Miércoles, 19 de septiembre de 2018

El borrego político: la ambición desmedida de Anaya

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas | 25 de abril de 2018

Estimados lectores, vale la pena recordar un viejo refrán que sentencia “Divide y vencerás”, cuya estrategia consiste en ganar el poder mediante el enfrentamiento y la ruptura de grupos de poder hasta debilitarlos.

Ricardo Anaya ha empleado eficazmente esa estrategia audaz, sin escrúpulos y con un gran cinismo. Su carrera política, que ha sido meteórica y de un gran ascenso, se debe en buena medida a la división que ha sembrado en su propio partido.

Para pasar de un simple “Don nadie” a candidato presidencial hubo muchas cosas que sucedieron para lograr ostentar una posición que no solamente domina a los partidos políticos reunidos en una inusual alianza política. También su estrategia provocó una fuerte disputa entre los sectores, tanto moderados como los más conservadores y tradicionalistas de la derecha, que subestimaron la astucia de este joven político.

Él utilizó de manera astuta la presidencia del PAN para traicionar y deshacerse de sus enemigos, quienes querían impedir su camino a la candidatura presidencial. Utilizó una gran campaña mediática para darse a conocer, y por lo tanto, imponerse como candidato presidencial. ¿Será que aprendió las mismas tácticas que usó Enrique Peña Nieto cuando era aspirante presidencial hace 6 años?

Quienes eran aliados de Anaya hoy han pasado a ser sus más duros contrincantes, ese fue el precio que tuvo que pagar por su ambición. El grupo que perdió esta guerra fueron los calderonistas, la expresión conservadora, tradicionalista y retrógrada dentro del PAN. Margarita Zavala y sus hordas fueron eliminadas del juego y Felipe Calderón cada vez pierde influencia en su partido al grado de ser sometido por Anaya.

Sabemos que Ricardo Anaya habla inglés y francés, ya lo habló. Sabemos que toca diversos instrumentos musicales, ya lo escuchamos (incluyendo el trillado “Movimiento naranja”) … Lo que no sabemos es, ¿cuánto costaron las ambiciones políticas de Anaya? Su acusación en lavado de dinero, a través de su mecenas Manuel Barreiro, ahora está en el olvido por conveniencia y su acusación mediática a través de la PGR demuestra que Anaya, lejos de debilitarlo, no tiene miedo de ensuciarse y de traicionar a quienes han estado de su lado de la manera más burda y descarada.

Si pudiéramos calcular en términos monetarios su ambición política, sería el equivalente a 54 millones de pesos, cuando Ricardo Anaya vendió a una empresa fantasma la nave industrial que fue objeto de lavado de dinero. Esto lo sabemos gracias a la delación que hizo el chofer del “desconocido” Manuel Barreiro. Allí es cuando cobra significado la famosa frase “El fin justifica los medios”.

Más allá de sus vínculos con la corrupción, Ricardo Anaya es un homenaje viviente de Maquiavelo en tiempos del internet y de las campañas mediáticas. Es una figura que asciende en la clase política sirviéndose a sí mismo; también es osado, frío y despiadado con sus enemigos, su rival a vencer es Andrés Manuel López Obrador, por lo que subestimarlo sería muy arriesgado.

Ante estas circunstancias, la derecha llega dividida a las elecciones, por un lado, tenemos a un joven ambicioso, cuya actitud desafiante unió a partidos políticos como parte de su capital político en un proyecto que pretende modernizar al PAN hacia la derecha liberal y revitalizar a un partido que no fue capaz de cumplir las expectativas de la transición democrática iniciada hace 18 años. Y por el otro lado la candidatura de Margarita Zavala es independiente del PAN, pero no de la ideología conservadora y anticuada que había caracterizado durante mucho tiempo al partido y de los intereses de los fieles seguidores de Felipe Calderón, quienes no lograron imponer su agenda rumbo al 2018.

Resulta interesante la coalición que presenta Ricardo Anaya, ya que incluye un proyecto común de tres partidos distintos, un proyecto inédito en nuestra joven y surrealista democracia. Sin embargo, la propuesta de implementar una renta básica universal es, sin duda, una medida absurda y populista que desconcierta a muchos, ya que su implementación y factibilidad es baja, ante una burocracia abultada de programas sociales y las condiciones económicas actuales de México no son favorables, por lo que desincentiva a la generación de empleos para la población más pobre, y como consecuencia, un gasto público excesivamente fuerte para el presupuesto general de México.

En los próximos meses veremos si la ambición de Ricardo Anaya será suficiente para alcanzar la silla presidencial, debilitando a los candidatos presidenciales que son sus adversarios. Para ello deberá afinar la estrategia del voto útil y proporcionar propuestas realistas en la agenda de la coalición que encabeza. De lo contrario, Anaya también verá frustrado sus planes para alcanzar la presidencia de la república, tal como lo que pasó con Margarita Zavala con su candidatura.

La última y nos vamos…

A estas alturas de mi comentario de opinión sobre política he venido invitando a las personas a leer y a reflexionar sobre los últimos acontecimientos que suceden tanto en el mundo como en México. Este ha sido el último comentario de opinión en el semestre. No obstante, quiero dar las gracias a Nueva Prensa por haberme otorgado la oportunidad de participar en este espacio, al editor general que me ha ayudado en afinar los detalles y, sobre todo, doy gracias a ustedes, estimados lectores, por su curiosidad, por tener el tiempo y la paciencia en involucrarlos en el mundo de la política y en la batalla de las ideas.

Con gran cariño y afecto, ¡muchas gracias!

 

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