El misterio de la irracionalidad humana

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Uno de los más recientes avances en el campo de la economía, que se adentra cada vez más al enfoque del comportamiento de las personas es la economía del comportamiento, la teoría económica que considera el lado humano.

Fuente: PBS

Por Sandra Luz Medellín C. (LEC)

La economía del comportamiento es un campo de estudio de reciente descubrimiento, en gran parte debido a las contribuciones del premio Nobel de Economía Richard Thaler. En sus estudios, Thaler muestra cómo la psicología de las decisiones humanas influye en el comportamiento de un individuo, y por lo tanto, de organizaciones, mercados, o sociedades enteras.

Los modelos económicos tradicionales parten del supuesto de que los individuos son racionales, y por lo tanto, ante una disyuntiva realizan un proceso de toma de decisiones en el cual (1) analizan sus opciones y estiman el costo de oportunidad (cuánto dejan de ganar si no toman esa opción) de cada una, (2) las jerarquizan y (3) eligen la que maximiza su utilidad, es decir, la que mayor satisfacción le dará, o en su caso, el bien que represente mayor valor para él. A esto se le llama proceso de elección racional.

Entre las principales teorías económicas están: la teoría clásica que propone al mercado laissez faire, que se autorregula debido a que los humanos persiguen su propio interés, antes que el bien de los demás. Adam Smith es el autor de esta teoría, que plasma en su obra ‘La riqueza de las naciones’. La teoría keynesiana, a cargo de John Maynard Keynes, surge en la década de 1930 a raíz de la gran depresión, y está plasmada en su obra ‘Teoría general del empleo, el interés y el dinero’. Esta teoría propone al gobierno como interventor en la economía en tiempos de crisis, de acuerdo a Keynes, es su labor proveer el estímulo para reactivar el flujo de dinero.

Tomando en cuenta la complejidad del cerebro humano, estas teorías pueden parecer reduccionistas, ya que simplifican el actuar humano a una serie de fórmulas matemáticas, en parte para simplificar el análisis. En la vida real, aunque el ser humano es racional, en su actuar influyen otros factores, ya sean de tipo afectivo, impulsivo, su percepción de la realidad, entre otros.

La teoría del comportamiento, en contraste con las teorías clásicas, parte del hecho de que la racionalidad humana tiene limitaciones. De acuerdo al sitio Investopedia, las dos preguntas más importantes en este campo son:

  1. ¿Son los supuestos de los economistas acerca de la utilidad buenas aproximaciones del comportamiento de las personas reales?
  2. ¿Maximizan los individuos la utilidad subjetiva esperada?

De acuerdo con los estudios de Thaler, las personas por lo general no hacen un cálculo de costos de oportunidad, jerarquizan y toman la mejor alternativa. La toma de decisiones regularmente está influenciada por emociones que hacen que las elecciones reales estén sesgadas de las elecciones racionales maximizadoras de utilidad que proponen las estimaciones puramente técnicas. En la vida real, la toma de decisiones se hace en escenarios complejos donde la percepción de la persona está influenciada por sus vivencias, entorno, emociones, entre otros; por lo que Thaler menciona que en ocasiones se toman decisiones tan importantes, por ejemplo, de manera viseral,  como en el caso del Brexit, sin considerar implicaciones financieras o los efectos económicos que trajera la decisión en un futuro.

Un ejemplo del agente psicológico en las decisiones teóricamente objetivas es el término Mental Accounting, acuñado también por Thaler. Mental accounting se refiere a la categorización mental de los activos actuales y futuros que los individuos poseen (o poseerán), en porciones separadas, asignándoles diferentes niveles de utilidad a cada grupo. Así, una persona puede considerar parte de su dinero más valiosa que otra, aunque desprenderse de la misma le cause numéricamente el mismo efecto.

Otro aporte de Thaler es la llamada Nudging Theory (Teoría del Refuerzo Positivo), que se define como “La creencia de que es más probable que las personas cambien su comportamiento para bien si son alentadas sutilmente a que lo hagan, en lugar de usar la fuerza”, de acuerdo al diccionario Collins. Esta teoría consiste en dar pequeños “empujones” (nudges) al subconsciente de los sujetos para que actúen de cierta manera, sin presentarse como un mandato o prohibición. Así, en el área de marketing la teoría puede aplicarse para persuadir al cliente de comprar un producto. Por ejemplo, un empaque de helado con una leyenda que diga que el cuerpo necesita 2000 calorías para funcionar efectivamente es un nudge para que el consumidor lo adquiera.

Entre los retos de la economía del comportamiento está el conservar el sustento de la economía neoclásica y darle el realismo psicológico sin colapsar en una serie de casos especiales. Sin embargo, de acuerdo con Thaler y Khaneman, esta no debe unificarse por tratar precisamente con acciones humanas, ya que los humanos tenemos distintos patrones de comportamiento en función de nuestras vivencias, entorno social, contexto histórico, entre otros factores.

Este modelo ha sido implementado exitosamente en el ámbito público en países como EU o Reino Unido, quienes tienen una oficina de Behavioral Economics para propiciar ciertos comportamientos entre la población para su propio bien, como ahorrar para su pensión o pagar sus impuestos. También, esta teoría se ha utilizado para la elaboración de políticas públicas más efectivas.

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