Defensa musical: La era del streaming

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Por Alexa Castillo (IMI)

Desde su aparición, el internet ha impulsado el desarrollo de una gran variedad de servicios que facilitan las actividades de las personas en diferentes aspectos de la vida. Uno de ellos es el streaming, el cual se ha convertido en un medio muy popular para escuchar música, y a pesar de que ha mejorado significativamente el problema de la piratería, también ha planteado algunos otros.

Uno de los pioneros del streaming de música es Spotify, quien como algunos otros, ofrece una versión gratuita para los usuarios. Aunque tiene algunas limitaciones (a diferencia de la versión premium), ofrece la ventaja de escuchar toda la música que quieras, así que el usuario recibe la música gratis y el artista recibe sus regalías. It’s a win-win situation.

Sin embargo, esto brota un cuestionamiento en mi cabeza: ¿acaso se está perdiendo gradualmente el respeto a las obras musicales?

Antes, conseguir música de forma gratuita era generalmente de manera ilegal, a través de la piratería y la responsabilidad de la adquisición caía en el usuario. Pero el hecho de ofrecer legalmente un servicio gratuito para escuchar música resulta como cuando un niño hace un berrinche y le terminas dando lo que quería: ¿la industria está aceptando el reproche del público por conseguir música gratuita?

Realmente a los artistas que son escuchados por estos usuarios se les pagan sus regalías correspondientes, pues se suele cubrir a través de otros medios, como spots publicitarios. A lo que voy, es que no argumento por que los artistas no reciban sus regalías correspondientes, sino porque éste es un hecho que sutilmente da la razón a esta idea e implementa que es posible obtener la música que te gusta de forma gratuita.

Claro que creo que el streaming ha traído más ventajas que desventajas. No sólo ayudó a erradicar la piratería, sino que ha brindado un cómodo acceso a la música que hace que ésta pueda circular más rápido, incluso la de artistas emergentes, lo que ha vuelto mucho más sencillo distribuir tu propia música en las mismas plataformas que los artistas más populares.

Aunque para los artistas menos escuchados, distribuir su música en plataformas como Spotify puede resultar desventajoso, es un riesgo que generalmente vale la pena hacer con el fin de distribuir su música en un mayor nivel: la fórmula que Spotify utiliza para calcular el pago de regalías a un artista implica muchos factores, entre ellos, el porcentaje de reproducciones del artista en relación con todas las que se han hecho en determinado tiempo. O sea que si un artista obtuvo en un día el 1% de las reproducciones totales en Spotify y otro el 10%, este último obtendría mayores regalías por reproducción.

Un día leí sobre el costo marginal de la música digital, el cual impacta bastante en lo que a la distribución digital concierne. En pocas palabras, el costo marginal es lo que te cuesta producir una unidad más. En el caso de la música digital, el costo marginal de ofrecer una canción más es de cero, pues una vez producida, solamente debes distribuirla. Esto quiere decir que al artista le cuesta lo mismo vender una o un millón de copias, pero el detalle es que lo que se está ofreciendo no es sólo un producto, sino un trabajo creativo.

No pienso que sea algo malo buscar un libre acceso a la música. De hecho, creo que el arte es algo a lo que todos tenemos derecho a ser expuestos, pero no en el sentido de regalar el trabajo de los artistas. Lo que me causa conflicto no sólo es que el mundo pida la música gratis, sino que la misma industria lo llegue a aceptar. Mi cuestionamiento no es tanto en materia de negocios, sino una cuestión moral.

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