Lunes, 10 de diciembre de 2018

El Contrabajo: Satie, vanguardista excéntrico y desnudo

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Manuel Rojas (IMI) | 12 de marzo de 2018

Satie murió en 1925. Hasta esa fecha, vivió en un pequeño cuarto de Arcueil, supuestamente no más grande que un armario. Absolutamente nadie entró a su habitación durante 27 años antes de su muerte. Este cuarto, entre polvo y telarañas, poseía la evidencia de un alma a través de las reliquias del encanto de un faraón.

Retratos, dibujos y cartas de amor. Autobiografías, trajes de terciopelo, dibujos de edificios medievales, una colección de unos cien paraguas (la mayoría jamás usados), e incluso dos pianos de cola, uno arriba del otro, los cuales guardaban un montón de composiciones nunca publicadas. Es posible que esta historia carezca de credibilidad, pero el hecho de conocerla nos da a entender la excéntrica personalidad de este personaje.

Pasa desapercibido, en una aparente y falsa irrelevancia, casi tanto como él lo quiso, pues su música se encuentra catalogable como simple y sencilla; mínima. Es apropiado decir desnudo, como si buscara lo básico para tan siquiera existir. Entre notas solitarias esboza adjetivos irreverentes, antagónicos, nihilistas; arte que busca desechar toda la estética aceptada y empezar de nuevo en una necia batalla contra el status quo.

Satie fue catalogado por sus maestros como pésimo pianista, falto de talento, por lo que nunca tuvo cabida en el conservatorio y terminó como pianista de un cabaret, donde publicó sus obras más conocidas.

Fuente: Wikipedia

Las Gymnopédies son ambiguas tanto de nombre como de estructura. Surgen de la idea de Satie de hacer música para piano inspirada en supuestas danzas de la antigua Grecia. De la misma manera, las Gnossiennes están escritas sin barras de compás, lo cual es el equivalente a escribir una novela sin signos de puntuación.

Breves composiciones extremadamente lentas con melodías cortas y simples, armonía limpia pero coloreada por acordes de séptima sin justificar ni resolver debido a su contexto modal que abrió nuevas posibilidades a sus contemporáneos.

Las partituras de Erik Satie son ingeniosas por su extravagancia e ironía. Están repletas de indicaciones ambiguas sobre cómo tocar la pieza que solo el mismo Satie podría descifrar, “(Tóquese) sin orgullo, con una ligera intimidad, con convicción y una tristeza rigurosa”, las cuales se recomienda no hacer caso a la hora de ejecutarse.

Entre sus obras nunca publicadas resalta una peculiar pieza para teclado con acordes disonantes que abarcaba apenas media página. Al inicio tenía este enunciado:

“Para tocar 840 veces este motivo, será bueno prepararse con antelación, y en el más profundo silencio, para la más intensa inmovilidad”.

Las Vexations parecen ser más una burla y un desafío para el intérprete que una obra con pretensión seria, al querer que sea tocada de manera exhaustiva durante 840 veces, lo cual necesita una convicción más mental que física. Esta pieza se convertiría en su epílogo.

 

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