¿Cómo cambiar nuestro chip mental para responder ante situaciones inesperadas?

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Conoce las ventajas psicológicas de ser cognitivamente flexible.

Por Sofía Caraza

Fuente: walldevil.com

Muchas veces nos topamos con situaciones imprevistas desagradables aparentemente imposibles de resolver. Esto nos puede llevar a la frustración o desesperación al comprender la magnitud o impacto que puede causar tal situación en nuestras vidas, y podemos llegar a pensar que no hay salida. Tal vez sea porque nuestros pensamientos no están considerando el panorama completo o no saben cómo abordarlo.

Esto nos puede suceder en la escuela, con materias que inicialmente no entendemos y dudamos de nuestra capacidad para aprender y nos preocupa si pasamos o no la materia.

En el trabajo, cuando la demanda de trabajo es alta y pensamos que debemos llevar nuestras capacidades al límite para poder conservar nuestro trabajo. O cuando nos mudamos de lugar y no logramos adaptarnos al nuevo lugar, los estándares sociales, la cultura e incluso el idioma.

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¿Por qué sucede?

Estas situaciones inesperadas a menudo surgen de posibilidades cuya probabilidad era muy pequeña pero que finalmente se convirtieron en realidades.

La ciencia ha estudiado la manera en la que funciona el cerebro, desde lo psicológico hasta lo fisiológico y físico. El cerebro actúa como un procesador de lo que percibimos mediante nuestros sentidos. Pero en nivel de eficiencia con la que se procesa esta información depende una variedad de factores y varía en cada persona.

La flexibilidad cognitiva es la capacidad de adaptación del cerebro a nuevos estímulos que se salen de nuestra rutina o las condiciones o el ambiente en el que nos movemos normalmente. Forzándonos a adaptarnos o quedar rezagados en nuestros propios pensamientos y esquemas mentales y considerando sólo nuestros puntos de vista.

Tipos de flexibilidad cognitiva

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Transición de atención y flujo de ideas

Esta habilidad permite cambiar de pensamientos, conceptos o perspectivas rápidamente. Es útil para cambiar de temas de conversación, de idioma, o seguir el proceso de pensamiento de distintas personas sin dificultades.

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Actualización de creencias y cognición

Evaluar y modificar constantemente nuestras creencias permite encontrar las fallas o falacias que restringen nuestro proceso de pensamiento. Cada día se nos presenta nueva información. Si cultivamos el hábito de validar esa información, analizar su significado y cómo afecta a nuestras acciones, podremos reaccionar rápidamente ante nuevos estímulos y situaciones sin dudar de nuestras decisiones en el futuro.

Observación multifacética

Se refiere a percibir varios elementos o características al mismo tiempo. Esto facilita analizar interacciones, movimientos e información que se nos presenta simultáneamente sin saturarnos mentalmente por el exceso de estímulos.

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Deconstrucción de pensamientos

Encontrar patrones, categorizar y estructurar ideas se hace identificando los elementos que componen un sistema o problema complejo. Así es más fácil comprender cómo funciona para poderlo modificar. Es similar a desarmar un dispositivo para ver sus partes y cómo interactúan e influyen unas en otras para volverlo a armar, aunque no necesariamente de la misma manera. La creatividad entra en este proceso cuando se consideran nuevas perspectivas y posibles cambios al sistema que ya existe mediante modificaciones a las partes que lo componen o los factores que lo afectan.

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Expansión de la conciencia

Se refiere a entender una situación al 100% y considerar todas las posibles alternativas. Esto facilita resolver problemas nunca antes planteados.  Nos permite formar planes dinámicos casi infalible que prevén posibilidades de nuevos escenarios o cambio de planes, eliminando situaciones imprevistas. Por ejemplo, qué hacer en caso de robo, o si algo se descompone, si alguien se enferma o fallece en cualquier momento. Es indispensable entender el escenario y considerar absolutamente todas las opciones que se derivan de él. De lo contrario, si sucede algo que no parecía que iba a ocurrir según nuestro “cálculos”, no sabremos qué hacer.

¿Para qué sirve?

Ahorra desgaste emocional derivado de transición de negación a aceptación en situaciones traumáticas, pues el nivel de trauma disminuye si la situación ya había sido considerada posible previamente. Además, el tiempo de reacción se reduce porque, al plantear la situación previamente, ya se pudo haber establecido un plan de acción para contrarrestar el problema, o antídoto para disminuir su impacto psicológico.

Por otro lado, esta capacidad puede simplificar tu existencia aun cuando no estés en una situación crítica. Por ejemplo, puedes hacer que te rinda más el día reevaluando las actividades que llevas a cabo a diario y mejorando la forma de hacerlas y acortando el tiempo que les dedicas. También facilita aprender un nuevo idioma o encajar en una cultura diferente.

Asimismo, en cualquier situación resulta más fácil negociar cuando sabemos observar y categorizar los intereses de los demás y entender sus procesos de pensamiento, pues consideramos su punto de vista y podemos convencer al otro de que nuestra propuesta tiene ventajas para él.

¿Cómo se adquiere?

Hay ciertos factores que influencian que tan fácilmente adquirimos esta flexibilidad cognitiva. Algunos tienen la habilidad más desarrollada debido a que tienen más exposición a retos o un ambiente muy diverso que los obliga a adaptarse rápidamente para no quedar rezagados. Otros tienen las conexiones cerebrales óptimas para flexibilizar su pensamiento y se les facilita de manera natural.

Sin embargo, no todo depende de lo químico y lo biológico en el cerebro: tener la capacidad de conectar neuronas no significa que la conexión esté allí. Si no se practica seguido, esa habilidad se pierde, pero se puede volver a recuperar con la práctica.

Un dato interesante es que, aunque la rapidez de procesamiento se deteriora con la edad, nuestra flexibilidad cognitiva puede permanecer igual. Un estudio llevado a cabo en Georgia Institute of Technology, por el psicólogo Timothy Salthouse PhD., demostró que mecanógrafos de sesenta años o más demostraban la misma rapidez para teclear comparados con mecanógrafos jóvenes. Esto se debía a que, aunque la circulación de su sangre fluyera más lento, quitándoles rapidez motriz, compensaban ese retraso con estrategias que acortan su tiempo de tecleo: realizaban menos movimientos y se adelantaban en la lectura de los textos que escribían.

Así que la experiencia y el análisis de nuestros procesos de pensamiento nos permiten encontrar nuevas maneras de resolver problemas y reducen nuestros tiempos de adaptación.

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