Desconocidos por conocer: Pablo Ruiz Picasso

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Bárbara León (LRI)

Esta vez Madrid, específicamente el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, un domingo de entrada gratuita al público. La cantidad de gente que caminaba por cada uno de los pasillos en ese día era realmente numerosa, parecía no ser excusa el clima lluvioso y las bajas temperaturas para que turistas y españoles visitaran  tan increíble museo.

Mi fascinación por el lugar comenzó incluso antes de entrar, tan sólo el camino para llegar representaba ya todos los símbolos culturales de la ciudad. Cerca quedaban el parque El Retiro, la estación de Atocha, y a unas pocas cuadras, otros dos de los más importantes museos en Madrid: El Prado y el Thyssen Bornemisza. Sin mencionar que, justo en la explanada que viste la entrada del recinto, se encontraban pequeños y cálidos sitios para comer una tradicional paella, o un plato de churros con chocolate. Estaba en Madrid, y de eso no me quedaba ninguna duda.

“Otro monstruo de museo”, pensé al ver lo enorme que era el edificio, tanto que tendré que ir al menos un par de domingos más para terminarlo, y seguramente ni siquiera así podría.  Estuve ahí por unas cuantas horas y vi únicamente el primer piso (de 4, si no me equivoco). Las salas de exhibición eran amplias y espaciosas, pero se adornaban de piezas que representaban a los artistas más importantes de distintos países como Francia, España, Estados Unidos y Alemania; y que además eran significativos de distintos movimientos y etapas del arte como el surrealismo, el cubismo, y la abstracción.

Muchos de los nombres que acompañaban tanto pinturas como esculturas del museo no me sonaban para nada conocidos, y muchos otros sí, o por lo menos eso creía. Figuraban entre los principales artistas en las salas de exhibición, cuadros de René Magritte, Dalí, Miró, Diego Rivera y Picasso; este último me sorprendió más de lo que pude imaginar (junto con Salvador Dalí).

Cada uno de los anteriores superaron cualquiera de mis expectativas por una simple razón, creía conocerlos a todos, pero me di cuenta que cualquiera que fuera mi idea de ellos y de su arte, se había quedado muy corta ante tan espléndida realidad. Eso me pasó con Pablo Ruiz Picasso.

Tantas veces había leído sobre él y visto algunas de sus pinturas en libros o en páginas de internet, incluso en alguna ocasión el cuarto de estudio de mi antigua casa fue decorado por años, por lo que supongo era una litografía de la famosa ‘Guernica’. Sabía que él era de Málaga y que su arte era cubista, pensé que al menos esta pieza sí la conocía, y ubicaba de forma general ‘Las señoritas de Avignon’, y ‘El sueño’; sin embargo, definitivamente cualquier cosa que tuviera en mi cabeza sobre quién era Picasso, su arte y la primera de estas obras, carecía de su real dimensión.

El Picasso que tuve ante mis ojos en varios de los pasillos del Reina Sofía, y principalmente en la sala que acoge ‘Guernica’, era otro, era un completo desconocido, era mucho más de lo que hubiera imaginado. El corredor que encamina hacia la obra maestra del pintor malagueño, estaba cubierto por dibujos y bocetos, hojas de todos tamaños con trazos a lápiz que daban a conocer cada dibujo y elemento de los cientos que conforman la monumental pieza que alude al bombardeo en Guernica de 1937.

Era increíble cómo un lienzo de 776.6 x 349 cm podía estar desmenuzado parte por parte en un conjunto de pedazos de papel que recopilaban los trazos a mano del pintor. Parecía como si el acomodo de cada pieza estuviera diseñado para que el grado de sorpresa en el espectador fuera de menos a más desde el primero de los dibujos hasta la pieza final. Y eso fue lo que me pasó.

Era como un rompecabezas (dejando de lado que el cubismo en sí parece uno, incluso cuando ya está completamente terminado), en el que tenías que adivinar qué parte de la obra final representaba cada uno de los dibujos.

Finalmente, después de algunos pasillos de bocetos y algunos cuantos garabatos, estaba la entrada a la sala que desde afuera se podía ver destacada por la inmensa obra ‘Guernica’ de Pablo Picasso.Era la única sala totalmente silenciosa del museo en domingo gratuito (y no precisamente porque estuviera vacía, sino todo lo contrario), la gente, incluida yo, observaba con un detenimiento y concentración que incluso podían asustar un poco. No sé si era por las dimensiones (nunca me imaginé que la pieza fuera tan grande) que abarcaban prácticamente la pared completa de la sala en la que se exhibe; los detalles, la temática, o probablemente todo en conjunto, pero definitivamente fuera lo que fuera, algo en ese lienzo nos tenía cautivados a todos.

La pintura que data de la década de los treinta del siglo XX, y que es una de las obras más famosas y representativas del artista, e incluso podría decirse que también del movimiento cubista en general, fue inspirada por la batalla que se llevó a cabo en la ciudad que lleva el nombre de la pieza y que se desarrolló en el mismo año de su creación. Su actual permanencia en el Museo Reina Sofía data de 1992, ya que al principio, por motivos de la guerra, la pieza fue custodiada por el MoMA de Nueva York. Ahí estuvo hasta 1981, cuando regresó a España como parte de la colección del Casón del Buen Retiro.

Sin duda después de esta visita, el Picasso a quien creía conocer, resultó ser totalmente nuevo para mí; y también lo fue su obra maestra.

 

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