Jueves, 13 de diciembre de 2018

El borrego político: de la “Venezuela Saudita” a la Bancarrota

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Salvador Iturbide Rojas (LEC) | 7 de febrero de 2018

Estimados lectores, como ustedes saben, no es un secreto que Venezuela vive una crisis humanitaria y que hoy acapara el foco de atención en las noticias, y es que la crisis que vive actualmente no podía ser peor iniciando este año 2018.

Una crisis social en la que Nicolás Maduro, el discípulo del dictador Hugo Chávez, se aferra al poder a cualquier costo que se ve reflejado en la incesante represión de las marchas opositoras por parte del ejército venezolano, al servicio del dictador, cuya cifra de muertos hasta ahora son de 5000 muertos a manos de las fuerzas del estado, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de la Violencia. Si uno es opositor, lo matan como al policía Oscar Pérez, ejecutado el 17 de enero.

Una crisis económica en donde Venezuela está bajo el yugo de la hiperinflación, un Estado en el que la economía está en el caos absoluto, el dinero pierde sentido porque los precios suben de manera drástica todos los días, y la capacidad de compra se pulveriza en cuestión de días. La escasez de productos básicos está a la orden del día y los saqueos son inevitables ante la desesperación de las personas que pasan hambre, y hoy también ostenta la tasa de inflación más alta del mundo, con 2600% en 2017. ¡Un verdadero récord mundial!

Y la crisis política es notoria, una oposición cada vez más debilitada y fragmentada entre figuras como Leopoldo López, Lilian Tintori y Henrique Capriles, quienes no se ponen de acuerdo para una salida a la crisis; un parlamento, de mayoría opositora, supeditada por una asamblea constituyente que no es nada menos que un congreso a modo, las instituciones al servicio de los caprichos de un dictador. ¡Alabado sea Maduro!

A todo esto… ¿Cómo es posible que Venezuela, que cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo, similares a Arabia Saudita, esté en una crisis catastrófica? Posiblemente se preguntarán, ¿y qué tiene que ver México con lo que pasa en Venezuela? Es muy sencillo, Venezuela ha caído en los efectos nocivos del populismo.

Y si no se resuelve habrá una crisis migratoria en la región, generando nuevas tensiones. Basta ver que en los últimos meses han ingresado a México miles de venezolanos, 2676 solicitudes de asilo en 2017, de acuerdo al Instituto Nacional de Migración. ¡Como si no tuviéramos suficiente con la crisis de migrantes centroamericanos o nuestros compatriotas que son deportados de los Estados Unidos!

El populismo no conoce ideologías, ya sea de izquierda o de derecha, ante la crisis de confianza que vive una democracia tan frágil, donde los gobernantes han fallado en su compromiso con sus electores y los múltiples casos de corrupción, puede ser semillero de candidaturas cuyas propuestas radicales pongan en riesgo la estabilidad política, social y económica. Es decir, la manera en que un país puede perder libertades ciudadanas y entrar a la bancarrota económica es el populismo.

El populismo basa su estrategia política en apelar al pueblo bajo un mecanismo de manipulación psicológica. Dan soluciones falsas o mágicas a problemas complejos y reales, y es irresponsable con la economía. El enemigo acecha a muchos países y México no es la excepción.

Atrás quedó la Venezuela que era conocida por su expansión económica, las reinas Miss Universo, exuberantes bellezas naturales y calidez de su gente. Hoy abunda la amargura, la desesperación y una economía dependiente del petróleo, que ahora es una de los culpables de la inminente bancarrota. Ahora paga la factura de una política económica populista en la que el petróleo podía resolver todos los problemas. La borrachera ya hizo efecto y es una lección que México debe de tomar nota.

 

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