El borrego político: y el Óscar es para… los inmigrantes

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas (LEC) | 7 de marzo de 2018

Estimados lectores, el domingo pasado fue la entrega de los premios Óscar que reconocen lo mejor del cine. También fue un espacio donde se reunieron aquellos que no se sienten representados. Es así que la premiación se convirtió en una tribuna política.

No es para menos, a Donald Trump le fastidia todo lo que sea diferente a él. Desde un inicio dejó claro su postura antiinmigrante a base de insultos. Y cuando llegó al cargo hizo crecer y justificar las actitudes de racismo por parte de sus simpatizantes y aumentó el discurso autoritario a quienes piensan distinto a él. Sin duda Trump cada vez se está quedando solo.

Uno de los discursos que destacó en la premiación fue el de la actriz Lupita Nyong’o, en el que declaró que “Los sueños son la base de Hollywood. Y los sueños son los fundamentos de los Estados Unidos”, además agregó que “A todos los dreamers (soñadores) ahí fuera, estamos con ustedes”. En el contexto actual de Estados Unidos no es una casualidad esta muestra de empatía.

En menos de 24 horas se vence el plazo para definir la situación jurídica de los dreamers, apelativo con el que se conoce a los jóvenes indocumentados que fueron traídos a los Estados Unidos por sus padres cuando eran niños, y que son beneficiarios del programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, mejor conocido como DACA, por sus siglas en inglés.

Gracias a este programa se retrasa la deportación y, al cumplir ciertos requisitos, pueden obtener acceso a servicios esenciales y contribuir de forma legal a un país donde encontraron oportunidades para desarrollarse y superarse por méritos propios y, de forma eventual, ser ciudadano. Lamentablemente, por decreto, Trump suspendió el programa el 7 de septiembre del año pasado, cumpliendo lo que había prometido a sus hordas trumpistas.

Sin embargo, lejos de mostrar simpatía con los jóvenes inmigrantes, los vio como una moneda de cambio para fortalecer su capital político. Delegó el problema a los congresistas y ofreció una alternativa cruel y burda: otorgar la ciudadanía a los dreamers a cambio de dinero para su prometido muro en la franja fronteriza con México y quedar bien con todos.

La lógica de una legalización de indocumentados con el cierre de las fronteras representa un fracaso político por parte de los congresistas republicanos y demócratas que no lograron resolverlo y perdieron la gran oportunidad de demostrar ser el contrapeso de un feroz y voraz presidente que exhibe una profunda ignorancia del elemento que forjó una nación tan poderosa como lo es Estados Unidos: la inmigración.

Por si fuera poco, de acuerdo al informe de la OCDE publicado en mayo de 2014 señala que gracias a la inmigración se ha generado el 47% del incremento total de la fuerza laboral en Estados Unidos, cuya característica es que son jóvenes calificados, en edad productiva y que son fiscalmente rentables para el país de acogida.

Y de acuerdo con un estudio publicado en marzo de 2017 por Alex Nowrasteh analiza que los inmigrantes ilegales son 44% menos propensos que los nativos a ser encarcelados. Mientras que los inmigrantes legales son 70% menos propensos que los nativos a ser encarcelados. Es decir, la probabilidad de cometer un delito es más alta en ciudadanos nativos que los inmigrantes.

Lejos de ser una amenaza, la inmigración en realidad es una oportunidad que Estados Unidos desperdicia, ya que el futuro apunta a una economía donde el conocimiento será la generadora de riqueza y que las fronteras se desvanecen en un contexto cada vez más globalizado; esto no lo entiende el propio Presidente y sus asesores no logran convencer a un hombre tan testarudo.

Ejemplos sobran de migrantes destacados en ese país, una muestra es que sin ellos no sería un evento de gran impacto mediático como son los premios Óscar. Basta con ver el gesto de agradecimiento de los realizadores de la película animada Coco reconociendo que, sin el aporte cultural de los migrantes, no existiría la cinta.

Este discurso empático, es en realidad una llamada de atención para los sectores políticos involucrados. Mientras tanto, la esperanza es el mensaje que ofrece la actriz Lupita Nyong’o a un grupo cuyo futuro se vuelve cada vez más incierto y lo único que queda es esperar a ver el desenlace de este drama por parte de la justicia.

 

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