Desconocidos por conocer: Kosuth y Kapoor

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Bárbara León (LRI)

El escenario en esta ocasión se trata de Lisboa, Portugal, específicamente el ‘Museu Coleção Berardo’, un espacio para el arte, realmente único. Y en lo personal, un ejemplo más de aquellos museos que he visitado sin muchas expectativas, pero que realmente acaban por sorprenderme.

Desde su ubicación, el museo deja ver su importancia y representatividad, ya que se encuentra muy cerca de la famosa torre de Belém, muy característica de Lisboa. Además, el museo colección Berardo, forma parte del Centro Cultural de Belém, también muy conocido por su amplia agenda de eventos culturales de todos los ámbitos artísticos.

El museo presenta una amplia e impresionante colección de artistas tanto nuevos y aún no muy reconocidos, como de los más famosos representantes de los movimientos de vanguardias artísticas como el cubismo, el pop art, el futurismo, el dadaísmo, entre otros.

La infraestructura del edificio llamó mi atención desde un principio, son dos las plantas del edificio de exposiciones del Centro Cultural las que exhiben la colección Berardo. Sin embargo, la forma en la que están presentadas es muy peculiar, ya que es poco habitual encontrar dentro de un mismo espacio artístico una colección que no esté presentada de forma lineal, sino intercalada con muestras de otras exhibiciones, y en este caso se presentan de esta manera.

En la primera planta de la exposición se encontraban nombres de artistas de los cuales yo no reconocía ni uno solo, prácticamente todos eran representantes del arte conceptual y de instalación. Nuevamente la arquitectura del edificio se volvía muy interesante a la par de las obras de arte ahí expuestas, ya que contribuía a un dinamismo muy único entre la pieza y el espectador. Esto, ya que había algunas obras en las que las mismas paredes de la sala formaban parte, creando ángulos o soportes que eran fundamentales para la conformación de la obra.

Al seguir caminando por los pasillos, buscando la segunda parte de la colección (que extrañamente no era continua a la primera), pasé por otras muestras artísticas, algunas de fotografía, de cine y de todo tipo. Finalmente, como dos pisos más arriba, encontré la continuación de lo que buscaba, y ahí me sorprendí aún más.

A lo largo de las salas me encontré con piezas de artistas como Marcel Duchamp, a quien últimamente me encuentro en todos lados, Andy Warhol y sus cajas de jabón ‘Brillo’; Jeff Koons, entre algunos otros. Sin embargo, lo importante aquí son aquellos desconocidos que me topé por primera vez, así que volveré a hablar sobre la primera parte de la colección.

En las salas que exponían obras de artistas que yo nunca había escuchado o que no conocía muy a fondo, me topé con dos que se me hicieron muy interesantes. Antes de profundizar sobre este punto, me gustaría hacer un paréntesis para decir que otro aspecto fascinante era para mi la interculturalidad o multiculturalidad, de los artistas con las que juegan los espacios de la exhibición. Era impresionante como todos eran tan contrastantes no solamente por el estilo de arte, sino a su vez por sus raíces. Las piezas que estaban ahí eran producto de artistas de todas partes del mundo, lo que, en mi parecer, enriquecía sobre manera cada una de las salas.

Bueno ahora sí, uno de los exponentes que llamó mucho mi atención fue Anish Kapoor, un artista originario de la India que ya había escuchado de forma general debido a su reciente exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la Ciudad de México. Sin embargo, no lo conocía a profundidad y nunca había visto ninguna de sus piezas en persona.

Kapoor nació en Bombay India en 1954, pero es también nacionalizado Británico. A lo largo de su trayectoria artística ha llamado la atención por sus esculturas e instalaciones abstractas, la originalidad de sus materiales y la intensidad de sus resultados, que pueden incluso llegar a ser perturbadores. En esta ocasión me topé con su pieza ‘Eyes Turned Inwards’ (1993), la cual a simple vista parece como una esfera roja divida en dos partes y colocadas ambas en cada extremo del pequeño pasillo en que se encuentra. Sin embargo, llama la atención por sus dimensiones y al mismo tiempo por la curiosidad que causa su significado, el cual puede variar infinitamente de espectador a espectador, pero que simplemente consta de un juego del artista con la percepción y la ilusión óptica.

Por otra parte, otro artista que descubrí por primera vez en esas salas, fue Joseph Kosuth, un artista que juega con la pieza y el lenguaje. Kosuth es originario de Ohio Estados Unidos, y se ha involucrado en la técnica del arte conceptual llevándola a un ámbito que involucra la filosofía y como ya lo mencioné, la lingüística.

Los resultados del artista son realmente interesantes, como parte de la colección Berardo vi dos de sus piezas: ‘Self-Described and Self-Defined’ (1965), y ‘One and Three Plants’ (1965). La primera de ellas consta de un letrero iluminado con la frase que le pone título, y la segunda me resultó especialmente interesante al representar un triple juego de un mismo objeto. El primero consta del objeto en sí, el segundo de una imagen en blanco y negro del mismo, y el tercero de una definición de diccionario de lo que lingüísticamente significa el mismo elemento. Me pareció especial por dar el espectador distintas herramientas para evaluar una misma cosa y crear su propia interpretación.

Para mí el entrar a un museo de arte contemporáneo siempre resulta todo un reto y cada vez lo confirmo más, ya que precisamente, aunque al principio parezca no entender absolutamente nada de lo que los artistas parezcan decir, (y probablemente al final siga sin hacerlo), supongo que justo en eso está lo interesante de sus piezas.

 

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