Viernes, 16 de noviembre de 2018

Colegiada: Precaución, riesgo de karoshi

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Colegiada: La vida ni tan común ni tan corriente de hacer un posgrado

Precaución, riesgo de karoshi

Por Errática (DEE)| 16 de octubre de 2018

Fuente: Oxford dictionaries

Hoy les escribo con un extraño dolor en la espalda. Es como un árbol con raíces de fuego que quiere apoderarse de mi columna vertebral; es un recordatorio constante de todo el trabajo que tengo que hacer y que no he hecho. La razón me da para saber que eso, junto con el cuello tenso, los estornudos constantes y las ojeras de oso panda son síntomas de estrés, el amigo más viejo que tengo y que se ha sentado a mi lado en todas las actividades relevantes de mi vida.

Originalmente la contribución de esta semana iba a estar dedicada al limbo que existe entre el proceso de leer y el de escribir, como una continuación cuántica de mi entrada pasada. Sin embargo, la crisis psicosomática que estoy teniendo en este momento me motiva a escribir sobre ella. Al árbol de fuego que crece en mi espalda le he puesto karoshi de cariño, aunque no sea tan cariñoso pues karoshi = muerte + exceso + trabajo. Le temo a karoshi porque no quiero que se apodere de mí por completo, y tú deberías temerle también. Por eso voy a hacer lo mejor que hacemos los seres humanos: dar consejo que quizás deberíamos seguir nosotros mismos.

Fuente: PhD Comics

A veces no nos preocupamos lo suficiente por la salud mental, tal vez por prejuicios o tal vez por miedo. Personalmente creo que podría decirse que todos estamos ‘enfermos’ de algo relativo a nuestra mente, pero afortunadamente tenemos consciencia para darnos cuenta de que es probable que aún no hayamos desarrollado los mecanismos más apropiados para estar saludables y felices. Sé que no hay nadie que esté exento de sufrir episodios de estrés, ansiedad, depresión y demás cuadros clínicos ‘padrísimos’; es más, los estudiantes tenemos un riesgo especial de caer en rutinas y comportamientos que poco contribuyen al cumplimiento de nuestras metas y nuestro bienestar general. La APA (wild APA appears, perdóname por estresarte una vez más, pero no tienes que citar ni referenciar nada por el momento) define al estrés como la sensación de estar abrumado, preocupado o sobrepasado por lo que esté sucediendo a nuestro alrededor; es incómodo y además está acompañado de experiencias emocionales, cambios bioquímicos, fisiológicos y de comportamiento. No, nada bonito.

Las tasas de ansiedad, la hermana mayor, casi-cuata del estrés, entre estudiantes de posgrado es más alta que la de la población en general, de acuerdo a la revista Nature. También se reporta que esta población de estudiantes tiene un riesgo especial de experimentar problemas de salud mental. Pero, ¿por qué, si la vida ni tan común ni tan corriente de estudiar un posgrado es, realmente, bastante grata y privilegiada?

Para Levecque y colegas (2017), las políticas de organización que se siguen en comunidades de producción científica, el equilibrio entre la vida familiar y laboral, las demandas de trabajo, el liderazgo de supervisores y asesores, el trabajo en equipo, la cultura de toma de decisiones y la percepción que se tiene del trabajo académico fuera de los círculos de producción son algunos de los factores directamente asociados con el riesgo de desarrollar alguna enfermedad mental, en especial depresión. Creo que alguno de estos factores pudo haber detonado algún recuerdo en ti; lo hizo conmigo. Lo bueno es que nos tenemos el uno al otro en este espacio y puedo compartirte algunos atajos y consejos-que-no-soy-muy-buena-siguiendo-yo-misma para evitar que karoshi se apodere de nuestro académico ser.

Cuidado con el ‘síndrome del impostor’

A mi parecer es una de las causas principales de la mayoría de mis ataques de estrés y ansiedad. A veces siento que no estoy haciendo nada bien, que no estoy rindiendo lo suficiente, que no estoy cumpliendo mis objetivos (¡y menos los objetivos de los demás! llámese director(a) de programa, asesor(a), mamá, etc.) y que sólo me estoy haciendo p…ato cuando se supone que estoy hablando/escribiendo/leyendo sobre el que se supone que es mi tema de expertise. Hace no mucho descubrí que estos pensamientos no eran sólo míos y que hasta nombre tenían: síndrome del impostor.

No te preocupes. Lo estás haciendo bien, lo vas a lograr y me atrevería a decirte que “todo está en tu mente”. Eres genial (:

Aprender a decir “no”

Otra de las causas del estrés es el desbordamiento de actividades y responsabilidades. Yo sé que entre las clases, los seminarios, los grupos de investigación, los proyectos de tu asesor(a), la tesis, las presentaciones, los congresos y los requisitos de graduación no te das abasto… ¡y todavía surgen más proyectos y más actividades!. Aunque todas esas cosas prometen ser “ser la actividad que va a marcar tu carrera”, puedes detenerte un minuto (o dos) a pensar si realmente es algo que quieres hacer, si realmente tienes tiempo para hacerlo y si realmente te va a apasionar y beneficiar para la identidad que te estás formando.

Una vez que te diste el tiempo de consultarlo con tu almohada y con la persona a la que más confianza le tengas, si es que no hay una convicción total y absoluta no olvides que siempre puedes decir que no. No es malo negarse si es por el bien de nuestra salud y de nuestros planes. Siempre habrá maneras de oponerse a empezar una actividad, pensando siempre en ti, en tu bienestar y en que si ya estás malabareando con muchas cosas, es probable que no vayas a dar el rendimiento y resultados que te gustarían.

BCD: ‘Breaks’, comer bien, dormir bien

Las mejores semanas de mi experiencia en el posgrado han sido aquellas semanas que he hecho cosas que nunca imaginé que podría hacer. Esto lo he logrado encontrando el equilibrio perfecto del día: BCD.

1) B: ‘Breaks’

Es perentorio que nos demos nuestro espacio para descansar entre actividades. Caminar diez minutos, sentarse en la banca a apreciar la vida, escuchar nueva música o meditar, son algunas de las opciones que yo misma intento ofrecerme para estar mejor y relajarme de la actividad intelectual intensa. He conocido colegas también que dibujan, hacen origami o bordan para bajar el termómetro del estrés.

2) C: Comer bien

No sólo somos mente, tenemos un cuerpo al que hay que cuidar y dar energía y nutrientes necesarios para rendir. Cinco frutas y verduras al día, proteínas, poca azúcar, y moderado café [ ): ] son una súper ayuda que le puedes dar a la máquina que alberga tu mente. Esa tesis no se va a escribir nada más de pensarla.

3) D: Dormir bien

Los adultos (aunque llevemos un niño por dentro) necesitamos dormir de 7 a 8 horas diarias. Probablemente soy la peor persona para decirte esto, pero yo misma estoy intentando disminuir el número de noches a la semana que hago ‘all-nighters‘. Es tan simple como que el cerebro necesita dormir para aprender, para tener memoria aguda y para equilibrar sus jugos neuronales de la felicidad y la estabilidad.

Mantra del día: “Yo no SOY mi posgrado”

Los budistas creen fervientemente que nosotros no somos un cuerpo, sino que lo tenemos. Me parece intuir que lo mismo aplica para las relaciones interpersonales y todas las situaciones en nuestra vida: nosotros no SOMOS esas relaciones o situaciones, solo las tenemos. Esto es aplicable también para nuestros estudios de posgrado… no SOMOS nuestra maestría o nuestro doctorado. Yo soy Érratica y soy más que eso; tú eres _____ y eres más que eso.

Fuente: IthinkwellHugh

Pide ayuda

No siempre es buena idea ignorar que no nos estamos sintiendo bien. A veces son estas sensaciones son alarmas de nuestro cuerpo y nuestra mente de que es necesario pedir ayuda, porque de nuestras manos ya se salió. Puede ser que a veces nos demos el permiso de ser el perrito del meme y actuar con mucha calma cuando nuestra casa se está quemando, pero si de plano el árbol de fuego está devastando todo a su paso, es hora de pedir ayuda.

Fuente: IthinkwellHugh

Hasta que la graduación nos separe.

 

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