Cultura Política: #Gamergate

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Diego de los Reyes hace una reflexión sobre videojuegos, lo que es #GamerGate y lo que significa e implica este movimiento. 

Diego de los Reyes

Por Diego de los Reyes (ITC)

Aristóteles dijo que el ser humano es un ser político por naturaleza. La interpretación puede variar, pero se resume a que todo ciudadano que interactúa en la sociedad (léase, todos) es un “animal político”.

Y por política no me refiero sólo a los partidos políticos. Lo que compras, y dónde lo compras, es política. Lo que piensas, lo que dices, cómo actúas es una acción política. Lo que ves, lo que lees es política.

Todd VanDerWerff, de Vox, describió muy bien lo que es #GamerGate. Por un lado, es sobre el trato a las mujeres en la industria de los videojuegos. Por otro, es sobre la ética en el periodismo de videojuegos. Esto segundo es sobre lo cual, los que apoyan a Gamergate aseguran, se trata el movimiento.

Pero no lo es. El movimiento ha existido por un par de meses y no han avanzado (según ellos por una conspiración entre los medios) en su meta de mejorar la ética en el periodismo de videojuegos. Lo que sí han mostrado es una capacidad de atacar sin cesar a los ‘enemigos’ de GamerGate, principalmente mujeres.

Esto no es de ética. Como periodista estudiantil, con amigos periodistas reales, les digo: no hay nadie más dispuesto a discutir la ética periodística que los periodistas mismos (saludos a la Editora General de Nueva Prensa). Esa no es la conversación principal alrededor del movimiento. Jesse Singal, escribiendo para NYMAG, revela lo mismo.

Lo que revela el movimiento, entonces, es una resistencia de la entrada de ideas progresivas a la industria de videojuegos. Aunque la industria tecnológica y sus seguidores es usualmente considerada liberal, esta controversia prueba que no es necesariamente el caso.

Específicamente, ellos están en contra de la entrada de la política a la industria. “Los juegos son sólo juegos”, dicen algunos. “No hay que meter política, ni el ser políticamente correctos, a los videojuegos.”

Pero como dije anteriormente, no es posible. El humano es un ser político. Y la entrada de nuevas ideas lo único que hace es extender las voces disponibles y la creación de más juegos y más ideas.

El decir que la entrada de más voces a la industria destruiría la actual es absurdo. El mundo no se acabó cuando las mujeres ganaron el voto. La sociedad no colapsó cuando se abolió la esclavitud. Los matrimonios homosexuales no destruyeron los matrimonios heterosexuales.

Esta no es una discusión nueva. Como dice Alyssa Rosenberg en su excelente columna, es otro frente de la guerra cultural. Representación más variada de género, raza, religión y demás en los medios es algo que está pasando y va a seguir. Más en el mundo globalizado donde vivimos.

Esto no significa que dejen de existir juegos como Call of Duty. Lo que significa es la existencia de juegos donde, tal vez, no todos los enemigos sean carne de cañón de un país árabe indeterminado. Juegos donde las mujeres no sean sólo un objeto y trofeo, o sean el arquetipo de “mujeres fuertes” que lo único que significa es que saben pelear.

Es imposible, como pretende GamerGate, extraer la política de medios creados por el ser humano. La mejor estrategia es aceptarlo. Quien sabe, tal vez todos aprendamos algo nuevo.

GG.

Lectura recomendada: Gamergate and the politicization of absolutely everything, por Ezra Klein.

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