Sábado, 25 de mayo de 2019

¿Cómo ganan dinero los buffets de comida?

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Los restaurantes donde se puede comer sin límite han conquistado clientes desde décadas atrás, pero su naturaleza pone en duda si en realidad generan ganancias o si son muy buenos para ser verdad.

Carlos Contreras (LEC) |28 de febrero de 2019

Un plato, dos platos, tres platos, la cuenta de porciones de comida puede aumentar hasta el infinito en un sitio particular, conocido como buffet. Establecidos en los 70’s, estos lugares ofrecen cientos de alimentos, atraen miles de comensales y tan sólo cobran una cuota única de pago. Cualquier persona racional podría concluir que, bajo este funcionamiento, la pérdida de inversión en la que incurren es inmensa, sin embargo, estos recintos aplican diferentes estrategias para llenar de efectivo sus bolsillos.

Para comprender de dónde obtienen sus rendimientos, es importante conocer la experiencia que implica asistir a un restaurante que ofrece todo lo que puedas comer. Primeramente, el cliente llega al establecimiento, observa los precios que se dividen comúnmente por edades, paga el servicio y se dirige a una mesa. Posteriormente, camina hacia la barra de alimentos, ve todas las opciones, se sirve la comida que desea en un plato y regresa a su lugar  para disfrutar de lo seleccionado.

Lo anterior se repite hasta que el consumidor decida retirarse, lo que hace pensar que todo lo ingerido supera en valor a lo pagado. No obstante, las ganancias del negocio, exploradas inicialmente por Alyssa Pagano de Business Insider, surgen de los detalles tras bambalinas de la experiencia mencionada. Al llegar al local, los comensales asisten, generalmente, en grupo, lo que garantiza que una cantidad importante de personas paguen el servicio cada vez que la puerta principal se abre.

De esta multitud, existen ancianos y niños que no van con la finalidad de llenar su estómago hasta más no poder. Inclusive entre los adultos, es raro que todos sean aquel temible cliente con intenciones de arrasar con el menú. Una vez que se encuentran sentados, son recibidos por un mesero, el cual atiende a  una zona grande de mesas, debido a que cada individuo es responsable de su ingesta, lo que genera un ahorro en las finanzas del emplazamiento.

Al momento de escoger los manjares a degustar, los compradores se topan en primera instancia con diversas secciones de carbohidratos, tales como pastas, leguminosas, harinas entre otras alternativas conocidas por su bajo precio y alta capacidad de saciar rápidamente. Lo mencionado ayuda a que los asistentes paguen más de lo que en realidad reciben. Por último, si todo lo anterior falla, existe una última táctica para colmar el apetito del asiduo, la cual recae en servir bebidas cargadas de azúcar.

Después de conocer sobre las maneras en las que estos comercios lucran, resulta fácil pensar que un paraje como este es dinero seguro. Por el contrario, de acuerdo con los datos de la analista alimentaria Bonnie Riggs, los buffets estadounidenses han disminuido un veintiséis porciento desde 1998 hasta 2017. Este declive se debe a la expansión de restaurantes casuales para cenar, los cuales brindan opciones accesibles, un punto íntimo para charlar y, algunas veces, platillos con opción de dosis ilimitadas.

Pese a su reducción, los espacios que prometen colaciones infinitas por un solo cobro siguen existiendo en nuestras comunidades, abriendo nuevas sucursales cada cierto tiempo y atrayendo a nuevas personas hacia sus puertas. No está asegurado que vayan a sacar grandes márgenes de efectivo siempre, pero si se mantienen abiertos, es porque de alguna forma le deben de sacar frutos.

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