De mayor quiero ser Mujer Florero*
Las opiniones expresadas en este artículo de opinión son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.
Por: Paula de Anda
*Fragmento de la canción Mujer Florero, del grupo musical español Ella Baila Sola
No es noticia que las mujeres vivimos dependientes de la mirada de los otros. En nuestro
país, basta salir a la calle y ver que los espectaculares tienden a cosificar a la mujer,
o prender la televisión y presenciar que los conductores más serios, que requieren de
aptitudes comunicativas más allá de la primera impresión, son en su mayoría varones. Las
edecanes, al contrario, son usadas por la cultura del entretenimiento para ostentar un canon
de belleza estandarizado desde la óptica masculina: Mucha chichi y mucha nalga.
De acuerdo con el Padrón Nacional de Medios Impresos, las tres revistas más leídas en
México son TV Notas, TV Novelas y H para Hombres, en ese orden. ¿Cuál es el común
denominador de las tres? En la mayoría de sus portadas se aprecian, previa restauración en
Photoshop, cuerpos femeninos encuerados. Para nadie es secreto que el sexo vende.
Ahora bien, lucrar con el sexo es una labor que se realiza en todo el mundo. Desde mi
punto de vista, el problema es cuando esta cosificación de la mujer, la mujer como objeto
para el mercado, es traspasado a las dimensiones individuales de quienes consumimos los
medios de comunicación.
Cuando tenía unos nueve años, en ocasiones leía revistas femeninas que mi mamá
compraba mes tras mes. Muchos artículos que leía en esas revistas aconsejaban a las
lectoras sobre cómo ser más atractivas para el sexo masculino. En particular, recuerdo
haber leído algo como esto: “cuando estés cerca de él, rósate el brazo con la palma de tu
mano, juega con tu cabello con frecuencia”, o también: “cuando planees tenerlo de visita en
tu casa coloca prendas de ropa interior ‘accidentalmente’ en zonas comunes, como la sala o
el comedor”.
No está mal, es normal que queramos gustar. “Hace algunos años, una espigada estudiante
que llevaba un palmo de vientre al aire me explicó que vestía así porque era su manera de
gritar que necesitaba que la quisieran”, narra Jaime Nubiola, profesor de filosofía. Y creo
que este grito desesperado aplica tanto para mujeres como para hombres: a todos nos gusta
sentirnos queridos, que los demás, especialmente aquellos a quienes amamos, nos digan
que somos especiales, que les gustamos, que somos importantes en sus vidas. “Lo que
queremos por encima de todo es que nos quieran”, subraya Nubiola.
El problema es cuando una mujer, movida por los roles que la publicidad, la sociedad y la
familia han diseñado para ella, basa toda su estima, o casi toda ella, en las opiniones de los
demás. Peor aun: cuando basa toda su estima en las opiniones de los demás sobre su físico,
excluyendo otras cualidades como el intelecto, las emociones, los sentimientos y todo ese
entelarañado que nos hacen individuos únicos.
Desde mi propia experiencia, más allá de mis lecturas precoces de la revista Cosmopolitan,
me he dado cuenta que en el ambiente donde estoy inmersa la cosificación de la mujer, la
mujer vista como “mujer florero”, es normal. ¿Cuántas horas al día gastamos las mujeres
en embellecernos? ¿El tiempo que gastamos al día en esta actividad es proporcional con
dormir, leer, recrearnos, trabajar o estudiar?
Movida por estas preguntas, en la biblioteca del Tec realicé una pequeña encuesta a 32
alumnos del campus. Si bien no es una muestra estrictamente representativa, los datos
confirmaron mi hipótesis: Mientras que los estudiantes masculinos gastan, en promedio, 15
minutos en arreglarse para salir de su casa, a las mujeres les toma 40.
Sigue sin estar mal. Como dice el dicho, la intención es lo que cuenta. ¿Cuáles son nuestras
motivaciones para gastar el doble de tiempo que los hombres en arreglarnos para salir de
casa? En otras palabras ¿Por qué las mujeres queremos lucir bien?
Y ¿De qué somos capaces para lucir bien? De acuerdo con una encuesta realizada en el
2010 por la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, en México se hacen casi el
5% de todas las operaciones estéticas en el mundo, lo que lo ubica en el sexto lugar de los
países con más cirugías plásticas, detrás de Estados Unidos, Brasil, China, Japón e India.
Estas interrogantes quedan abiertas para que el lector las responda desde la reflexión de
su silla, junto a esta otra, acaso la más importante: ¿Cuántas de nosotros basamos nuestra
propia estima en el número de cumplidos que recibimos al día?
La “Sección Femenina” del Libro sobre Economía del Hogar, de la falanje española de la
Jons, editado en 1958, aconsejaba a sus lectoras:
“Recuerda que debes tener un aspecto inmejorable a la hora de ir a la cama. Si debes
aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que él esté dormido, ya que
podría resultar chocante para un hombre a última hora de la noche”.
Mucho (¿o poco?) ha cambiado desde entonces, y hoy en día muchas mujeres se
indignarían al encontrar la misma recomendación en una revista publicada en el 2012. Pero
lo cierto es que seguimos basando una gran parte de nuestra estima en la estima que los
demás tienen de nosotros. Seguimos siendo mujeres floreros: Intentamos llenar un vacío
intelectual y emocional con adornos, y nos sentimos realizadas y plenas cuando logramos
llamar la atención por esos atributos decorativos.
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Excelente artículo, me gustaría que hubiera sido más largo.
¡Excelente!
Gracias queridos =) De hecho le corté para hacerlo más cortito y no aburrirlos jaja