Jueves, 13 de diciembre de 2018

Colegiada: Leer y escribir pt. II

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*Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de Grupo Nueva Prensa.

Colegiada: La vida ni tan común ni tan corriente de hacer un posgrado

Leer y escribir pt. II

Por Errática (DEE)| 07 de noviembre de 2018

A las palabras se las lleva el viento, pero no si las escribes. Esta es la continuación de la primera parte de mis reflexiones sobre “Leer y escribir” como actividad principal de la vida académica. En la primera entrega platiqué un poco sobre el qué, cuándo, cómo y por qué de leer palabras de otros para la construcción de tu propio conocimiento y del conocimiento del mundo; ahora llega la hora de inmortalizar nuestros pensamientos y reflexiones. Ha llegado la hora de escribir.

En aquellas reflexiones sobre la lectura académica, te conté que ésta me parecía un proceso digno de debía perfeccionar; es el mismo caso con la escritura. Pido disculpas si parecieron fragmentarse estas dos actividades, pero cada una merecía su propio divague. Quizás no tenga un doctorado en procesos cognitivos de la lectura y la escritura, pero no hay día en que no haga por lo menos un poco de las dos. Justo hoy escribo esto después de seis horas frente a esta misma computadora elaborando una síntesis reflexiva a partir de notas de clase, garabatos al margen de libros y artículos, post-its arrugados y manchados de café, un torpe borrador hecho en Word hace dos semanas y muchas horas de escritura sin escribir. No sé si mis métodos sean los más recomendables, pero a mí me funcionan y te los comparto con mi más colegiada actitud.

Todo tiempo es bueno para escribir

Lo peor de escribir es que es difícil sentirse listo y preparado para hacerlo. Como nunca nos sentiremos verdaderamente preparados para depositar en palabras ordenadas nuestras ideas, entonces hagámoslo siempre; anotemos todo. Ideas, pendientes, deseos, pensamientos, divagues, quejas, sentimientos, todo es material de escritura y sobre todo si es relativo a la lectura y reflexión de tus temas de estudio e investigación. Anota en lo que tengas a la mano, en el ticket del café, en papelitos pegajosos de colores, en el block de notas de la computadora, en la conversación abandonada de tu ex; en fin, en lo que sea que tengas en frente.

Personalmente y en particular con mis actividades académicas, hago muchos tipos de notas. En mis seminarios trato de escribir y depositar las ideas más relevantes que voy discutiendo. Cuando leo artículos, además de subrayar, hago notitas, dibujitos, esquemas y garabatos en los márgenes. Cuando hago trabajo de campo llevo la libreta que mejor se acomode a mi mano para tomar notas sin necesidad de recargarme en una mesa. Cuando tengo pendientes los anoto en mi agenda. Cuando tengo pereza de concentrarme para trabajar, me pongo a escribir los correos electrónicos que tengo pendientes (dice por ahí el Atlantic que escribimos 41,638 palabras de emails al año). Escríbelo todo y verás como no te arrepentirás.

Fuente: PhD Comics

Escribir sin escribir

Quizás suene un poco contradictorio, pero cuando no estés moviendo la mano para escribir, puedes seguir escribiendo. ¿Q?

Escribir sin escribir es el arte de sobrepensar de manera dirigida y productiva. Escribir sin escribir es pensar en las palabras y oraciones que mejor estructuren tus ideas mientras te bañas, te lavas los dientes, tomas café, comes, procrastinas, caminas y hasta mientas duermes. Como escribí en la subsección anterior, es importante darte el permiso de escribir física o electrónicamente los avances de esas ideas, pero en algún lado deben tener libre espacio para el juego y la reestructuración, y es ahí cuando escribir sin escribir tiene lugar.

Fuente: PhD Comics

A danzar (y tropezar) en el teclado

Ya que somos expertos, o por lo menos le perdimos el miedo a la escritura informal e imaginaria, ha llegado el momento de dejar tu legado. Primero que nada, cuando no sepas cómo comenzar un documento en blanco puedes simplemente probar escribir tus pensamientos, por más banales que sean: “la verdad no sé cómo comenzar este trabajo y ahora solo empezaré a divagar en el color de los sillones de la biblioteca y…” eventualmente oblígate un poco a empezar a rozar pensamientos sobre lo que quieres plasmar y todo empezará a fluir. Segundo: invierte en un buen teclado, porque pasarás horas frente a él.

Cuando se trate de escribir reportes, resúmenes, ensayos, artículos o cualquiera otra pieza exquisita de escritura académica, empezar por enlistar ideas en oraciones simples es un buen inicio. Aunque parezca peor que copy-paste de la Wikipedia, ya no tienes el documento vacío y hay una noticia maravillosa para ti: puedes releer y reescribir lo que sea que tengas como primera versión de tu trabajo. Más vale dejar los sesos embarrados en escritos preliminares mediocres.

Fuente: I think well Hugh

Cuando no tengas un producto en particular sobre el cual trabajar, no es barra libre de Netflix e Instagram. Agradecerás a tu yo del futuro el haberte puesto una hora a escribir unos 500 o 700 palabras de tus pensamientos del día, de la lectura que más te haya marcado en la semana o hasta de tu estado psicoemocional del momento. Escritores profesionales recomiendan hacer de esta actividad un hábito diario.


P.D Brevísima historia de cómo me hice paperless (o al menos lo intento)

El fin de semana anterior a mi primer día del doctorado fui a comprar papelería. Compré un gran cuaderno verde de 350 páginas, tan largo y pesado como mi vieja e indestructible laptop. Entre la edad y el estrés acumulado de mi espalda, no duré ni dos semanas paseándome por el campus con mi mochila de 20 kilos a reventar. Empecé a llevar hojas individuales que terminaban perdidas por el mundo y fue ahí cuando quise comenzar a tener todas mis notas, libros y artículos en formato electrónico; tengo casi un año de no llevar un cuaderno profesional en mi mochila y sinceramente se siente muy bien.

Fuente: Paperless movement

Hasta que la graduación nos separe.

 

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