaba con el otoño.

Durante esa noche, se creía que el “otro mundo” colisionaba con el nuestro, y que los espíritus de los difuntos (buenos y malos), caminaban entre los vivos. Se hacían todo tipo de rituales para satisfacer a los buenos espíritus y ahuyentar a los malos. Las personas se ponían disfraces y máscaras de terror para espantar a los espíritus malos y evitar que se llevaran sus almas.

También ahuecaban rábanos y ponían velas dentro de ellos para iluminar el camino de los espíritus y colocaban dulces y ofrendas a las afueras de las casas para que los muertos no se enfadaran. Es de ahí de donde proviene la tradición de pedir dulces.

La historia de la famosa calabaza

A mediados del siglo XIX, los migrantes irlandeses llevaron la festividad de Halloween a América. En América, la cantidad de calabazas era abundante, y los irlandeses no dudaron en reemplazar los rábanos por estas, que eran mucho más grandes y fáciles de ahuecar.

El uso de calabazas se popularizó aún más después de la leyenda de Jack O’ Lantern.

Fuente: DeviantArt

Cuanta la leyenda que Stingy Jack, un pendenciero irlandés, tenía mala fama de ser borracho. En una noche de brujas, Jack tuvo la mala suerte de encontrarse con el diablo, quien había llegado para llevarse su alma.

Jack encontró la manera de engañar al diablo: pidiéndole un último trago a cambio de su alma. El diablo accedió y se convirtió en una moneda para que pudiera pagar al camarero, pero Jack no dudó en tomarla y guardársela en el bolsillo, que tenía una cruz dentro, por lo que el diablo no pudo liberarse. Jack lo amenazó con no dejarle libre hasta que le prometiera no pedirle su alma en diez años, y el diablo no tuvo más remedio que aceptar.

Pasaron los diez años y Jack se reunió con el diablo en el campo, pero, antes de que este tomara su alma, Jack dijo: “Iré de buena gana, pero antes de hacerlo, ¿me traerías la manzana de ese árbol?”. El diablo pensó que no tenía nada que perder, así que subió al árbol y, antes de que se diese cuenta, Jack había tallado una cruz en él, por lo que no pudo bajar y le obligó a prometer que no le pediría su alma nunca más. El diablo accedió de mala gana y se marchó.

Jack murió años más tarde, pero su alma no pudo entrar al cielo por la mala vida que había llevado. Así que se dirigió al infierno y le rogó al diablo que lo dejara entrar, pero este lo rechazó y le lanzó unas brasas directamente del infierno. Jack las guardó dentro de una calabaza y creó una lámpara para alumbrar su camino, destinado a vagar por toda la eternidad.

 

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