Jueves, 20 de septiembre de 2018

El borrego político: el sabotaje de López Obrador

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas | 11 de abril de 2018

Estimados lectores, las cualidades de un demócrata se resumiría en elementos como respetar la opinión ajena, enfrentar a sus adversarios a través del debate, no obstaculizar las ideas de otros por el hecho de que no las comparta y reconocer el mérito en los demás.

Sin embargo, el candidato de MORENA Andrés Manuel López Obrador no cubre las características que he descrito, ya que su actitud invariablemente contradictoria, soberbia y narcisista lejos de inspirar confianza divide a la sociedad.

Él pretende gobernar con recetas económicas extraídas del basurero de la historia y que han demostrado ser un fracaso; cree en una economía planificada al proponer un control de precios mal llamado “precios de garantía” a los agricultores. También propone echar abajo la reforma energética y en cambio construir refinerías operadas por PEMEX, a pesar de que el Estado ha demostrado ser un pésimo empresario. Y ni se diga del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, ya que pretende suspender el proyecto de los inversionistas, demostrando su aversión a la inversión privada.

Denuncia a aquellos personajes corruptos a lo que denomina “mafia del poder”, se muestra impoluto y, sin embargo, AMLO se alía con personajes oscuros como la horrorosa Elba Esther Gordillo, figuras del priísmo más rancio como Manuel Bartlett, operador del fraude electoral de 1988, personas que simpatizan con la dictadura venezolana del chavismo como Dolores Padierna, un gringo desarraigado y fanático como John Ackerman, que sermonea a aquellos compatriotas que ven fútbol americano ya que lo considera algo inaceptable e impone a los mexicanos lo que deben ver o hacer (muy al estilo de un politburó comunista) y un empresario cuyas manos están manchadas de sangre como Alfonso Romo, quien está vinculado con el oscuro manejo de recursos de uno de los dictadores más siniestros como Augusto Pinochet a través de sus empresas. ¿Acaso eso no es mafia también?

Su premisa de que la corrupción se va a acabar cuando él llegue al poder sin ofrecer medidas concretas, y descalificar a las Organizaciones civiles (ONG) que colaboran con el combate a la corrupción no hacen sino suponer que es un mesiánico por el hecho de tener la razón y, por ende, la solución al problema. La transparencia es algo que carece el propio López Obrador.

Él manda al diablo a las instituciones, huye del debate de temas que enarbola la verdadera izquierda progresista como aborto, matrimonio igualitario, medio ambiente, etcétera, y cuando quiere otorgar amnistía a los delincuentes del narcotráfico solo demuestra que avala la impunidad y el entendimiento con lo peor de la sociedad.

Es reprochable que dude en pronunciarse sobre la grave crisis de derechos humanos que vive actualmente Venezuela, bajo el pretexto de la no intervención de los pueblos en un contexto donde la globalización es la norma y los derechos humanos son universales; sin medir las implicaciones de una profundización de la crisis venezolana en la región latinoamericana, demuestra así su ignorancia sobre política exterior.

En estas circunstancias, no hay en México un peligro nacional más grande que el señor Andrés Manuel López Obrador. La manera cómo, al subordinarlo todo a su propio interés político personal y a su delirio de grandeza, pretende destruir al país. Su capacidad saboteadora solo es comparable con la de la subversión.

MORENA no tiene principios discernibles. Es una plataforma hueca y artificial, cuya base es el culto a la personalidad de un líder populista que vive de la confrontación. Solo en una figura como López Obrador es posible mostrar con claridad el autoritarismo y sus trasnochados discursos.

Muchas veces López Obrador odia ser comparado con Hugo Chávez o Nicolás Maduro, pero tampoco hace nada para desvincularse de ellos. Esto se debe a que la base electoral que lo apoya ignora o está a favor del chavismo. Además, su silencio frente a la crisis venezolana y cuando no argumenta las propuestas que él declara, les da la razón a sus opositores. Como dice el dicho, el que calla otorga.

¿Acarreados? (Fuente: Fernando Río)

 

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